¡Anótate a la paz!

José Ángel Rodríguez Reyes
joseangel67@gmail.com 

 

Hay que poner de relieve el papel que tienen las mujeres en la tarea del desarme

 

Un hecho motivante es observar en las estaciones del Metro, los numerosos anuncios publicitarios de la campaña “Desarma la Violencia, ¡Anótate a la Paz!” que adelanta la Comisión Presidencial para el Control de Armas, Municiones y Desarme. La nota resaltante de esta campaña es la diversidad de artistas, deportistas y periodistas, los cuales, dejando de lado cualquier tipo de diferencias ideológicas o política, se unieron en el objetivo común de generar conciencia sobre la imperiosa necesidad de reducir el número de víctimas por armas de fuego, siendo el desarme de la población uno de los principales caminos para ello. En una sociedad tan polarizada como la nuestra, pocas veces hemos visto una iniciativa impulsada por el Estado que genere tanto consenso.

Sabiendo que ninguna política de desarme es efectiva sin un fuerte componente educativo, es una aspiración que esta innovadora campaña logre derrumbar los poderosos mitos que sobre el armamentismo se han arraigado entre nosotros de diversas formas. El principal mito a derrumbar es la supuesta eficacia que tiene el arma de fuego como medio para la defensa personal. En ese sentido, vale la pena resaltar la opinión de Antonio Rangel Bandeira, coordinador de movilización de la “Campaña de Desarme Voluntario” en Brasil, quien expresa que ciertamente un arma de fuego es un excelente instrumento de ataque, pero un pésimo instrumento de defensa; la razón de ello radica en que los factores esenciales para que una ofensiva sea exitosa, como es el planificar el ataque y utilizar el factor sorpresa, están en poder del delincuente y no de la víctima.

Otro mito o prejuicio a derribar, tal como lo señala Elle Page de la Red de Mujeres Iansa, es la asociación que se hace del arma de fuego con una distorsionada visión de la masculinidad. Es un hecho que los mayores usuarios de armas son los hombres, los cuales, al sentirnos marginados por factores sociales, económicos e incluso afectivos, solemos reafirmar la autoestima a través del “poder” que produce tener una pistola. Por supuesto, no podemos olvidar el efecto que produce toda publicidad donde se promueve la idea que la agresividad combinada con el status que da poseer un arma son “requisitos indispensables” para conquistar mujeres y acceder a los mejores productos de consumo.

En ese contexto, hay que poner de relieve el papel que tienen las mujeres en la tarea del desarme, ya que al tener por ejemplo un diálogo franco con su pareja sobre los peligros que acarrea portar un armamento y al incentivar que sus hijos no tengan juguetes bélicos, están haciendo una contribución esencial en la reducción del poder simbólico del arma de fuego.

 

Si bien Albert Einstein decía que es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio, pienso que la persistencia y la profundización del esfuerzo formativo impulsado por la Comisión Presidencial, es justamente el camino para lograr que toda la sociedad, como dice uno de los eslogan de la campaña por el desarme, trabaje en equipo para darle un alto a la violencia.

 

 
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