El resucitador de Leones

Marcelo Bielsa

Sumario:

El Athletic es uno de los grandes del fútbol español. Ser parte de su hinchada, para muchos vascos es un acto de militancia política. Desde 1984 no ganó nada. Pero ahora, con la llegada de Bielsa, volvió a creer y a asombrar.

 

Waldemar Iglesias

En Lezama, la gran factoría de juveniles del Athletic Club de Bilbao, hay una estatua que tiene un nombre y cuatro palabras que explican el significado de ese homenaje: “Zarra, orgullo de un pueblo”. Telmo Zarraonandia Montoya -Zarra para todos- murió hace seis años. Cada uno de los miles que lo despidieron entre sollozos lo sabían: partía un mito de todos los tiempos. Es el máximo goleador de la historia del club vasco, de la Liga de España y de la Copa del Rey; también hizo uno de los goles más importantes de la vida del seleccionado español, para el 1-0 frente a Inglaterra, en el Mundial de 1950, que permitió aquel cuarto puesto, la mejor ubicación hasta el título en Sudáfrica 2010. Zarra era el emblema de un Athletic que parecía capaz de todo: grande indiscutible del fútbol español, Rey de Copas -recién en 1997 lo alcanzó Barcelona con 23 títulos; y ahora lo supera por dos trofeos-, protagonista insoslayable de cada temporada, emblema de un modo de entender el fútbol.

Cuentan la mayoría de los españoles y muchos europeos que lo conocieron que en San Mamés se disfruta el mejor ambiente que un estadio de fútbol puede ofrecer. No es casualidad el apodo: La Catedral. Sirve un ejemplo reciente: cuando Wayne Rooney convirtió su golazo frente al Athletic, en los cuartos de final de la Europa League de esta temporada, no hubo rechazos ni silbidos ni temores exagerados por la clasificación en presunto riesgo. El público ofreció un aplauso unánime al delantero inglés. Eso también es el Athletic. Allí, más allá de los 33 títulos a nivel local (entre Ligas y Copas), no se festeja nada desde 1984. En esos días, el bravo equipo de Javier Clemente obtuvo el “doblete”: en la Liga, por diferencia de goles ante Real Madrid; en la Copa, con escándalo en la final frente al Barcelona de Diego Maradona y César Menotti. Pasaron casi tres décadas en las que perdió el protagonismo y se lo cedió a otros equipos históricamente postergados. Apenas algunos espasmos felices sucedieron: como la clasificación a la Champions League por el subcampeonato de la temporada 97/98 o el acceso a la final de la Copa del Rey en 2009 ante el Barcelona de Pep.

La actual temporada se parecía, en la antesala, a una más en la vida reciente del Athletic: alegrías postergadas y acaparadas por los supergigantes Real Madrid y Barcelona. Pero no. El suficientemente loco Bielsa creyó que se podía dar un salto. Y convenció a todos de eso. Como en su primer paso como entrenador en Newell’s, a principios de los 90, se encontró con un plantel de jóvenes talentosos con necesidades y voluntad de crecer. Terreno fértil para ofrecer sus ideas. Antes de llegar al País Vasco había entregado una respuesta negativa para el asombro: Massimo Moratti, el presidente del Inter, todavía no lo puede entender. El empresario del petróleo -hombre multimillonario, socio mayoritario del club milanés- no está acostumbrado a que sus ofertas sean rechazadas. Los jugadores se dieron cuenta rápido: ese hombre que todos los días se viste con ropa deportiva no era uno más en su camino de futbolistas.

Más allá de lo que los números exhiben, ya se comienza a observar un antes y un después en la vida del Athletic a partir de Bielsa. Ahora todos creen. El primer detalle tiene que ver con un camino casi inexplorado: Los Leones de San Mamés pueden ser campeones en el ámbito europeo por primera vez en sus 114 años. El equipo está  en semifinales de la Europa League ( tras haber vencido 4-2 y empatado 2-2 con el Schalke 04) y, a juzgar por su juego, la final de Bucarest es un horizonte razonable. Lo dicen todos en cada rincón del Viejo Continente: Athletic es la sensación de esta temporada, tal como lo expresó Pep Guardiola. Y también se destaca en el terreno local: con siete victorias y un empate se instaló en la final de la Copa del Rey, en la que enfrentará al Barcelona el 25 de mayo en el Vicente Calderón. El recorrido por la Liga, sin embargo, quedó a la sombra de ese crecimiento enorme. En cualquier caso, se respira entusiasmo en Bilbao y en cada rincón del País Vasco donde el Athletic es una referencia apasionada.

Bielsa no eligió al club por azar o sólo por el compromiso de una palabra empeñada. El primer aspecto que tuvo en cuenta fue el sentido de pertenencia que cada vasco -jugador, dirigente, trabajador del club, hincha- tiene con el Athletic. El nacimiento y el contexto de la creación la cuenta la misma institución en su página oficial: “El Athletic Club surge en un Bilbao que despierta a la industrialización. Bilbao, la pequeña ciudad mercantil y comercial circunscrita al perímetro de las siete calles y Bilbao La Vieja, abre sus puertas y se convierte en una urbe que acoge experiencias industriales y financieras de muy diversa índole. (…) Por lo que respecta a la práctica del fútbol, un pequeño recorte de prensa del Noticiero Bilbaíno recogía, allá por el año 1894, un desafío que pasará a la historia futbolística. Un aficionado local retaba a la colonia inglesa a un encuentro de fútbol en las campas de Lamiako. El partido se disputó el 3 de mayo de 1894 con resultado adverso para los locales, de seis ‘goals’ a cero. Pero la semilla germinó con fuerza y los bilbaínos pronto se interesaron por la práctica de este deporte. En 1898 un grupo de 33 deportistas, de entre los que en el Gimnasio Zamacois se reunían para practicar y hablar de fútbol, constituyeron un equipo que, sin tener forma legal, denominaron Athletic Club, celebrándose el 5 de abril de 1901 en el Café García, la asamblea de constitución definitiva del Athletic Club”. Aquel ambiente afín a las costumbres británicas le dio al Athletic desde sus días inaugurales esa impronta de club tradicional, ese respeto por su propia historia.

El significado del Athletic también lo cuenta la historia. Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, lo escribió alguna vez: “El Athletic de Bilbao (durante el franquismo, Atlético), sorteando las prohibiciones formales, se convirtió en el ‘equipo nacional’ vasco, no alineando más que a jugadores de origen vasco. A pesar de todas las censuras, ir al estadio a animar al Athletic era entonces (y de alguna manera se mantiene), para un seguidor, una forma de afirmar su nacionalismo.

En ese contexto, el entrenador rosarino –El Loco, también para los vascos- recibe el trato de una celebridad. Consiguió algo grande: lo sienten como propio. Como si en vez de haberse criado cerca del Monumento a la Bandera o del Parque Independencia, Bielsa hubiera nacido a la vuelta del Palacio Chavarri o a una cuadra del teatro Arriaga. Asombra ver tantos niños en cada práctica del plantel principal. No hay casualidad; es la consecuencia del trato que reciben. Bielsa los saluda a todos, firma autógrafos, se saca fotos ante cada pedido. Y más: ocasionalmente incluye a algunos chicos que aún no llegaron a la adolescencia como colaboradores por un entrenamiento. Y ellos, felices, lo acompañan, lo abrazan, le llevan golosinas. De repente, para los pequeños asombrados Bielsa es la versión vasca de Harry Potter: hizo resucitar a ese León que tanto quieren.

 
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