Argentina, América Latina y Europa

REPIQUE
Mélida Qüenza Ponte 
mq0105@hotmail.com   

 

            A ningún latinoamericano, a ningún ciudadano que tenga entre sus prioridades la libertad, la independencia y la fraterna convivencia entre los pueblos, pudo no satisfacerle ese grato momento cuando la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, anunció la expropiación del 51% de Repsol en la petrolera YPF. En verdad lo que extrañó fue que la nación sureña soportara tanto tiempo la explotación desproporcionada de un recurso natural que no le reportaba los beneficios que debía generarle esta actividad como país dueño de ese recurso.

La extrañeza viene por el giro político y económico que los Kirchner, primero Néstor y luego Cristina, aplicaron al gobierno argentino desde hace varios años, dándole a la soberanía un valor de primer orden. La decisión de la presidenta Cristina representa el necesario sacudón de los restos de colonialismo, desigualdades y abusos que persisten en nuestro continente.

            La reacción adversa de España y el respaldo que ha recibido de otros países de la Unión Europea es comprensible, más en estos momentos de crisis que los envuelve, que los hace plegarse cada vez más a los planes expansionistas de las fuerzas dominantes de la economía mundial. Todo el mundo es testigo de lo que son capaces por conseguir petróleo, ese afán por las riquezas originó la invasión a Irak con todos los horrores de esa incursión armada, ese mismo interés llevó a las potencias a atizar los enfrentamientos en Libia y el posterior asesinato del presidente Gadafi para controlar el petróleo libio y también mueven todas las piezas para repetir la acción libia en Siria… y tienen como punta de lanza a Israel para el ataque a Irán, por solo recordar algunos casos. La crisis los une, además siempre está latente el sentimiento colonialista, no en balde se ve normal que Inglaterra siga usurpando la soberanía argentina en Las Malvinas.

            No es el caso de América Latina. El respaldo de los latinoamericanos a Argentina por la reafirmación de su soberanía, por ejercer su legítimo derecho a explotar y comercializar un recurso de su subsuelo, no es cuestión de bravuconadas, de querer enfrentar a un pueblo contra otro, es simple y llanamente ser consecuentes con los principios de justicia, equidad y de desarrollo que sustentan los gobiernos que en forma libre y democrática se han dado los pueblos de este continente.

            Con sus errores y sus aciertos, en el centro y sur de América han despertado conciencias y un arraigado sentimiento de defensa de lo propio, de los valores humanos, que parecieran poco importar ahora en la Europa atormentada por la crisis, degradada en aquello que hoy revaloriza nuestra América, la condición humana.

 

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