AL BORDE DEL ABISMO

al borde del abismo 273La pequeña política
Espantapájaros
avizor.uno@gmail.com    

 

 “Lo que por estar yo siempre en el mismo sitio, no veo y otros ven, lo trato de compensar pensando en lo que otros, por andar de rama en rama, quizás no alcanzan a pensar.”
Escrito para gente inteligente

 

Proscenio

Sobre el color del futuro les escribí la semana pasada, pero ex profeso no les dije cual sería ese color. Preferí dejarlo así porque al final, compréndanlo, mis queridos pajaracos y pajaritas queridas, el color del futuro será aquel que nosotros mismos querramos.

Yo a veces me incluyó con ustedes y despues me preguntó si será que lo hago porque meditando, desde aquí en el descampado, llevando agua y sol, me siento a veces investido de cualidades humanas, siendo que soy – y bien lo sé- hecho de palo, aunque mis charreteras y mis cinco soles tenga, y también tenga yo el porte que inspira respeto en cuanto pajaro o pajarraco pasa por aquí.

También tengo mi corazón. Los sentimientos no los puedo evitar. Quiero a los pájarracos, a las pajaritas, a Águilas y Halcones, a Gallos y pollitos, a todo el que tiene plumas y las que tienen plumas mucho más. Hasta a Águila Uno, que ha cometido tantas tropelías, le tengo un inmenso cariño, y hoy día compasión… pero a decir verdad, todo lo que les digo es virtual.

Si yo tengo corazón es un corazón virtual. No así las poderosas herramientas con las que me dotó mi genial creador, y aquellas que uno a uno, Uds. me han ido regalando para mejorar mi capacidad de desentrañar el presente y descubrir el futuro permitiéndome alertarles sobre cosas que están ocurriendo y cosas que han de venir, algo que logro concretar viajando mas allá del presente para verlo venir, colocadome yo en la cima del futuro.

Comencemos hoy por decirles que lo que más percibo hoy en las filas de Águila Uno es miedo, el miedo que suscita la proximidad al precipicio. Lo mismo que siente Águila Uno, al asomarse a media noche a las ventanas del Más Allá. Y que hasta al Cóndor del Caribe le provoca desvelos.

 

Las tribulaciones de Águila Uno

No, Águila Uno no quiere morir como el Libertador, no quiere correr la misma suerte de aquel de cuyos huesos sintió emanar el elixir de la eternidad aquel 16 de julio ¿fue un 16? Aquel 16 de julio, cuando frisando la media noche, se asomó a su catafalco en el año bicentenario del primer 19 de abril.

Águila Uno no quiere morir como el Libertador, desterrado en Santa Marta. Si a de morir, prefiere Cuba… tampoco quiere emitir aquella proclama bobalicona de Bolívar: “Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión…”  No, Águila Uno no abriga esos sentimientos. Pese a ser diez años mayor, cuando ve aproximarse el momento decisivo, aún se aferra a la fe que había perdido, sin darse cuenta de que esa fe puede curar el alma, pero rara vez sanar un cuerpo herido.

Se ha dicho que los hombres más poderosos que ha conocido la Humanidad murieron traicionados por aquellos en quienes más confiaban. Y Águila Uno no será la excepción. Armado hasta los dientes, rodeado de una guardia pretoriana en la que ni siquiera sus coterraneos pueden participar, con una casaca de leyes que le permiten hacer y deshacer en un santiamén, Águila Uno ha sido traicionado por lo más íntimo de lo más íntimo, por su propia humanidad.

Águila Uno no va pa’l baile. Se los he dicho una y otra vez. Y todas las maniobras que realiza para no entregar el poder a su vicepresidente, lleván un solo objetivo. Mantener la ficción de que si será candidato para que no se le disperse antes de tiempo esa amalgama de pillos y hombres de buena fe que conforman la esctructura humana de la fuerza política que ha logrado aglutinar.

