¿REFORMAR AL ESTADO?

Nelson Acosta

 

La política es así
Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com 

 

El tema ha estado ausente de la agenda pública por dos décadas y media. Sólo a finales de los años ochenta la reflexión sobre la necesidad de acometer una Reforma del Estado adquirió una intensidad inusitada. En 1984 se nombró la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado que produjo numerosos  análisis, estudios y propuestas que lograron suscitar consenso en la opinión pública nacional. Sin embargo, estos estudios no fueron implementados debido a la incomprensión del liderazgo político nacional de la época acerca de la profundidad y agotamiento del sistema político democrático.

Es importante destacar la organización y realización de dos eventos cruciales sobre este tema, ambos llevados a cabo en el año 1985. Uno  en la ciudad de Maracaibo denominado I Asamblea Nacional para la Reforma del Estado y el otro celebrado en la ciudad de Valencia bajo el nombre de Simposio Nacional. La reforma del Estado,  la Región y los Nuevos Actores políticos.  En ambos  participaron representantes del sector privado, la clase política nacional, gremios, asociaciones, el sector gubernamental y universitario. Se logró generar un consenso sobre la necesidad de implementar reformas al estado que impulsara nuestra  democracia hacia formas de organización y participación que promovieran una mejor y más eficiente distribución del poder.

Sin embargo, los sucesos posteriores mostraron la poca voluntad de esta dirigencia para embarcarse en la propulsión de cambios que permitieran superar la crisis del sistema democrático. En el año 1999 se convocó a una Asamblea Nacional Constituyente que adoptó una nueva Constitución que contiene importantes reformas institucionales. Estas modificaciones no cuajaron en el proceso de Reforma del Estado que exigía la democracia venezolana. Este proceso constituyente fue utilizado para “constitucionalizar el autoritarismo” y echar las bases de la construcción del llamado Estado Comunal.

Estamos frente a una situación política-electoral definitoria para el futuro del país. A pesar de esta circunstancia este punto no ha sido incorporado al debate electoral. Puede resultar comprensible la dificultad que pudiera presentar este tema para su tratamiento publicitario.  Se requiere de imaginación y formación política. Hay argumentos, sin duda,  insoslayables; por ejemplo las relaciones de la sociedad y el estado, el ejercicio de la soberanía por el pueblo, el régimen de derechos y deberes ciudadanos; distribución territorial del poder público; estructuración federal del Estado, etc.

Parece apropiado preguntarse ¿después de las elecciones, qué? En otras palabras, un triunfo electoral no bastaría, habría que refrendarlo con la capitulación discursiva  del adversario y el desplazamiento de conceptos obsoletos que todavía informan prácticas políticas de la oposición. Un antagonismo  marca el futuro de nuestra vida republicana: por un lado, la visión que postula la centralización del Estado y un enfoque autoritario de la política; por el otro,  la opción que predica sobre la necesidad de distribuir el poder y apostar por un federalismo descentralizado. Esta dinámica proporciona el marco dentro del cual se producirán los desplazamientos en la búsqueda de nuevas formas de ejercer la política que sustituya las que han prevalecido en nuestro pasado reciente.

La coyuntura política ofrece una oportunidad para ubicar este tema en la agenda política y electoral. Es indispensable incentivar esta discusión y llevarla a la consideración de los actores colectivos, públicos y privados. Dignifiquemos la voluntad ciudadana y evitemos otra frustración de carácter histórico.

 
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