EL PAÍS TRAS LAS NUBES*

Alberto Barrera Tyszka

ALBERTO BARRERA TYSZKA
abarrera60@gmail.com 

 

No deja de ser sorprendente cómo prefieren buscar una conspiración detrás de un crucigrama de un periódico antes que ponerle la cámara frente al rostro de una mujer desesperada

 Te despiertas y no te hace falta abrir los ojos para saber que las nubes siguen estacionadas muy cerca de tu ventana. Recuerdas que es mayo. Te preguntas si estas lluvias son las lluvias de mayo. Ya no se puede confiar ni en el clima. Te estiras un poco, sin salir de la cama. Por fin levantas los párpados, miras hacia la ventana y sientes una luz débil, gris. Es un martes tímido y pluvial. Afuera, la ciudad apenas comienza a levantar sus ruidos. Un poco a tientas, tomas el control remoto de la televisión y enciendes el país.

 ¿Qué relación tiene lo que aparece en la pantalla con lo que ocurre en el país? A veces no es fácil saberlo. A veces, la Venezuela que vemos en la televisión también es otra. Con el caso de la cárcel de La Planta resulta particularmente impresionante. En los medios de comunicación públicos pareciera que nada ocurre. No hay presos, no hay familiares de presos, no hay conflictos, no hay disparos. O, en todo caso, todo está tan matizado que casi no ocurre. Casi no hay presos, casi no hay familiares de presos, casi no hay conflicto, casi no hay disparos. Es una noticia domesticada, apagada por la publicidad oficial. Sólo lo que el Gobierno dice es verdad. Todo lo demás es pura ficción.

 Todavía acusan y recuerdan, aguerridamente, el black out realizado por los canales privados el 13 de abril de 2002. Y, sin embargo, aplican lo mismo a diario, sin ningún pudor. En sus noticieros, el Gobierno vive ofreciendo comiquitas. Transmiten sus propias versiones de Bambi para no mostrar lo que ocurre en la calle. No deja de ser sorprendente cómo prefieren buscar una conspiración detrás de un crucigrama de un periódico antes que ponerle la cámara frente al rostro de una mujer desesperada, que quiere exigir una respuesta, que quiere saber qué pasa con su hijo preso. Palabra horizontal, comienza con “c” y termina con “a”. Tiene una “u” en medio: censura.

 Tampoco se entiende cómo la televisión pública puede gastar tanto tiempo, esfuerzo y dinero en comentar un video estudiantil, tan sifrino como trivial, tan superficial como inocuo, mientras en las cárceles del país transcurre una tragedia brutal, pronunciada con el lenguaje de las balas, una realidad que sí merece discutirse, repensarse, ser el material de una gran debate nacional. ¿Cómo pretendemos hablar de desarme y no ver lo que ocurre en nuestras prisiones? Lo mismo podría decirse de la Asamblea Nacional. Ya no hallan cómo no ver la realidad, cómo taparla. La mayoría oficialista prefiere promover un escándalo por una cuenta de Twitter ­de unos radicales desconocidos que escriben imbecilidades y que sólo tienen 2.500 seguidores­ antes que debatir sobre la realidad penitenciaria del país. Que conste que esta semana el oficialismo se negó a discutir el caso de La Planta. Lo rechazaron. Tampoco en el parlamento los presos y sus familiares tuvieron voz.

 Durante muchos días, la televisión pública destacó a la ministra Iris Varela acusando a la oposición y a los medios de inventar la realidad. Después, a mediados de la semana, una nota oficial de la Agencia Venezolana de Noticias comenzó así: “Los medios de comunicación privados han contribuido a los hechos de violencia generados en los últimos días en la Casa de Reeducación y Trabajo Artesanal de El Paraíso, centro penitenciario conocido como La Planta, en Caracas, denunció este miércoles la ministra para el Servicio Penitenciario”.

Es un procedimiento simple y eficaz, una fórmula de satanización marca Psuv: primero, decretan que la información es pura ficción y después señalan que se trata de una ficción intencionada, mal intencionada por supuesto. Sólo hay dos opciones: o repites la publicidad oficial o eres un conspirador.

 Los sucesos de esta semana en la cárcel de La Planta no sólo vuelven a remover esa gran herida que es el sistema penitenciario y la impartición de justicia, sino que además ponen otra vez sobre la mesa los procedimientos con los que el poder pretende controlar el flujo de la información en el país. Es imposible ver los sucesos de La Planta y no recordar lo ocurrido en Rodeo, no pensar nuevamente en la multa aplicada a Globovisión. Quieren prohibir la realidad, pero la realidad es terca, tenaz. No se deja.

 Estás sentado en tu cama viendo la televisión. Afuera, siguen las nubes, cada vez más inquietas. De pronto, oyes disparos. Demasiado cerca. Te levantas, quieres asomarte a la ventana, quieres ver. Pero una bala te detiene. Te derriba. Te tumba. Una bala perdida te encuentra. Es el país. Es la maldita realidad. Te llamas Henry Molina**. Estás muerto.

 



*  Titulo original: TEORÍA Y PRÁCTICA DE UNA FICCIÓN

 

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