La sombra viene detrás

Rodolfo Izaguirre

Rodolfo Izaguirre

RODOLFO IZAGUIRRE
izaguirreblanco@gmail.com 

 

Abrumado al constatar el silencio de Dios, el caballero medieval Antonius Block, a su regreso de las Cruzadas, atraviesa una comarca asolada por la peste negra y juega ajedrez con la Muerte que lo está esperando en el irrepetible film de Ingmar Bergman: El Séptimo Sello (Det Sjunde inseglet, 1957). En un vano intento por escapar de ella trata de hacerle trampas en el tablero para imposibilitar un nuevo encuentro con sus designios. ¡Pero no hay nada qué hacer!

La Muerte aparece en el preciso instante en que nos asomamos a la vida y nos acompañará donde quiera que vaya nuestra sombra sin importar mucho si va por delante o si viene detrás. De allí la poética tristeza expresada en la célebre “Vidala para mi sombra”, de Alfredo Zitarrosa: “A veces sigo a mi sombra, a veces viene detrás. Pobrecita si me muero, ¿con quién va a andar? Sombrita cuídame mucho lo que tenga que dejar cuando me moje hasta adentro la Oscuridad”.

Cuando mi padre enfermó y soportó una delicada operación lo acompañé en la clínica toda una noche. En medio del delirio de sus fiebres, como si se conjurara consigo mismo sin testigos que pudieran traicionarlo, lo escuché repetidas veces murmurar que quería irse a Trinidad. Resultaba extraño porque jamás se le oyó mencionar esa isla y nunca manifestó deseo alguno por visitarla. Descubrí que se trataba de una astucia suya, una estratagema similar a la de Antonius Block: engañar a la Muerte poniendo entre ambos una isla protegida por las bocas del Dragón y de la Serpiente; el piélago de una distancia secreta a fin de que ella no pudiese alcanzarlo.

¡Pero la Muerte es astuta y taimada! Se desplaza como el aire y llega silenciosa antes de que ocurran o se sucedan las consternaciones. ¡Nada la detiene cuando decide encontrarnos! Es cierto que destruye nuestros cuerpos; pero mientras cumple su trabajo devastador también el espíritu inicia una fascinante labor de liberación.

 

En el caso de Antonius Block destruye la personalidad del cruzado pero libera el alma de quien al atravesar las profecías intenta abrir el séptimo sello apocalíptico para que termine el tiempo de gracia de los hombres.

La única vez que he visto a la Muerte doblegada ante un poder superior fue cuando Jean Cocteau la sorprendió en el film Orphée, 1950, entrando a través del espejo al cuarto del poeta para verlo dormir; porque es a través de los espejos como la Muerte entra en nosotros. Enamorada de Orfeo desobedece las órdenes y llevada a juicio es sentenciada a una pena que ningún mortal es capaz de imaginar: es que ¿hay acaso algún castigo más temible, misterioso y aterrador que el de ser uno la propia Muerte? El agitado anhelo de mi papá de engañar a la Muerte estaba impregnado de una frágil puerilidad porque la Sombra ¡siempre viene detrás! Pretendía escamotear la presencia de un silencio que ¡jamás lo sabremos! tal vez se convierte en una música gloriosa por lo inaudible que resulta para quienes aun permanecemos vivos.

Se dice que debemos irnos en paz porque de no hacerlo brotarán en el desconocido camino hacia el Misterio obstáculos no deseados, presencias funestas e inconvenientes.

Algunos asumen la vida como una enfermedad y terminan por medir y acortar los pasos que los separan de las Tinieblas. Otros se aferran a sus pertenencias cuando advierten las señales del cáncer de la fatalidad y se empeñan en luchar contra él transformando lo inevitable en un desolado campo de batalla, en un enfrentamiento pugnaz pero inútil y estéril en lugar de abandonarse al sueño y dejar sueños que otros heredarán; no pertenecer; ¡dejar atrás las bocas del Dragón y de la Serpiente y suave y dulcemente dejarse ir, sumergirse en la Oscuridad!

 
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