Un parto de los montes

MANUEL FELIPE SIERRA –

 

Al fin, el 30 de abril y a pocas horas del 1 de mayo, Chávez promulgó la Ley Orgánica del Trabajo. Hasta horas antes no se había completado el ensamblaje de artículos y disposiciones contradictorias que configuran el nuevo instrumento. El tiempo corría y no terminaba de cocinarse el “potaje legal” que regirá de ahora en delante las relaciones laborales. Cuando finalmente a punto de abordar el avión de regreso a  la Habana, Chávez firmó la misteriosa ley, debieron ser numerosas las sorpresas.

Para los partidarios fanatizados del chavismo que esperaban una ley que profundizara el proceso socialista y pulverizara definitivamente la propiedad privada debió ser desconcertante enterarse que se trataba de la misma versión de la Reforma del Trabajo de 1997, salvo algunos retoques cosméticos.

Para quienes ingenuamente suponían que la milagrosa ley abriría cause a grandes conquistas y reivindicaciones, el disgusto debió ser  aún mayor. Como ha dicho la especialista y ex ministra del Trabajo Maria Bernardoni: “la ley se caracteriza por restablecer una serie de desmejoras para los trabajadores en materia de prestaciones sociales y en otros aspectos”.

Pero más allá de sus contenidos existen razones de fondo para rechazar lo que se trató de presentar como una “gloriosa hazaña revolucionaria”. Una ley de esa naturaleza debió ser sometida a una amplia consulta nacional y ser el fruto de un necesario consenso entre empresarios, trabajadores y el Estado. Es ésta  la única manera de asegurar su verdadera y eficiente aplicación. Por otra parte, concebir el tema del trabajo, tan complejo y exigente en los nuevos tiempos, como un pretexto simplemente electoral para ganar algunos votos constituye cuando menos una inmensa irresponsabilidad y un irrespeto a la conciencia de los venezolanos.

La LOT tampoco guarda relación con el contexto económico del país sino todo lo contrario. Sus efectos habrán de gravitar negativamente en términos de producción y productividad. Una economía marcada por una alta inflación, por una creciente desinversión y cubierta por un manto de desconfianza, no está en condiciones de digerir una ley, que si bien no tiene las características extremadamente intervencionista que se suponía, va a representar sin embargo un nuevo factor depresivo para las medianas y pequeñas industrias, para las empresas en su conjunto y para los venezolanos dispuestos al emprendimiento y al trabajo productivo.

 

La LOT ha resultado otro triste “parto de los montes”

 
Etiquetas , ,

Artículos relacionados

Un Comentario;

  1. hender zabala said:

    Cierto, pero adolece de inconstitucionalidad de origen. Se trata de una obligación constitucional indelegable impuesta a la Asamblea Nacional. Chávez no estaba facultado para dictarla, ni la Asamblea Nacional para delegar esa función. Está infringido el principio de la legalidad que, conjuntamente con la separación de poderes, son los limites constitucionales a la función publica en en beneficio del sistema democrático.

Los Comentarios han sido cerrados.

Top