HENRIQUE VS. EL PLAN NERÓN

Thays Peñalver


THAYS PEÑALVER
@thayspenalver
tpenalver@me.com

 

El dilema que plantea en el plano político (que no humano) la consigna “socialismo o muerte” ha sido resuelto y el “chavismo” como fenómeno de masas va a implosionar en los próximos meses. Es inevitable y las consecuencias pueden ser desastrosas. La república enfrentará su peor prueba. Debemos desarmar el “Plan Nerón” que se está montando en Venezuela. Digo Nerón porque no pocos consternados por su negro futuro, van a pasar a la fase de encender el fuego e incendiar de punta a punta a Roma.

A Henrique le ha tocado una tarea no muy grata, la de enfrentar el dramático cambio, y los estertores de una terrible e inevitable transición. Tarea difícil porque la transición siempre devora a los buenos hombres. Ingresó pues, Henrique, al muy selecto grupo de Patricio Aylwin, Raúl Alfonsín, Adolfo Suárez, Mijail Gorbachov o el trigobierno Sarney-Collor de Mello-Franco en Brasil. Por lo que la tiene doblemente difícil, ganar y luego sobrevivir. Por eso además de un buen gerente, un buen candidato, un conciliador y un agrupador de voluntades opositoras como está demostrando ser, requiere de un poco más.

 

Debe trascender a esa visión ingenua de un sector minoritario de la oposición que supone que se trata de una campaña electoral tradicional. Los jingles no deben prevalecer en este caso sobre la visión real del país. Henrique despegará, de eso no me cabe la menor duda, pero lo hará y ganará en el momento en que el pueblo advierta que puede garantizarle la estabilidad, cuando perciba que puede conciliar además de nuestras voluntades, las del bando contrario, es decir cuando encuentre la “fórmula”. Buena parte del poder político del chavismo, su base, la gran mayoría del sector militar, la milicia o los colectivos no saben que hacer. Muchos están esperando algo de sentido común, pero a otros no les quedará más remedio que patear el tablero de juegos. Por eso Henrique debe presentarse como la solución a los problemas que tiene el adversario aun a costa de que muchos traguemos grueso.

El asunto no es sencillo porque hay que procurar que quienes den la patada a la mesa sea el menor número posible, así que no se trata de si viene o no la patada, sino de cuántos lo harán. Hay unos y muy poderosos que están solicitados por la justicia internacional y otros que en algunos países les van a pasar factura. Otros más que se enriquecieron groseramente y algunos que ya dicen claramente que si la oposición entra a los ministerios descubrirán lo que se hizo con Gadafi, con Siria, con la guerrilla, en fin con el lado oscuro. Muchos de ellos se ven vestidos de anaranjado, tras un vidrio para comunicarse por muchos años, otros descubiertos con sus cuentas en Suiza, Caimán y Andorra.

Para aun otros, el escenario de Honduras es la vía. Tomar el poder por la fuerza y negociar en posición de fuerza como única manera de alcanzar acuerdos para sobrevivir. Así es que como bien lo dijo Sun Tzu: “Capturar el ejército enemigo en su totalidad es mejor que destruirlo; tomar en forma intacta un regimiento, una compañía, o un escuadrón, es mejor que destruirlos”. Bajo ningún concepto se debe presionar “con demasiada dureza a un enemigo desesperado”. Sin interferir en la justicia, se les debe presentar una salida a ese grupo porque si no perciben esa oferta, unos negociarán por la vía de la fuerza y otros darán una pelea que nos puede arrastrar a todos.

Finalmente debemos superar el “punto de honor”, el tema Cuba. Cuando los norteamericanos hicieron su declaración de independencia, concibieron algo vital que debemos tomar en cuenta: “No escatimamos nunca esfuerzos para con nuestros hermanos los británicos”, “apelamos a su justicia y magnanimidad”, “invocamos los lazos que nos unen con ellos” para finalmente ser muy firmes.

Me consta que los cubanos en este momento requieren de un mensaje de nuestra parte, no escatimemos pues esfuerzos para con nuestros hermanos los cubanos. Es un tema de pueblos, no de líderes. Procuremos buscar una salida en común, debemos desescalar otro de los grandes peligros que se ciernen sobre nuestro país. Se asombrarán de la respuesta indirecta, “aunque nos perturbe un poco la de micrófono”. De lo contrario, contaremos en las calles, algo más que anécdotas y si es así, que Dios nos agarre confesados.

 

Versión editada

 

 

 
Etiquetas

Artículos relacionados

Top