Reflexiones sobre la transición

Oswaldo Álvarez Paz


OSWALDO ÁLVAREZ PAZ
oalvarezpaz@gmail.com

 

La alternativa democrática está obligada a visualizar los peores escenarios en el futuro inmediato. Si no se dan, pues, que viva Dios. Pero si ocurren que no nos sorprendan, que los sorprendidos sean los adversarios al encontrarnos preparados para triunfar. Lo deseable es llegar a las elecciones del 7-O, elegir a Henrique Capriles, desalojar a Chávez del cargo que ya ni ejerce e iniciar el proceso de reconstrucción y desmontar el entramado revolucionario que amenaza con la represión, la violencia y el caos. Esto sería lo lógico. Trabajamos para que así sea. Diremos que la transición ya empezó. Desde nuestra perspectiva debe manejarse con mucha prudencia que no se confunda con debilidad.

Sin embargo, en el alto mundo oficial se discute desordenadamente la transición del chavismo con Chávez hacia el chavismo sin Chávez. Se trata de mantener las líneas maestras del socialismo del siglo XXI, ante la posibilidad de que el mentor sea derrotado electoralmente, desaparezca físicamente o quede inhabilitado por una campaña intensa. Incluso, hay quienes plantean que ganando quizás tendría que declinar el mando. Pueden estar equivocados quienes piensan que en el oficialismo se impondría una línea moderada de acercamiento a la oposición. Grave error.

Debemos tener presente el carácter militarista del régimen. No me refiero al número de militares, activos o retirados, ocupando puestos públicos, sino a que básicamente se trata de militares que conspiraron bajo el mando de Chávez desde antes del 4-F del 92. Son ellos quienes controlan de verdad el poder. Para ellos cualquier cambio, más que transición, debe ser para fortalecer el proceso revolucionario. No ven liderazgo capaz de asumir la conducción del proceso de consolidación revolucionaria. Lo electoral es un estorbo. De haber triunfado en el 92, todo hubiera sido más sencillo. Ya el uso y abuso de los recursos oficiales no es suficiente. Entonces, ¿qué hacer?

La enfermedad de Chávez provoca negociaciones internas. Ningún civil es aceptado como jefe. Tratan de acordar una especie de tutelaje militar sobre la revolución al cual deben someterse los civiles comprometidos con ella. Se preparan para lo que pudiera ser una polarización violenta que justifique un gobierno transitorio y llamar a elecciones, interrumpir el proceso actual hasta más adelante, cuando estén listos para triunfar.

Pero, “una cosa piensa el burro y otra quien lo arrea”. La conciencia institucional se fortalece en las FAN. Los golpistas serán nuevamente derrotados.

 

 

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