¿Por qué fracasó el Socialismo del siglo XXI?

Julio Castillo


Julio Castillo Sagarzazu
juliocasagar@gmail.com 

 

Este jueves por la noche, mientras paseábamos a los nietos, vimos en el Mc Donald’s a la hija menor del presidente Chávez con una amiguita. A decir verdad, andaba discreta sin despliegue de seguridad, más que dos, también discretos, escoltas que la cuidaban de cerca. Estaba como una niña de su edad, disfrutando de un paseo por el Sambil de Naguanagua. Lo único que la diferenciaba del resto de los viandantes era una franela con la cara del Che Guevara.

Hace poco, cuando ella misma salió en todas las redes sociales en una foto con un abanico de dólares, mucha gente lo presentó como una ofensa al país que sufre un control de cambios y a tanta gente que necesita importar cosas o mandar remesas a sus hijos en el exterior y tiene que pasar el calvario de CADIVI. En realidad era una travesura de una niña de su edad. Sin embargo, estos hechos, aunque banales, revelan las razones por las cuales el mentado Socialismo del Siglo XXI, ha fracasado rotundamente.

El imperdonable error del actual régimen es haber querido vender la imagen de defensa de los pobres, mientras la mayoría de sus dirigentes viven como los ricos.

¿Usted conoce a un hijo de un ministro estudiando en un colegio público; o alguno que acuda a un hospital público para operarse cuando se enferma? (Días atrás el Rey de España se operó en un hospital público de Madrid).

Hace poco leíamos en unos estudios de opinión en los que se preguntaba a gente humilde identificada con el gobierno qué era para ellos el socialismo.

La respuesta mayoritaria me sorprendió: “Tener las mismas cosas que tienen los ricos…”.

Nadie asomó la solidaridad social, el empeño colectivo de construir una nueva sociedad o algo parecido. En realidad, después de 14 años de prédica socialista, lo que el gobierno ha logrado es crear millones de compatriotas imbuidos en el más egoísta sentimiento “neoliberal”. El odio de clases y la polarización que tanto ha usado el gobierno como sustrato de su acción política, es venganza y no justicia, es retaliación y no solidaridad.

Ésta es una revolución sin épica, sin grandes gestas, sin sacrificios de los revolucionarios. Ésta es una revolución desde el gobierno, de 15 y último, de taquilla de banco. El gobierno no tiene adhesiones a su causa sino a su nómina. Las misiones no son para promover dignidad, sino para recibir dinero.

Nuestros compatriotas más humildes tienen ahora más dinero en el bolsillo pero para comprar cachivaches en los centros comerciales.

Váyase de playa a Morrocoy un fin de semana, hable con los vendedores de yates y lanchas y verá como centenares de nuevos ricos boliburgueses (algunos hasta con sus lanchas pintadas de rojo) se pasean, exhibiendo sin pudor lo logrado en estos 14 años de Socialismo del Siglo XXI.

 

Yo quiero un socialismo como el de los países nórdicos: Con muchos impuestos para los ricos pero convertidos en escuelas, hospitales, seguridad, carreteras. Tan facilita que es la cosa y tanta tontería que inventan nada más que para mantenerse en el poder.

 

 
Julio Castillo SagarzazuJulio Castillo Sagarzazu

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