Musiúes


ALICIA FREILICH
alifrei@hotmail.com 

 

El trato al inmigrante es referencia básica para diagnosticar a un pueblo y sus gobiernos. La tiranía gomecista lo aceptó como gente industriosa y pobre que requería trabajo, y oficialmente fue un extranjero con opción a ser naturalizado. Se le exigió radical apoliticismo como al resto del silenciado país.

Esa oleada en su mayoría de Europa y el Oriente Medio se expandió por aquel territorio aldeano vendiendo mercadería seca y alimentos a pobladores palúdicos, descalzos y analfabetas, que con afecto le puso nombres, indistintamente polaco, turco, franchute, perolero, marchante, cuotero, hasta llegar al vocablo musiú, que abarcó a todo forastero.

La palabra, derivada de monsieur, indicaba respeto y simpatía por aquellos caminantes bajo el duro sol en liquiliqui de dril, corbata, gorro y calzado de cuero, pioneros del comercio de crédito al detal.

El intervalo que siguió hacia la dictadura perezjimenista y hasta fines de los años cincuenta conservó un reglamento aplicado en casi toda Latinoamérica desde comienzos de la hecatombe europea que negaba el acceso a los judíos; pero, de hecho, con artimañas, esta nación alojó a perseguidos y sobrevivientes de todo sitio y credo, antes, durante y luego de la Segunda Guerra Mundial.

Prohibida la militancia partidista a nativos y musiúes por igual, el recibido fue factor decisivo en la modernización de la capital y en el inicio de una productividad consolidada en los siguientes cuarenta años democráticos con una clase media diversificada y en progreso. Portu, gallego, macarrón, paisa, pana, manito, ejercieron su derecho legal a la ciudadanía plena adquirida a costa de esfuerzo laboral y su libre integración política, económica y cultural.

Siglo XX de autoridades y comunidad en llave para hospedar y hermanar con los parias del mundo.

Desde hace catorce años, el cubano, el chino, el ruso, el bielorruso, el iraní, esclavo y mercancía de canje para sus gobernantes autócratas, llega a esta posada en ruinas y recibe de inmediato privilegios en documentación y empleo con otras ayudas.

El venezolano de origen, residente o nacionalizado, ahora es el musiú pero distinto, porque, víctima de tanto odio y desprecio militarmente ideologizados, se contagia, reacciona y da síntomas de un mal ajeno a su naturaleza. La xenofobia. Fascismo tropical.

Tema urgente para la creadora reflexión todavía sana.

 

 

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