DESTRUIR A CAPRILES

Carlos Blanco

CARLOS BLANCO
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El régimen no dedica sus esfuerzos a ganarle las elecciones a Henrique Capriles. Todos sus esfuerzos se concentran en destruirlo antes del 7 de octubre. Procura que lo que llegue ese día sea un residuo, una mera sombra de lo que el candidato opositor es y representa hoy.

El gobierno tiene totalmente claro que corre un alto riesgo de desalojo por lo que no quiere que ocurran las elecciones o, si ocurren, sea una mera formalidad porque Capriles –según los cálculos y deseos oficiales- arribaría como caricatura de sí mismo.

Henrique Capriles Radonsky

Henrique Capriles Radonsky

El gobierno se ha decidido ganar la pelea electoral antes de las elecciones; destruir políticamente al candidato democrático y que el 7-O sea simplemente ocasión para verificar el acontecimiento y sumir a los demócratas en la mengua, con Chávez o su sucesor en un nuevo sexenio con sabor a eternidad.

 

Guerra total

La victoria de HCR y el voto de más de 3 millones de ciudadanos dejaron a los próceres bolivarianos viendo hacia el polvorín de San Mateo. No pudieron reaccionar a tiempo y el desatino fue la respuesta característica; el intento fue el de sacar ventajas de las naturales diferencias entre los candidatos. Pensaron que ciertas manifestaciones de primitivismo burocrático existente dentro de la oposición iban a ser el caldo de cultivo para debilitar a Capriles apenas fuese investido con la candidatura. Aunque los codazos existen y no tiene sentido negarlos, lo cierto es que se comparte el deseo de una victoria electoral con el candidato escogido. La naturaleza de su victoria y la amplitud que hasta la fecha ha logrado transmitir han facilitado el apoyo.

El desconcierto inicial del gobierno estuvo aderezado con la noticia de una recurrencia en la enfermedad presidencial lo que incitó una sensación de nueva orfandad en las filas rojas, diezmadas ya en sus antiguos entusiasmos por obra de las ausencias y las radiaciones. 

Sin embargo, el desconcierto pasó de largo y ahora la operación está concentrada en la destrucción política y moral de Capriles. Los instrumentos son tres: 1. Atacar el carácter del candidato; destruir sus fortalezas (actitud amistosa, amplia, sonriente y solidaria) y convertir sus debilidades, no ser un gran orador por ejemplo, en factor de descalificación; 2. Responsabilizarlo de todo lo negativo que ocurra en el Estado Miranda y, más aún, declararlo culpable de incidentes y accidentes, especialmente de la criminalidad, que como se sabe está desatada en todo el territorio nacional y, obviamente, impacta más en las regiones más pobladas; 3. Acusarlo de promover la violencia en su campaña mediante la generación de sucesos que vayan más a las páginas rojas que a las azules.

El candidato opositor que quiere diseñar el gobierno es el de un personaje débil de carácter, indecoroso y mal gobernante, jefe de una pandilla violenta en campaña provocadora. El objetivo es inhibir al candidato, obligarlo a presentar diariamente una carta de buena conducta, distraído en defenderse del próximo golpe bajo.

 

Estrategia gubernamental

No importa para nada lo que sea verdad o no desde el punto de vista opositor. La verdad termina siendo una construcción del poder y si las fuerzas democráticas no se enfrentan a este reto lo que terminará prevaleciendo es la narrativa impuesta por el régimen. Recuérdese que el invento de las cuarta y quinta repúblicas, el gobierno preocupado por los pobres, y las bondades del socialismo, han capturado la imaginación –o por lo menos, las conveniencias- de muchos tenidos antiguamente como sensatos, incluidos opositores de cepas diversas.

Sin duda Chávez ha asumido el compromiso de ser candidato y ganar las elecciones. Ha demostrado que está dispuesto a ir más allá de los límites médicos, de los consejos de quienes bien lo quieren en su familia, y tal vez del consejo de algún amigo genuino que le quede. Por primera vez y fuera de toda la cháchara envalentonada del guerrillero heroico que no fue, Chávez haya puesto su propia humanidad en el asador. Está dispuesto a ganar las elecciones por las buenas o por las malas y así arrastra su cuerpo alevoso.

Para ganarlas con relativos buenos modales necesita construir una mayoría que se le ha fugado repetidamente. En este sentido, las encuestas juegan un papel esencial. Es posible que Chávez hoy esté arriba en las encuestas, como ha estado abajo otras veces; pero el elemento central es usarlas como un instrumento privilegiado de guerra psicológica y crear la sensación de que ya ganó y no hay nada que hacer. Como se ha dicho muchas veces, las encuestadoras, convertidas en oráculos y manejadas en un sistema no democrático como el presente, generan percepciones que pueden convertirse en bolas de nieve. El objetivo del gobierno en el momento actual es crear una sensación en los indecisos –que hoy son muchos- de que hay que votar a ganador; por cierto, ése fue un hecho que parece haber operado en las primarias y que podría revertirse contra la oposición en su conjunto.

La violencia, como se ha dicho, es también un elemento destacado en la estrategia oficial. Asociar cada acción de la campaña democrática con un hecho de violencia es el objetivo. Cada vez que Capriles recorra una zona popular se busca generar una situación de zozobra para después acusarlo de provocarla. Se procura crear en el imaginario colectivo la idea de que la presencia de Capriles es sinónimo de violencia.

Luego está el tema electoral. El Registro, el dispositivo tecnológico, las inscripciones, y toda la estructura del sistema que inexplicablemente han sido temas obviados por la dirección opositora forman parte de la estrategia oficial. No es que no haya periódicas quejas opositoras sino que se carece de una demanda sostenida sobre condiciones que hay que tratar de lograr; de no lograrse, la alternativa no es la abstención, pero hacer el esfuerzo sería indispensable.

 

Por las malas 

El tono de la campaña oficial ya está desplegado. Hasta en la Asamblea Nacional, que había sido el espacio de una cierta regularización de la guerra, se ha cambiado el estilo por parte del oficialismo y el insulto, de excepción ha pasado a ser regla.

Si esto es con Chávez de candidato, quien sin duda tiene respaldo electoral, cómo sería si por razones de salud se inhabilita para la campaña. Cabe imaginar lo que intentaría en cuanto a violencia y descalificación un suplente que en ningún escenario podría sacar más votos que Capriles. Hasta las elecciones estarían en peligro.

Así como Chávez quiere derrotar a Capriles de una vez, antes de las elecciones, no es mala idea que Capriles y las fuerzas opositoras se planteen derrotar políticamente a Chávez antes de las elecciones para lograr derrotarlo luego voto a voto. No son los mismos métodos: los demócratas no se proponen apelar a la violencia, pero sin duda hay que demostrar una irrevocable vocación de poder para retornar a la democracia. Las guerras avisadas también matan soldados.

 

 

 

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