A IMAGEN Y SEMEJANZA

Lluís Bassets


LLUÍS BASSETS
lbassets@elpais.es    

 

Hay escasa seguridad en la zona. Los robos nocturnos se suceden en la aldea. Así es como tres hermanos, hombres jóvenes y fuertes en la veintena y la treintena, deciden turnarse para evitar que los ladrones les quiten sus pertenencias. En un cambio de turno, uno de ellos ve por la ventana a dos hombres sospechosos que merodean a unos 50 metros de la casa. Llama a sus hermanos y salen los tres, dos de ellos con cuchillos y otro con un palo. Cuando se hallan a pocos metros exigen a los dos sujetos que se identifiquen, momento en que uno de los sujetos desenfunda un arma, dispara y da a uno de los hermanos.

Los otros dos saltan sobre los merodeadores que les reciben todavía con más disparos. El primer herido todavía se mantiene en pie y dos yacen en el suelo cuando aparece un pelotón de uniformados, gritando: stop, stop. El alivio inicial con que les reciben los lugareños atacados termina pronto, porque los soldados también les disparan y rematan. 

Uno de los hermanos muere a los cinco días en el hospital donde le han operado de los cuatro impactos de bala en el abdomen. Los otros dos sobreviven tras ser también operados de los balazos, uno en el cuello y espalda y el otro con cuatro en el abdomen. Los dos merodeadores que realizaron los primeros disparos eran militares camuflados, que habían penetrado de noche en el pueblecito en unas maniobras acompañados de una unidad entera del ejército. Los servicios de información militares aludieron al principio a un ataque terrorista con palos y cuchillos, aunque pronto abandonaron esta versión de los hechos. Uno de los soldados se halla por el momento separado del servicio y un mes después del ataque mortal el fiscal general militar ha abierto una investigación. 

La narración que han hecho los dos supervivientes revela una ristra de ilegalidades: el ejército en cuestión realizó maniobras sin aviso previo en una zona de viviendas, dos militares iban vestidos de civil, todos llevaban las armas listas para disparar, no atendieron a los requerimientos de identificación, una vez heridos los paisanos fueron los propios militares quienes dispararon con efectos letales sobre uno de los hermanos, ninguno de los disparos se dirigió a las extremidades inferiores como corresponde cuando se quiere frenar una agresión real o supuesta sino a la parte central y superior del cuerpo. 

El testimonio ha sido recogido por una ONG de defensa de los derechos humanos, que es la que ha difundido los hechos. No es difícil adivinar dónde. Podría ser un episodio de la conquista del Oeste americano. O un grave incidente de una ocupación bélica: alemanes en Francia, japoneses en China, rusos en Alemania o estadounidenses en Vietnam, Afganistán o Irak. También cuadraría con las guerras coloniales europeas en África, españoles en el Rif, franceses en Argelia o italianos en Abisinia. Incluso serviría de marco para una escena como esta el apartheid surafricano o el profundo sur de Estados Unidos de la discriminación racial. 

Sucedió el 27 de marzo, en Kafr Ramun, una aldea de la Cisjordania ocupada. Las víctimas fueron los miembros de la familia Shawakhah. Los hechos se han conocido porque el Estado responsable tiene la fortuna de contar con una de las organizaciones de defensa de los derechos humanos más serias y acreditadas que se conoce en la región. Se denomina B’Tselem, nombre hebreo que sale de la frase del Génesis en la que se nos habla de la creación del ser humano: “Y Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza”. Según esta organización israelí, en la expresión “a su imagen y semejanza” se concentra la idea de que todas las personas han nacido iguales en dignidad y en derechos, tal como se recoge en la Declaración Universal. 

B’Tselem no tiene opiniones sobre las soluciones políticas al conflicto entre israelíes y palestinos, pero sí sobre los atentados a la dignidad de las personas y a la igualdad entre los ciudadanos, con independencia de quien los perpetre o los sufra. En su informe de 2011 sobre Gaza y Cisjordania, que no incluye todavía el incidente de Kafr Ramun, señala como cada año las violaciones cometidas por ambas partes. En 2011, 115 palestinos perecieron bajo fuego israelí, 105 en la franja de Gaza y 10 en Cisjordania; 18 de los cuales eran menores de 18 años. De los fallecidos en Gaza, 49 fue en enfrentamientos armados, 14 como objetivos de asesinatos selectivos y 34 sin que tomaran parte en las hostilidades. Dos más murieron alcanzados por fuego de los colonos. 

Del otro lado, fueron once los israelíes que perecieron en manos de palestinos, como sucedió con los cinco miembros de la entera familia Fogel en el asentamiento de Itamar en Cisjordania; además de seis civiles y un militar que murieron en un ataque con bomba y armas automáticas en Eilat, cerca de la frontera egipcia.

 

Fuente: http://blogs.elpais.com


 

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