Ideas del príncipe…

María Isabel Párraga

MARÍA ISABEL PÁRRAGA B.
mariaisabelparraga@eluniversal.com 

 

“¡Con mis reales no te metas! ¿Resultado?: El recule. Que si sí, que si no. Que eso era sólo una idea

 

“No es fácil aconsejar y servir a un príncipe extremadamente arbitrario en sus ideas, inteligente, mas sin discernimiento ni principios, ser muy celoso de su autoridad, irritable y de extrema inconsistencia en sus amistades”.
Barón Von Mareshal

Esta cita me la entregó en un papelito escrito de su puño y letra el hombre más honesto que he conocido en mi vida: un viejo guerrero que a sus 82 años habla con la dignidad de un general de los de antes, de los que no se enriqueció, de los que siempre puso la institución por encima de todas las cosas, de los que pensaba que los militares estaban para defender la soberanía y la Constitución. “¿A quién se te parece?”, me preguntó mi papá quien la acababa de leer en un libro. No hay que tener demasiada imaginación para encontrar las semejanzas. Luce más bien un retrato hablado. 

Y es que no debe ser fácil estar al servicio de un príncipe como el que se describe. Más allá de la egolatría y el mito autogenerado y exacerbado por una muy buena campaña propagandística, está el hecho de gobernar por caprichos. Pareciera que cada decisión es producto de un “se me ocurrió anoche” y quienes vengan tras de mí, que arreen con esa “ocurrencia”. El término “planificación” es considerado una expresión tecnócrata burguesa y, al final, la “genial idea” termina convirtiéndose en un dolor de cabeza para quienes tienen que ponerla en práctica y, por supuesto, un verdadero desastre en la realidad. ¿Un ejemplo claro y reciente? El tema de la reforma de la Ley del Trabajo y en ese contexto el asunto de las prestaciones sociales y el fondo administrado por el Estado. Malo es que al “príncipe” se le haya ocurrido la medida que generara el “retiro en masa” por parte de muchos trabajadores que actuaron ante el temor de ver en un “barril sin fondo” sus ahorros laborales, pero peor es que sus colaboradores más cercanos, los del principe como siempre le aplaudieran la idea sin atreverse a advertirle de sus consecuencias.

El príncipe quiere mantenerse en el poder a toda costa y la Reforma de las Prestaciones era el mecanismo perfecto para poder hacer populismo del bueno, de ese que se bate rudo en campaña electoral. Sin embargo, nuevamente desestimaron la inteligencia y la madurez de los venezolanos, quienes ya no cambiamos “espejitos por pepitas de oro“. La “estafa” estaba en el ambiente y la respuesta no se hizo esperar. Hasta los sindicatos vinculados al oficialismo saltaron al escuchar el cuento del “fondo administrado por el gobierno”: ¡”Con mis reales no te metas”! ¿Resultado?: El recule. Que si sí, que si no. Que eso era sólo una idea. Un papel de trabajo. Que si no va a ser obligatorio y un largo etcétera de disculpas. El príncipe habla y el resto que arree.

 

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