Algo huele a mal en el chavismo

Carlos Ochoa

MERCURIALES
Carlos Ochoa
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“Hamlet” es la obra más extensa que escribió William Shakespeare. En ella, el autor plantea el desorden y la anarquía que se genera en la clase gobernante cuando se produce la ausencia, la muerte del rey. La locura y el extravío político del príncipe heredero (Hamlet) y de su corte los conducen de manera inevitable a un desenlace fatal.

La locura en Hamlet es política cuando tiene incidencia en lo público. Para ilustrar lo que esto significa recordemos el triste episodio del doctor Diógenes Escalante quien regresa de Estados Unidos en 1945 para participar como candidato de consenso a la presidencia,  en la transición acordada por los partidos políticos modernos y el posgomecismo. Escalante enferma de manera repentina, comienza a desvariar hasta que la demencia se apodera de su ser, incapacitándolo para cualquier postulación, lo que a la postre desencadena el golpe de Octubre que protagonizan los coroneles Delgado Chalbaud,  Pérez Jiménez y el partido Acción Democrática contra el gobierno presidido por el General Isaías  Medina Angarita.  

Las ausencias por enfermedad del Presidente Chávez y la insistencia de que el presidente manda igualito desde La Habana, y que gobernará por siempre, desata una variedad de desatinos y demonios en el chavismo que  los hace entrar en tensión, esto se observa en la agresión contra el candidato Capriles, víctima de los más variados insultos y descalificaciones personales.

 Como en algún momento se conoce de Hamlet, éste no está bien, pero algunos piensan que pudiese ser una actuación y está tramando algo. Ese “algo” lo está temiendo un sector de la oposición con respecto a Chávez, y como dice el paisano Alberto Franceschi en uno de sus escritos, Chávez y los Castro pudiesen  estar preparando  “algo gordo”. La designación que hizo el paciente presidente desde el balcón de Miraflores de un comando secreto antigolpista, pudiera entenderse como un desvarío más del Comandante, pero también como en Hamlet pudiera ser el anuncio de otra cosa, algo velado, oscuro, un plan para mantener a uno de los suyos o a varios  en el poder a trocha y mocha, aún después de la derrota que se les augura el 7-O y de la eventual desaparición física o incapacidad  del líder. ¿Se trata de un autogolpe? Hay quienes piensan que están trabajando para ese escenario.

En la Dinamarca en que transcurre la obra de Shakespeare hay dos reyes, uno muerto (el padre de Hamlet) que es una sombra, un fantasma que advierte, presagia, planea, y otro (el propio Hamlet) quien conspira, intriga y actúa, pero como una sombra, Hamlet vive la tragedia de no gobernar.  La pregunta que tenemos que hacernos los venezolanos en este momento es: ¿gobierna Chávez o su sombra cubana? Y si no gobierna ninguno de los dos ¿quién gobierna entonces?

“Algo huele a mal en Dinamarca” le dice a Hamlet el fiel Horacio para indicarle que no ha hecho nada por su pueblo, que se pierde por el desgobierno en que lo tiene sumido el príncipe enloquecido por los deseos de venganza y odio que agotan todas sus fuerzas. Hoy en Venezuela el chavismo huele más que mal, digamos que cuando un proyecto político se agota y se pierde por la corrupción, la ausencia de justicia y la ineficiencia, no hay perfume ni dadiva que disimule el tufo.

 

 
Carlos OchoaCarlos Ochoa
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