DIPLOMACIA VATICANA

Elizabeth Burgos

ELIZABETH BURGOS
eburgos@orange.fr    

La forma como Benedicto XVI aceptó apartar de su presencia a la disidencia cubana  y se plegó a las condiciones políticas impuestas por los hermanos Castro, revela  que la visita papal a Cuba fue eminentemente política.  La jerarquía de la Iglesia cubana fue todavía más lejos al llamar las fuerzas del orden para que evacuara a 13 disidentes de la Basílica de Nuestra Señora de la Caridad de La Habana.

También el Vaticano se plegó a las normas que impone la dictadura cubana como condición antes de aceptar una visita oficial a la isla.  Así como lo hizo Lula, así como lo han hecho todos los mandatarios que han visitado en los últimos tiempos la isla: todos han ignorado la existencia de la disidencia cubana.  El ex presidente del gobierno español, Rodríguez Zapatero, llegó al extremo de obrar para que la Unión Europea levantara las sanciones que habían impuesto por acuerdo mutuo miembros de ese conglomerado de Estados.

Tal parece que los regímenes del mundo han terminado por plegarse a la doctrina del Secretario General de la OEA que considera que la “fuente de legitimidad del sistema cubano se llama Fidel Castro” y acota que lo “dice con respeto y admiración por el personaje”.  Que el hecho de llevar medio siglo en el poder, ha “determinado como legítimo un régimen como el que existe hoy en Cuba”.  Afirma también que en América Latina “no se cuestiona ese régimen, lo que significa que el régimen tiene esa legitimidad”.

Pero la jerarquía de la iglesia cubana ha ido más lejos en la aceptación de las normas impuestas por el poder de los hermanos Castro, al apelar a las fuerzas policiales del régimen para que evacuaran de la iglesia a los 13 disidentes que la habían ocupado en señal protesta contra la represión, cada vez mayor, que ejerce el régimen contra ellos.  La iglesia con este proceder, violaba los preceptos de universalidad y de compasión que constituyen su rasgo más sobresaliente.  Los hombres son todos iguales ante Dios reza su doctrina.  “No hay en la tradición católica entrega a la justicia de los hombres sino ejercicio paciente e interior para lograr de los hombres la conducta moralmente recta.  Menos, invitación a la policía para restituir el “orden” del templo: un “orden” quebrado pacíficamente.  Eso fue realmente inconcebible, y tendrá consecuencias para la Iglesia católica en ese largo plazo en el que esta sitúa siempre su estrategia”.  Así se expresa a propósito de ese acontecimiento, en el portal cubano Encuentro, (http://www.cubaencuetro.com/cuba/articulos/el-amor-sigue-esperando-275324) el disidente Manuel Cuesta Morúa, quien anima una corriente social-demócrata en la isla, ilegal, pero de cierta manera tolerada.

Benedicto XVI y Fidel Castro

En el medio siglo de poder castrista, la dictadura cubana acepta tratar con los gobiernos que intentan, mediante vías diplomáticas, que la dictadura se abra al diálogo, cuando las circunstancias lo obligan, cuando la opinión internacional presiona a los gobiernos para que exijan a Cuba un mínimo de respeto a los derechos humanos.  Es en esas condiciones que por lo general se realizan visitas oficiales y Cuba hace como si levantara su auto-bloqueo.  Por lo general, se organiza una gran puesta en escena, que comporta grandes manifestaciones públicas, y a los encuentros con Fidel y Raúl Castro, se les otorga un espacio mediático de alto vuelo.  Por lo general, es la ocasión para negociar la liberación de uno que otro preso.  Es cuando el régimen revela la condición de rehenes de los presos políticos o de su opinión.  El número de presos que el régimen entrega en signo de buena voluntad, varía según las circunstancias y el poder gobernante.  Es proporcional al poderío que represente el visitante.  Como si existieran tarifas pagaderas en prisioneros según la importancia del gobierno.  Por ejemplo al ex presidente Jimmy Carter, Fidel Castro le entregó 3.500 prisioneros.  Claro, EE.UU. se beneficia de una tarifa especial, proporcional al impacto mundial de su poderío.

La visita de Benedicto XVI es eminentemente política y así lo ha demostrado, al aceptar las condiciones impuestas por el régimen a todo representante de un régimen democrático.

Es cierto que el Sumo Pontífice ha hecho declaraciones a su llegada a Cuba que pueden despertar la esperanza en el corazón de muchos cubanos abogando por una sociedad “abierta y renovada”.  No obstante, las declaraciones del arzobispo de La Habana, Jaime Ortega, a L’Osservatore Romano, neutralizan los del Papa.  Su versión de una Cuba sin presos políticos, gozando de una situación económica normal, han suscitado una gran decepción, no sólo entre los disidentes sino también ante la ciudadanía en general.

La política desplegada por el Vaticano, consiste en ganar espacios de influencia, recuperar los espacios perdidos, ganar otros.  Una demostración de ello, fue su pedido a Raúl Castro de decretar día de fiesta nacional el viernes santo, día en que los cristianos conmemoran la crucifixión de Cristo.  Cuando la visita de Juan Pablo II a Cuba en 1998, Fidel Castro se le adelantó restableciendo como día feriado el día de Navidad.

Benedicto XVI celebró una misa en la Plaza de la revolución, delante de una multitud de 300.000 personas en donde pronunció un sermón en el que retoma las ideas que fue expresando durante sus tres días de visita a la isla: Cuba debe construir una sociedad abierta, fundada sobre “la verdad, la justicia y la reconciliación”. Igualmente recalcó que “La verdad es una aspiración del ser humano, cuya búsqueda supone el ejercicio de una libertad auténtica”.  Aludiendo al marxismo, estimó que “algunos malinterpretan esa ´búsqueda de la verdad, llevándolos a lo irracional y al fanatismo; se encierran en su verdad e intentan imponérsela a los demás”.  En el transcurso de una misa celebrada la víspera en la basílica de la Caridad del Cobre, patrona de la Isla, el Papa oró por “todos aquellos privados de libertad” en alusión evidente a los presos políticos.

Luego de haber pronunciado esas palabras, el Papa se entrevistó con Fidel Castro en la Nunciatura Apostólica.  Según la versión dada por el portavoz del  Vaticano quien reportó el diálogo sostenido entre ambos, Fidel Castro parece haber actuado como un cordero, haciendo preguntas falsamente ingenuas, como la de pedirle a Benedicto XVI le explique “¿Qué hace un Papa?”, luego le pidió le aconsejara un libro para dedicarle una de sus propias reflexiones.  Es decir, se puso en una actitud de alumno, pidiendo explicaciones al maestro –explicaciones sobre un tema que Fidel Castro conoce mejor que ningún otro mandatario- y consejos de lectura.  El alumno humilde, quien solicitó al Papa “le concediera unos minutos de su tiempo bien contado”, tras “haber sabido por boca del ministro de Relaciones exteriores que el Papa apreciaría un contacto simple y discreto”.

Se debe tomar nota del cuidadoso estilo utilizado por Fidel Castro en la incitación a esa entrevista.

El tiempo dirá si la visita de Benedicto XVI les habrá aportado a los cubanos que sufren, que es la inmensa mayoría, alguna esperanza.

Si la iglesia continúa actuando en Cuba dentro de los moldes de una realpolitik, se estaría comportando como cualquier poder político, y traicionando los valores intrínsecos, gracias a los cuales ha sobrevivido más allá de los siglos.

 

 
Elizabeth BurgosElizabeth Burgos
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