Nuestra UCV

Ruth Capriles


RUTH CAPRILES
ruthcapriles@yahoo.com 

 

Están negando al pueblo su derecho a tener una educación digna

 

En la UCV enseñaban los maestros del marxismo que las contradicciones del capitalismo son su negación, en el más idealista sentido de Hegel: la negación de la tesis que permitiría una síntesis apoteósica posterior. Todos esperaban esa crisis inevitable para desatar la revolución que llevaría finalmente el proletariado al poder y luego a la aun más ideal sociedad sin clases ni gobierno. Pero nadie quería realmente esa sociedad igualitaria; sólo ponerse en el lugar de quienes ocupaban espacios de privilegio por riqueza o poder.

Ahora sabemos que los militares eran los más activos en la espera del momento propicio y conspiraron durante años bajo las narices de generales y políticos. El momento no fue oportuno cuando fue propicio, pues los golpes del 92 fracasaron. Fue la primera negación de la tesis revolucionaria. Pero no lo aceptaron. Se disfrazaron entonces de corderos y llegaron a enrocar unos por otros por la misma vía capitalista: financiamiento, mercadeo, publicidad. Vendieron su producto. Segunda negación de la negación marxista.

Luego quisieron imponer la revolución desde el poder, subvirtiéndose a sí mismos. Tercera negación: las revoluciones del pueblo no vienen de arriba. Las instancias de contradicción de la tesis marxista son infinitas en la corrupción, venalidad, incapacidad administrativa de los revolucionarios y la entrega del gobierno y nuestros recursos a extranjeros. Pero no les basta. Antes de aceptar que están equivocados, prefieren producir nuevas contradicciones.

Lo que el gobierno está haciendo con la UCV es muestra de la negación de las tesis revolucionarias. Están destruyendo la fuente que alimentó esas ideas, aniquilando el pensamiento que los inspira. Están negando al pueblo su derecho a tener una educación digna. Es momento propicio para la restauración.

Quizá Venezuela esté prestando un servicio al mundo librándolo definitivamente de la síntesis marxista. Ha sido una demostración burlesca, sí, pero contundente de las contradicciones insalvables del comunismo.

 
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