Esa mirada de desprecio

Vicente Diaz

VICENTE DÍAZ
@vicenteDz 

 

Hace algunos años se hizo una investigación sobre la pobreza en varios países. Se entrevistaron a decenas de miles de familias pobres. Se trataba de identificar patrones comunes para diseñar soluciones comunes. Una pregunta sobresalía de las demás: ¿Qué es lo peor de ser pobre? La respuesta predominante sorprendió a los investigadores. No deja de sorprender todavía a muchos. La mayoría esperaba respuestas sobre la dureza de la vida material, porque la pobreza es muy dura. “Ramona, por ejemplo, no tiene baño y vive en el Guarataro. Un derrumbe le tumbó la mitad del rancho, y en esa mitad estaba su baño. Ahora ella y sus carajitos sólo pueden usar los baños de los vecinos. Tampoco tiene marido, se lo mató un hampón. El niño que carga está verde, no levanta la cabecita. Para romper el hielo le pregunto si me va a invitar un cafecito. Se pone colorada y en su lugar me ofrece agua. Le acepto el agua me acerco con ella a la nevera. No había nada. Sólo una jarra de Tupperware muy desgastada por el uso, de donde saca el agua que me ofrece.”

Muchas Ramonas fueron inquiridas: ¿Qué es lo peor de ser pobres? No respondieron el hambre, tampoco la falta de acceso a la salud, ni la precariedad de la vivienda. Tampoco respondieron el costo de la vida o la inseguridad. La mayoría de las Ramonas habló de dignidad. La mayoría de las Ramonas dijo que lo más terrible de la pobreza es “esa mirada de desprecio con la que nos ven”, ese desdén. Por eso es que para ganarse el corazón de los más humildes ­que en Venezuela son la mayoría­ no bastan programas sociales por muy bien diseñados que estén.

Hace algunos años, simpatizantes del chavismo pusieron de moda una consigna terrible pero reveladora: “Con hambre y desempleo, con Chávez me resteo”. La consigna apuntaba hacia lo mismo que indicó el estudio citado: hay cosas más importantes que la vida material.

Quienes pretendan conquistar esos corazones deben dejar de pensar en el clientelismo y el populismo como la única explicación para la popularidad que el Presidente aún conserva entre los más pobres. Esa simplificación puede conducir a diseños estratégicos equivocados que pueden costar muy caro a quienes le adversen. Pensar que las personas que asisten a los actos públicos del chavismo van obligadas o porque les pagaron, aparte de ser una gran idiotez, es políticamente muy peligroso.

Los políticos con los que hablo están muy claros en esto, pero esa concepción es todavía predominante en sectores de poder e influencia que no terminan de entender las condiciones históricas y sociales que posibilitaron el surgimiento del chavismo como corriente sociopolítica. Entiendan de una vez: los pobres no son un problema, son la solución si se está dispuesto a escucharlos con atención, respeto y con auténtica disposición para aprender. Mientras exista el desprecio, habrá chance para los vengadores.

Para que sea verdad que en Venezuela cabemos todos, tiene que ser respetándonos todos, escuchándonos y ayudándonos todos.

Basta de mirar con desprecio.

 
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