Club de referentes

Juan M. Raffali

Juan M. Raffalli


JUAN M. RAFFALLI A.
jraffalli@rdhoo.com 

 

Retirarse de una institución cuyo propósito es defender los derechos humanos, es un acto inexplicable

 

El Presidente, visiblemente afectado, amenaza con abandonar la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, previa consulta al Consejo de Estado, el cual pareciera que finalmente tendrá rostros y actividad. Lo del retiro de la CIDH es un disparate. Retirarse de una institución cuyo propósito es defender los derechos humanos, es un acto inexplicable. Los gobernantes que rehúyen a estas instancias son los que por sus procederes temen rendir cuentas ante ellas.

La CIDH fue creada por la Convención Interamericana de Derechos Humanos. Forma parte de todo un sistema normativo y de autoridades internacionales que no puede ser desconocido pues además ello atenta contra el deber de integración latinoamericana que ordena la Constitución. Además es ofensivo para todos los países miembros señalar que un Estado parte, manipula o controla las decisiones y actuaciones de la CIDH. Retirarse de la CIDH y del Sistema Interamericano tomaría un año y esa decisión perjudicaría a todos los venezolanos pues eliminaría el derecho consagrado expresamente en la Constitución a acudir a instancias internacionales para solicitar la protección de nuestros derechos humanos.

Ante lo evidente de este error, nos preguntamos si lo de la CIDH habrá sido solo una excusa para convocar al Consejo de Estado. Este es un ente de “consulta” creado por la Constitución y regulado por una ley especial que data del pasado febrero. Es posible que el Presidente en medio de su angustia literalmente existencial, esté buscando dejar instalado una suerte de club de referentes revolucionarios para acompañar, legitimar, o incluso controlar al Vicepresidente que es su miembro de más alto rango. Eso no sería “descabellado” (o a lo mejor sí). En todo caso la operatividad de este ente consultivo no tiene por qué asumirse como algo que no es. Nosotros mismos no podemos seguir elucubrando sobre fantasmas que se ubicarían fuera de la Constitución.

En el librito está todo. Las elecciones están convocadas, que cada fuerza política corra con su mejor caballo disponible y el 7-O se verá qué pasa. Así deben ser las cosas, ese es el camino en un país con instituciones. Menos mal que este trance de la enfermedad presidencial, oculta pero sin remedio, nos agarra en el ocaso de su mandato y con elecciones convocadas oficialmente por el CNE.

 

 
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