 

El soliloquio del cóndor

Claro, todo esto no lo hace solo. Sigue escuchando mucho a su padre adoptivo, a aquel a quien en verdad le entregó el poder que los venezolanos le otorgamos con el voto. Me refiero al Cóndor del Caribe, al mismísimo Fidel. Entregar el poder a Jaua, le dice el Cóndor, te enajenaría la buena voluntad de Maduro. También la de Adán y Diosdado. Lo mismo ocurriría si se lo entregas a Maduro. Entregárselo en cambio a Diosdado, implicaría lo mismo, pero al revés. Además, la añade para reconfortarlo. Además, ya verás que vas a curar.

El único que, por su edad, no despertaría mayores rivalidades, se dice a sí mismo el Cóndor, el hombre que abriría el camino a una transición, es el pajarraco José Vicente. Sería lo que ha sido Benedicto XVI para el Vaticano. Un hombre que por su edad no durará mucho tiempo. Pero, se pregunta el Cóndor, ¿como decirselo a Águila Uno sin que monte en cólera, pensando que ya no tengo fe en que se podrá recuperar? Además, la verdad es que no le tengo demasiada confianza al Cuervo José Vicente. Es demasiado resbalozo. Y aún no tengo claro si aguantará Aguila Uno unos mesesistos más.  Lo cierto, continúa, es que el tiempo es oro, no que queda mucho tiempo y lo necesito… para ir yo, reflexiona el Cóndor del Caribe, para ir yo posicionando mis piezas y preparando el terreno  para que Cuba sufra los menos posible. Que vaina nos ha echado Águila Uno, enfermándose cuando más lo necesitabamos.

 

El halcón de los gusanos

Tengo que medir además a ese  halconcito que me han lanzado los gusanos del imperilismo, continúa el Cóndor. Lo que más me preocupa es que ese gusanito nació enmantillado. Yo siempre leo lo que dice Espantapájaros, como sé que el lee lo que yo escribo, y la verdad es que lo que decía la otra vez es muy cierto. Un pajarraquito, que era todo lo que entonces era, que llegó a Presidente de la Cámara de Diputados sin ser aun diputado, alguna magia tiene  que tener. Y luego que nosotros mismos hayamos cometido el error de catapultarlo, es algo que yo no me puedo explicar aún. Con razón decían los griegos que los dioses ciegan a quienes quieran perder.

¿Será que me quieren perder a mí, al Cóndor del Caribe, al mejor estratega que ha conocido la Humanidad en el último medio Siglo, al hombre que ha sobrevivido una y otra crisis? ¿Al hombre que solo aspira ahora a marcharse poco a poco al otro mundo, dejando su huella allí para la historia?

De otra manera como explicarme que Aguila Uno lo haya puesto preso para desagraviarme por aquello de la Embajada cubana, y lo que hizo fue catapultarlo. Y confieso que me gustó el gesto, que es lo mas grave.

¿Como explicarme que  cuando se lanzó a gobernador, el mismo Águila Uno me haya venido a decir, ya inhabilité al pajarraco Mendoza, que es el candidato más fuerte, y así Diosdado no tendrá problema en raspar al halconcito, y yo mismo lo felicité… cuando lo que en verdad logró inhabiliatando a Medoza fue unificar a los gusanos para que derrotaran al pajarraco Diosdado?

Si, ese halconcito me preocupa, me preocupa mucho y a veces no se realmente que hacer. Porque a lo mejor, como en otras ocasiones, los dioses me ciegan, y queriéndolo detener, termino ayudándolo a ganar.

 

Epílogo

Mientras Aguila Uno cavila al borde del Más Allá y el Cóndor cavila al borde del más acá, las huestes de Águila Uno, se asoman temblorosas al precipicio de un futuro que no logran descifrar.

Por eso, mis queridos pajarracos y pajaritas queridas, por eso, mi entrañable bandanda, yo me salto por encima el presente, me monto a diario en la montaña del futuro y, desde allí, veo venirse de frente el Porvenir.

¿De qué color es el futuro? Esta vez sí se los voy a decir, tiene un color clarito… el color transparente del abismo.

 
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