Santos Yorme

Manuel Felipe Sierra

Fábula Cotidiana
Manuel Felipe Sierra
manuelfsierra@yahoo.com
Twitter: @manuelfsierra 

 

            El nombre de Santos Yorme era una obsesión para Pedro Estrada. Pasaban los meses y los esbirros de la Seguridad Nacional no daban con el misterioso personaje. En las esquinas de El Paraíso, Santos Yorme dejaba las precarias hojas de Tribuna Popular, el diario del Partido Comunista de Venezuela. El tenaz opositor de la dictadura era ya un dirigente formado en el marxismo venezolano que había asimilado dos de sus clásicas enseñanzas: una disciplina de acero y la indisoluble vinculación entre el partido y la prensa. Era un “publicista”, en la acepción leninista del periodismo.

 

            En febrero de 1956, Santos Yorme viaja a Moscú y oye el terrible informe de Nikita Kruschev ante el XX Congreso del PCUS en el cual baja de la estatua a José Stalin. La reunión sirvió para corroborar lo que era un comentario castigado hasta entonces con el estigma: Stalin, junto a su fama de férreo combatiente, combinaba además la personalidad de un déspota cruel y despiadado.

 

 

Pompeyo Márquez

           El 23 de enero de 1958, Santos Yorme regresó a su verdadera identidad: Pompeyo Márquez.  Dirigente comunista desde los años finales del 30, se había iniciado en la Federación de Estudiantes en 1936, vendiendo el periódico La Voz del Estudiante, junto con Enrique Tejera París. Ya daba muestras de un temperamento especial para las responsabilidades como dirigente político. El petróleo, la economía, la reforma agraria, los conflictos internacionales y los problemas de las comunidades no le eran ajenos. Por la vía indirecta del peruano José Carlos Mariátegui, tenía una visión del comunismo matizada con rasgos nacionales. Sanjuanero a carta cabal en su tiempo libre, fue second del legendario campeón peso pluma Oscar Calles y se hizo asiduo a las veladas bailables con las orquestas de Rafael Minaya y Luis Alfonzo Larrain.

           

          A la caída de Pérez Jiménez, Márquez ingresa  a los más altos niveles del PCV. El Partido Comunista no era entonces un partido cualquiera; tenía una influencia decisiva en los medios estudiantiles, intelectuales y obreros; tanto que en las elecciones de 1958 se convirtió en la segunda fuerza electoral en Caracas. Los hechos de los años siguientes condujeron al partido a la lucha insurreccional. Márquez asumió la nueva política: ¿era posible otra conducta en un dirigente sometido a las reglas del centralismo democrático?  No obstante, desde la clandestinidad inicia una reflexión sobre la inviabilidad de la rebelión armada en un país que recién veía coronado el sueño de la democracia. Sus artículos, con el seudónimo de Carlos Valencia aparecen en las fugaces publicaciones de la izquierda, y van definiendo la línea de la “paz democrática” que provoca luego la ruptura con el sector encabezado por Douglas Bravo, quien colocaba todas las cartas en la mesa de la lucha guerrillera.

   

        El explosivo testimonio de Kruschev en 1956; el fortalecimiento de las democracias europeas en la  postguerra; la convicción de que la libertad es un valor no sujeto a negociaciones conceptuales; y la agresividad militar soviética para aplastar disidencias en la Europa del Este, abrieron un proceso de discusión en los partidos comunistas de Italia, Francia y España. Teodoro Petkoff en Venezuela, en memorables textos, propone una revisión de las coordenadas del socialismo real.  Como era natural, en el PCV se abre un debate que originalmente tuvo un carácter generacional. Petkoff, Alfredo Maneiro, Freddy Muñoz  y Germán Lairet son sus más entusiastas voceros. Era de esperarse que Márquez – por sus vínculos afectivos durante años y las huellas de su formación- se aferrara a la ortodoxia.  Pero no fue así.  Al frente de otros dirigentes como Eloy Torres, Argelia Laya y Carlos Arturo Pardo, se suma  a las tesis renovadoras que dan nacimiento al Movimiento al Socialismo.  Márquez es nombrado presidente del nuevo partido y en las elecciones de 1973 resulta electo senador. Inicia una activa lucha por compenetrar al MAS con los poblemos nacionales y contribuye a definir la línea de enfrentar al bipartidismo de Acción Democrática y Copei. Siempre asociado al periodismo como un instrumento indispensable en la construcción de los partidos, (no por casualidad había  fundado 19 publicaciones) promueve  el diario PUNTO, con el aporte económico que ofrece Gabriel García Márquez al ganar el Premio de Novela “Rómulo Gallegos” en 1972.

 

          Ya el MAS se revelaba como una referencia importante del escenario político y “el socialismo a la venezolana” más que una expresión partidista se convertía en un detonante cultural y social. En otros países crecían las adhesiones al eurocomunismo.  Durante dos años me tocó estar al lado de Márquez en la proeza diaria de mantener un periódico de oposición.  En cierta ocasión se concertó una entrevista en Paris con Santiago Carrillo, el líder español convertido en el icono del eurocomunismo.  Ya era inminente la muerte de Franco y la apertura de la transición española. Una tarde después de una búsqueda de varias horas conversé con el mítico líder del antifranquismo en un oscuro y laberíntico apartamento del Barrio Latino. Carrillo  estaba informado en detalles de lo que ocurría en Venezuela y entusiasmado con el futuro del MAS.  Escribió unas líneas para su amigo venezolano y antes de despedirnos me dijo: “recuérdale a Márquez que dictadura, ni la del proletariado”.   Santos Yorme cumple esta semana noventa años. 

 

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Un Comentario;

  1. hender zabala said:

    Excelente artículo¡ Una breve pero precisa narración de larga actividad de Santos Yorme. Asistí a varias de sus conferencias en el cine Granada de la Pastora y en otro en San Martín, cuyo nombre no recuerdo. También al Nuevo Circo cuando se fundó el MAS; después, por el año 70, yo repartía PUNTO en la UCV y me acusaban de revisionista y traidor.

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