Abulia venezolana


ALEJANDRO ANGULO FONTIVEROS
aaf.yorga@gmail.com 

 

Las acciones y obras valen en sí mismas; pero hay que hacerlas valer para que valgan más

 

En la “Expo 2000” de Hannover, el Pabellón Venezolano diseñado por el arquitecto Fructuoso (“Fruto”) Vivas fue, después del de Alemania, el más visitado y ello fue un enorme éxito que prestigió a Venezuela. En esas exposiciones se han visto la Tour Eiffel, Galerie des Machines, Cúpula Geodésica de Fuller, el Crystal Palace, Pabellón de Mies y pabellón de Alemania en Montreal.

El ecológico Pabellón Venezolano tuvo como símbolo y cima la flor nacional u orquídea -cuyos pétalos se abren y cierran según el tiempo- y mostró la fascinante diversidad biológica del país, al estar circuido de miles de plantas tropicales y exhibir numerosos peces en la estructura de cristal y acero que representó un tepuy, maravilla geológica mundial que en su increíble belleza sólo puede verse en la Guayana venezolana. El muy famoso arquitecto alemán Frei Otto lo comparó, en su “trascendencia”, con la Tour Eiffel y el Crystal Palace.

Ese Pabellón fue traído a Barquisimeto hará tres años; pero está en lamentable estado de abandono y basta mencionar que casi todos los otrora deslumbrantes acuarios están sin peces ni agua ni función. Tampoco hay informantes ni guías. El rotundo éxito de esa obra fue de un inmenso beneficio para el país al mostrar su inigualable belleza y ahora yérguese para deleite de la ciudadanía. La ciencia de la estética y eminentes científicos enseñan que la felicidad de la vida se busca “ante todo” en el goce de la belleza (gran valor cultural) ya sea en formas y gestos humanos, en objetos de la naturaleza y la paisajística o en creaciones artísticas. (Desconcierta esa tesis porque primero la felicidad está en hacer el bien; pero como “gesto” el bien es belleza espiritual). Así que también por descuidar lo que abone la felicidad (pese a la información del Washington Post acerca de que el pueblo venezolano -según encuesta de Gallup- es el quinto más feliz del mundo) se debe deplorar el no tener a tono la belleza de tal obra; pero lo peor es no mantenerla en todo su esplendor pese a que enriquece el acervo artístico de Venezuela y es motivo de alto orgullo para la patria. Es inaudito tanto desgano, inconcebible en otras latitudes.

En 2002 unos arquitectos argentinos, poseídos del fuego de la inspiración, diseñaron un bello monumento floral -cuyos pétalos se abren y cierran según el tiempo- y muchos quieren que substituya al obelisco como símbolo de Buenos Aires, a la cual los argentinos llaman “la ciudad más bella del mundo”. Sobra aclarar que en Argentina no se descuida la obra de aquellos fecundos arquitectos, como sí en el país más bello del mundo, cuyos hombres modernos no son ni la mitad de la sombra de aquellos venezolanos de 1800…

 

 

 

 
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