Un siglo y un rey

El Santos, antes de un partido ante el Real Madrid, en 1959. De pie, y de izquierda a derecha: Zito, Dalmo, Getulio, Ramiro, Carlos y Pavao. Agachados: Durval, Alvaro, Pagao, Pelé y Pepe.

El Santos cumple 100 años entre el recuerdo de su época gloriosa comandada por Pelé y la explosión de la generación de Neymar

 

Néstor C. Vicente / Beatriz Borges

 

El Santos, antes de un partido ante el Real Madrid, en 1959. De pie, y de izquierda a derecha: Zito, Dalmo, Getulio, Ramiro, Carlos y Pavao. Agachados: Durval, Alvaro, Pagao, Pelé y Pepe.

El Santos cumple 100 años. El mismo día en el que el agua se tragaba al Titanic nació el club que alumbró a uno de los grandes equipos de la historia. El Santos es el equipo que arrasó en la primera mitad de los años 60 con dos Copas Intercontinentales. Es Coutinho, Clodoaldo, Durval y Pepe. El Santos es ahora Neymar. Y, por encima de todos, fue, es y será Pelé, tanto o más que Maradona al Nápoles, Cruyff al Ajax y Di Stéfano al Real Madrid.

Santos es una ciudad portuaria erigida sobre un terreno arenoso que da a algunos de sus edificios una inclinación característica a 70 kilómetros de la gran metrópolis de Sudamérica, São Paulo. El mérito del equipo es haberse convertido en el club representativo del mejor momento del fútbol de un país enganchado a una pelota, y haberlo hecho desde una ciudad de 420.000 habitantes. “El Santos nació para ser campeón en una ciudad pequeña”, explica desde Brasil José Macia, Pepe, compañero de Pelé en la histórica delantera de los 60. “El hecho de que la ciudad sea costera permitió que el club se abriera al mundo”, completa Odir Cunha, periodista y autor de Santos: 100 años de fútbol arte.

El club recogió pronto la admiración de los aficionados, pero tardó algo más en alcanzar el éxito. Todo empezó con la belleza estética del fútbol del ataque de los 100 goles –nombre que se le dio a la delantera de 1927-, que maravilló al país, pero se dejó el campeonato paulista en una derrota (3-2) ante el Palestra Italia en la última jornada del campeonato. Uno de los hermosos perdedores del fútbol y el deporte, mutado en los 60 en aplastante dominador del mundo de fútbol por gracia y obra de un flaco muchacho que cuando llegó al club apenas tenía 15 años. Entonces, la historia del Santos cambió. “Solo tengo buenos recuerdos porque lo ganábamos todo”, confirma Coutinho, El Virrey desde que formara dupla con Pelé.

 

Pelé celebra un gol con el Santos.

La llegada de O Rei en 1955 permitió al Santos recoger una asombrosa cosecha de títulos, a la altura de las vitrinas más lustrosas: seis campeonatos estatales brasileños entre 1961 y 1968, además de 11 paulistas desde 1955 a 1969, dos Copas Libertadores y otras tantas Intercontinentales en 1962 y 1963, ante el Benfica de Eusebio y el Milan de Altafini y Rivera. En el esplendor del Santos está también la semilla de la selección brasileña campeona en 1958, 1962 y 1970, huérfana de títulos y a la sombra de Uruguay hasta la irrupción de una maravillosa generación del equipo paulista. Pelé, Pepe, Zito, Gilmar, Mauro, Mengálvio y Coutinho participaron del segundo campeonato, el conseguido ante Checoslovaquia en el Estadio Nacional de Chile (1962).

Tan hermoso era el equipo y tan rutilantes sus estrellas que los tiros dejaron de volar en Kinshasa (República Demócratica del Congo) por unas horas de junio de 1967, solo para que los combatientes pudieran contemplar al Santos y a Pelé. Otras veces, el mundo se pegó por verlos. En Colombia, narra Pepe, el público abucheó al árbitro porque había mandado a Pelé a la caseta: “Empezaron a mover las vallas, los hinchas se volvieron locos… Volvió Pelé, expulsaron al árbitro y el partido lo pitó el asistente. Los hinchas se enfadaban cuando un adversario intentaba quitarle el balón. Era un dios”. Entonces, el Santos mostraba a Pelé como el Real Madrid y el Barcelona pasean ahora a Cristiano Ronaldo y Messi por Asia y Estados Unidos. A cambio de un precio: 8.000 dólares por partido para Pelé, 20.000 para el resto del equipo, según Pepe. “No éramos envidiosos. Era mejor que jugase en nuestro equipo”. Pepe, un extremo de los que tenían un ojo sobre la cal y el otro en la portería contraria recuerda de esa época un tanto a Ramallets, entonces portero del Barça: “La pelota me cayó después de que el portero despejara. La rematé sin que tocara el suelo, por encima de su cabeza”. Anotó 405 goles con el Santos, el segundo máximo goleador de la historia del equipo, solo por detrás de Pelé (1091). “¡A Coutinho y a Pelé les di muchas oportunidades: yo le pegaba con mucha fuerza, el portero rechazaba y ellos marcaban de rebote!”, cuenta con sorna.

De aquel oropel el Santos no conservó nada cuando Pelé se fue al Cosmos de Nueva York para finalizar su carrera. El equipo penó durante casi 30 años hasta que una nueva generación de imberbes con el molde del club, dribladores ligeros, ágiles y con gusto por el fútbol de toque, lo rescató en 2002. El equipo se encomendó a Diego y a Robinho (que tenían 17 y 18 años) y conquistó de nuevo el Campeonato Brasileño. Hoy se agarra a Ganso y a Neymar, “que es como Pelé y que representa no solo al Santos, sino a Brasil entero”, según Robert da Silva, uno de los veteranos en 2002. Es el trono más elevado y la comparación más exigente. Una comparación que, de momento, resiste porque el año anterior ganaron la Libertadores. Pero Neymar, hoy un asunto de estado porque encarna el mejor recuerdo de una estrella, acaba de empezar su historia. Y juega para el Santos, un equipo que ya cuenta con un siglo.

 

El País

 

 
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