LA LUCHA ES CONTRA EL RELOJ

La pequeña política
Espantapájaros
avizor.uno@gmail.com    

 


 “Lo que por estar yo siempre en el mismo sitio, no veo y otros ven, lo trato de compensar pensando en lo que otros, por andar de rama en rama, quizás no alcanzan a pensar.”
Escrito para gente inteligente

 

La máxima, MÁXIMA

Recuerdo que en una ocasión les hablé de una máxima que a este Espantapájaros, observando las cosas a distancia desde el descampado, le ha resultado especialmente útil. La máxima -ajustada al caso que nos ocupa- establece que lo que Nicolás dice de Henrique, me dice mucho más de Nicolás que lo que me dice de Henrique.

Y así fue esta semana. El pajarraco Nicolás, el Pájaro Canciller, el hombre reposado, a veces serio y en otras ocasiones sonriente, pero siempre obsequioso al lado de Águila Uno, de pronto se le salió todo lo que llevaba adentro. “¡Mariconsón, fachista!” le dijo al Halcón mirandino, sin que éste hubiera dado razón alguna para merecer en sentido literal ese calificativo. Pero cuidado, si no lo tiene para el pajarraco mirandino, significado sí lo tiene que tener en la mente, las pasiones y sentimientos del pajarraco Nicolás.

Analicemos lo que nos dice esta expresión, no de las cualidades de Halcón Uno, sino de quien las emite. Primero, que no es tan distinguido como lo sugería la imagen ponderada que de él, mirándolo a distancia, bien vestidito, muy acorbatadito, y de comportamiento educado, este Espantapájaros tenía. No, no señor. Como dirían por allí, se le salió la clase.

Lo segundo que le brotó de las entrañas es que es un hombre que lleva por dentro mucho resentimiento… aunque a lo mejor es una frase hecha, nacida de su estilo original, no lo sé. Y finalmente, me dice, que el pajarraco Nicolás, el Pájaro Canciller, está a la chita callando, en una carrera contra el reloj. Un carrera contra el reloj, tratando que el Halcón mirandino le responda para clasificarse, y así darle la pelea a Jaua, que lo supera en las encuestas y a Diosdado, que anda recorriendo el país, (y moviendo TODAS sus influencias) y en fin para ganarle a ellos o a cualquier otro que se le ocurra aspirar, a la hora de escoger “democráticamente”, el sucesor oficial de Águila Uno quien, como le confié la semana pasada al acucioso periodista que me entrevistó, esta vez no va pa´l baile.

Más, mucho más, me dijo el pajarraco Nicolás del mismo pajarraco Nicolás, que lo que me dijo de su eventual contendor, el Halcón mirandino. Prueba irrefutable adicional de que la máxima de la que les he venido hablando, es MÁXIMA. 

 

EL HOMBRE QUE CALCULABA

El pajarraco Berris-bestia, como lo llaman jocosamente en la Asamblea Nacional, es -a decir verdad- un gavilán acucioso, y de cuando en cuando atrevido. Recuerdo aquella vez en la Asamblea Nacional -lo vi por el televisorcito blanco y negro que entonces yo tenía-cuando después de escuchar al Ministro de la Defensa ufanarse de la soberanía nacional, en su ampuloso lenguaje militar, el pajarraco cumanés-porteño, sí, el mismo Berris-bestia, le preguntó, “¿Mi general, dónde esconde Ud. la soberanía de Venezuela cuando le rinde cuentas al general cubano fulano de tal?”. Más o menos así fueron sus palabras… y aquello se volvió puro tartamudeo entre los directivos de la Asamblea Nacional… no sabían qué decir, se quedaron mudos… y al pajarraco Aristóbulo, por primera vez en su vida, se le puso la cara rojo-rojita.

Pues bien, esta semana, el hombre que calculaba, que así también lo llaman, porque le hace seguimiento a cada paso y cada gasto que realiza Águila Uno, me sorprendió con sus aseveraciones.  Afirmaciones que además sirven hoy de aval a lo que le dije la semana pasada al periodista que me entrevistó sobre el futuro de Águila Uno. Cuando le dije que Águila Uno no iba pa’l baile.

En sus declaraciones de esta semana, dijo el pajarraco Berrizbeitia, palabras que resumidas en un twit del pajarraco Otero me llegó así: “340 días desde 11/5/11 hasta el 8/4/12… Chávez 200 días hospitalizado o en reposo, y 80 días en Cuba.”  Cruel síntesis, me dije para mis adentros, de la enfermedad que a Águila Uno le está carcomiendo las entrañas, tal como les he venido alertando desde hace casi dos años, cuando comenzó su etapa de “Muda”.

Ahora díganme Uds., mis queridos pajarracos y pajaritas amigas, ¿cómo va a poder gobernar Águila Uno, si en todo un año no ha podido trabajar más de 60 días y cuando su situación es cada día peor? Para muestra, como dicen, un botón. A la Cumbre de las Américas, Cumbre en la que Águila Uno acostumbraba realizar desplantes que recorrían el mundo entero y, teniendo la posibilidad de lucirse frente al Cóndor Negro, no pudo asistir alegando que tenía que marcharse nuevamente a Cuba por razones médicas.

¿Cómo puede enfrentarse el pobre de Águila Uno, mi querida bandada, a las responsabilidades de un nuevo  gobierno, cuando hace pocos días, en un espectáculo conmovedor, parado en el modesto podium de la Catedral barinesa, le pidió a Dios, a ese Dios que tantas veces ha profanado, le pidió -repito- a papá Dios que le diera un poquito más de vida?

Me da mucha lástima, de verdad, créanmelo porque es así, me da dolor observar a Águila Uno en su etapa final, porque es un drama que nadie debe desearle a su prójimo, y mucho menos se lo desea este humilde Espantapájaros por ser mayor que él en méritos militares (recuerden mis cinco soles), mayor que él también en el cumplimiento de sus obligaciones y, por tanto, más obligado que nadie a perdonar a aquellos que han tomado el camino equivocado, y también a tener especial compasión por aquellos, como Águila Uno, que sintiéndose inmortal e invencible, de pronto se encuentran cara a cara con la pelona.

 

El 28, el 28, el 28…

No fue el 28, pero fue a ultimitos del mes pasado cuando el CNE al fin confirmó la fecha de las elecciones presidenciales. El 7, el 7, el 7… dijo con absoluta tranquilidad. Yo la  verdad, que creo que será igualito esta vez…

Aguila Uno no quiere morir como un ex Presidente, sin pena ni gloria. Quiere morir con las botas puestas. Se imagina la llegada de mandatarios del mundo entero a rendirle tributo. Además, la “revolución”, nunca aceptará que se marche derrotado. Así será.

De allí la angustia del pajarraco Nicolás. No tanto por quien se va, no, por ese no. Su angustia es por lo que viene. No quiere que nadie le gane la partida. Necesita tiempo.

¡Es una lucha contra el reloj!

 
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