El caos por venir

Axel Capriles

Axel Capriles


AXEL CAPRILES M.
acaprile@ucab.edu.ve 

 

Un Estado fallido indica un fracaso social y económico que devora a todos por igual

 

El cuerpo sudado de Yorman Hernández convulsionando repetidamente entre los presos hacinados en “El Fogón”, la celda de la División de Capturas del Cicpc en El Rosal, no es un signo de la corrupción que carcome a los organismos de seguridad del Estado (Yorman murió porque la familia no pudo pagar la extorsión) sino un símbolo de la condición actual de la sociedad venezolana. Estamos atrapados en una crisis de autoritarismo y vacío de poder, de criminalidad y corrupción. Lo peor está por venir.

En el comienzo de su mandato, el presidente Hugo Chávez, emulando al rey Luis XIV, dijo que él era el Estado. Trece años de personalismo político y destrucción institucional han convertido su expresión en realidad. Chávez es hoy el único hilo que mantiene un cierto nivel de coherencia en el país, el único referente de autoridad sobre las pulsiones anarquistas del chavismo, los colectivos armados, las milicias, los invasores, los cuadros militares vinculados con el narcotráfico, los malandros, las bandas del crimen organizado. De agravarse su salud, la eventual desaparición física del Presidente nos dejaría sin Estado y haría evidente lo que ya somos: un Estado fallido.

Casi todos deseamos que la paz y la unión que predica Henrique Capriles se conviertan en realidad cuando él asuma el poder (si lo dejan llegar). La realidad, sin embargo, nos obliga a ser mucho más prudentes y a prepararnos para el caos por venir. Como en el loco maníaco cuyos delirios contienen su colapso, la sociedad venezolana se ha mantenido pendiendo de un hilo que guinda del símbolo que soporta su locura. La desaparición de ese símbolo producirá la estampida de nuestros demonios. El nerviosismo en el alto gobierno convierte en una opción muy probable el auto golpe militar como fórmula de contención temporal de la anarquía. Un Estado fallido no sólo se expresa en la erosión en la autoridad del gobierno o la pérdida del monopolio en el uso legítimo de la violencia, sino que indica un fracaso social y económico que devora a todos por igual.

 

 

 

 

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