Otro abril

REPIQUE
Mélida Qüenza Ponte
mq0105@hotmail.com    

 

Concluidas las celebraciones, conmemoraciones o como se le quiera llamar a los actos que recordaron los diez años del golpe de Estado contra Hugo Chávez,  todo revela que ese tiempo no ha servido para que gobierno y opositores derechistas aprendieran la lección. Cuando ya es hora de que se actúe de acuerdo a la reflexión y análisis de lo ocurrido, pensando en lo mejor para el país, vemos como las declaraciones, anuncios y comentarios de la dirigencia de los dos sectores poco se diferencian de lo que manifestaban diez años atrás.

Los cuestionados medios de comunicación, con tanta responsabilidad en la exaltación de ánimos en la población y manipulación de realidades con el único fin de avivar enfrentamientos que favorezcan determinados intereses políticos, nos han mostrado este abril, que no hay mucha distancia entre los argumentos de los grupos antagónicos en 2002 y ahora en 2012. Ahí están los videos con los llamados al paro, a la toma de Miraflores y todas las acusaciones -algunas razonables, otras descabelladas- que se hacían contra el gobierno para justificar una salida de fuerza, para nada democrática, en ese momento. Los señalamientos de hoy de este sector en el fondo son los mismos pero cobijados en una campaña electoral en la que han decidido participar al retomar la vía electoral para la retoma del poder.

El cambio que aparentemente ha ocurrido es el de algunos protagonistas del golpe de 2002 que pese a verlos cada rato en los videos que divulgan los medios oficialistas, en este abril han afirmado que no participaron en tal golpe. Es el caso del candidato de la derecha, Henrique Capriles Radonski, quien diez años atrás violaba derechos diplomáticos, políticos y humanos y además, aupaba a frenéticos opositores a seguir su conducta antidemocrática. Puede negarlo cuantas veces quiera, pero todo quedó registrado, grabado, para la historia.

La posición del oficialismo es cómoda, negarlo todo y acusar de contrarrevolucionario a todo el que cuestione esa dizque revolución. No reconoce errores, mucho menos los enmienda. En el plano social es justo reconocerle al gobierno varias iniciativas, sin embargo hay programas mal planificados, mal ejecutados, que no llegan a cumplir las metas trazadas. No puede una acción de gobierno basarse en un despliegue publicitario de anuncios, promesas y buenos deseos, mientras la inseguridad es insoportable, la corrupción crece en todas las esferas gubernamentales y la impunidad traba la justicia.

Gobierno y oposición de derecha repiten el juego realmente obstinante para la población que tendrá que soportar varios meses de campaña electoral limitada a las acusaciones de que vivimos una dictadura, que vamos a un comunismo, que no hay libertad, etc. y del otro lado que no hay problemas y que la ultraderecha quiere repetir el esquema golpista de hace diez años. Así, los problemas de fondo pasan a un segundo plano. Y es lo que debiera debatirse.

 

 
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