Los cambios en el deporte guacareño

Luis Hernández Estrella

DESDE  LAS  CANCHAS
Luis Hernández Estrella
luisherestrella@gmail.com 

 

Indudablemente que cada cosa ha tenido su tiempo y las vivencias y los resultados de tal gestión no se pueden comparar. La escuela Diego Ibarra que conocí el año 67 cuando llegué a Guacara en la  época del profesor Juan Vicente Olivares y Rubén Farache, no es la encerrona que existe en la  actualidad y que presentan otras edificaciones que la hacen menos oxigenante y un garaje en que conviven una cifra cercana a los mil alumnos. Así está el deporte guacareño, con menos posibilidades de alcanzar una alta performance individual; menos equipamiento ante ligas y clubes que hacen vida en las pocas instalaciones deportivas que gozan de una buena construcción física; ausencia de elementos técnico-científicos que de una u otra manera cumplan con la tarea de servicio ante la demanda que siente un deportista de canalizar sus facultades de la mejor manera.

 Un deporte  sin  renovación actualizada de lo que  buena falta  hace en los espacios disponibles es la consecuencia de una política errada en el tiempo; la falta de un gobierno deportivo se hace presente cuando se juntan los fanáticos de la política y quienes fungen como deportistas al calor del pueblo; los problemas sociales derivados de la creación de invasiones han sido funestos para el convivir de cada comunidad, agregando a ello la construcción de Petrocasas en urbanizaciones como Ciudad Alianza -por una u otra entrada- obviando los que se tienen en la actualidad y que  ahora colapsarán más los  problemas que ocasionan los malos servicios públicos como el aseo, el agua  y la  luz.

Después de la reconstrucción de la cancha “Víctor Julio  Narváez “y la construcción del  gimnasio de Loma Linda no ha habido construcción deportiva que valga la pena mencionar, a no ser las tres canchas techadas en Ciudad Alianza que están abandonadas a su suerte. Las parroquias Yagua y Ciudad Alianza sienten la apatía de una administración que se ocupa más de las efemérides para reunir a los deportistas en los toldos dispuestos en la Plaza Bolívar de  la  localidad, que para  concentrar a  la gran cantidad de alumnos  que están fuera del deporte organizado. Esos jóvenes que hoy son desatendidos, mañana estarán trancando los espacios solicitando mejoras para sus barrios  y urbanizaciones. No es posible que la Malavé  Villalba  con tantos jóvenes  que  allí conviven no disponga de las instalaciones que por derecho  les pertenece. De esta manera Guacara se  ha convertido en un municipio marginado en todas las áreas que la han podido hacer útil. La deserción escolar es una de ellas: la ve en cada rincón del municipio: buhoneros, vendedores ambulantes, y otros que superviven por  la venta de  café, CD,  limpieza  de zapatos, parqueadores de carros, y un etcétera mayor todavía.

El universo deportivo  guacareño atraviesa por todos estos males que confluyen en cada sector del norte y sur y del este y oeste. Repito, la historia deportiva  la  va a  crear  el ambiente sano  que procure valores del deporte; esfuerzos  de un sueño por  conquistar  la  gloria, y un ejercicio resistente de las  derrotas…

 

 

 

 

 
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