ESCRITO CON CUIDADO

Carlos Blanco

CARLOS BLANCO
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@carlosblancog  

Con una estrategia cuidadosamente elaborada, Henrique Capriles desarrolló una exitosa campaña para las primarias. Se convirtió en el candidato de todos los sectores democráticos en el espectro que va del chavismo arrepentido hasta aquéllos que desde la madrugada del 4 de febrero de 1992 vieron la pezuña del fascismo. Antiguos y recientes opositores -sin titubeo- lo apoyan.

La situación actual está llena de incertidumbres en torno a las elecciones, tanto por la enfermedad de Chávez como por las contradicciones y conflictos graves que existen en las filas del gobierno, de la Fuerza Armada y de la sociedad civil. Es inusual una campaña en la cual no se sepa si uno de los dos candidatos presidenciales tendrá la posibilidad de hacer campaña o, inclusive, de ser candidato.

Sin embargo, para no especular sobre las condiciones de Chávez, en las líneas que siguen se asumirá que será candidato y competirá. No desconoce este narrador las noticias de La Habana, pero resulta más instructivo hacer una suposición sobre el campo chavista para discutir sobre lo que ocurre en el campo opositor.

 

POSIBLE PERO NO SEGURO

La candidatura de Capriles es el instrumento con el cual se dotó la sociedad para hacerle frente a Chávez. El candidato convenció a los opositores de que, si era elegido, su talante amigable y su política de no enfrentamiento garantizarían que una franja de indecisos provenientes de las filas chavistas “light” serían sumados a las ya poderosas filas opositoras. Muchos pensaron que los demás candidatos eran buenos pero que con sus discursos duros no tendrían capacidad de sumar al chavismo decolorado, rosado o light.

Al mismo tiempo se dio por descontado que todo opositor, duro, blando, intermedio, de derecha o de izquierda, cívico o militar, votaría por el candidato escogido, no sólo por el compromiso adquirido en las primarias sino porque el objetivo fundamental es derrotar a Chávez el 7-O. El candidato, cualquiera que se hubiese seleccionado, se convertiría en el instrumento para lograrlo. 

Dos cosas deben decirse en este acápite. Lo primero es que la oferta de Capriles tiende a ser similar a la de Chávez -por diseño, según se ha argumentado a quien esto escribe- (misiones, plan de empleo, no incremento del precio de la gasolina, relaciones con Cuba, centro-izquierdismo) pero con un añadido esencial: respeto, inclusión, la posibilidad de que nadie sea excluido por “su color político”. Sin entrar a discutir los contenidos de la oferta, la cuestión es que la propuesta de inclusión en estos programas puede ser irrelevante para los chavistas porque muchos de ellos deben disfrutarlos; en cambio para los opositores, que van a votar de todas maneras por Capriles aunque estén en desacuerdo con los programas que ofrece, no significan demasiado para decidir su voto. El problema de fondo es si una oferta similar a Chávez (como le dijo alguien vinculado al candidato al autor de estas líneas: “el Chávez de 1998”) moviliza a los chavistas que ya tienen lo esencial de la oferta que hace Capriles.

Desde luego que hay una diferencia significativa en la promesa respecto a la de Chávez: la señal de paz es valiosísima para una sociedad atrapada entre los disparos verbales y de plomo. Sin embargo, debe evaluarse muy bien cuál es la prioridad que le asignan los votantes.

El otro tema que aquí se ha dado como un supuesto es que todo opositor está dispuesto a votar por Capriles; lo cual debe ser cierto. Todo opositor votará por Capriles. Lo que no es seguro es que todo opositor esté en plan de movilizarse como en los buenos tiempos de la protesta democrática para lograr ese objetivo. Si el candidato no se transforma en un líder inspirador, capaz de generar una tromba que culmine el 7-O en su primera fase, puede ocurrir un estancamiento con alto puntaje y, como se sabe, no se requiere que el candidato ronde los 40 puntos o más, sino que gane.

 

LAS ENCUESTAS 

Se ha dicho desde esta esquina que la desconfianza en las encuestas está más que justificada en una sociedad autoritaria. Buena parte del puntaje que se atribuye al gobierno debe estar guiado por el temor, pero también se sabe que cuando llegue la hora una parte de ese temor será vencido como ocurrió en las sorprendentes primarias. Hoy todos los estudios de opinión le dan ventaja a Chávez; un par de encuestadoras, una de ellas vinculada al candidato, dicen que la ventaja es descontable y que nunca se había estado más cerca de vencer a Chávez, lo cual posiblemente sea certero. De todas maneras, voluntaria o involuntariamente, las encuestas crean una matriz de opinión según la cual no hay nada que hacer si el Presidente se presenta el 7-O. Esto no se enfrenta diciendo que eso es falso o, como dice Capriles, que una señora le dijo que iba a ser presidente, sino con estrategias apropiadas.

 

VENTAJAS DEL CANDIDATO

Aparte de las características personales que le dieron ventajas para las primarias, Capriles tiene una base sólida de partida: 3 millones de votos y la decisión de una franja significativa de estos votantes de “echar el resto” para que la victoria acompañe a las fuerzas democráticas. Tal vez él y sus asesores deberían considerar ajustes como los que arriba se han sugerido. Uno de los elementos que tal vez contribuiría más a darle sentido unitario a la campaña es la adopción de la tarjeta única. Es claro que al partido que menos le conviene es a Primero Justicia por ser el partido del candidato y el que debería obtener más votos por esa condición; y es explicable que sus dirigentes piensen así. Sin embargo, debería prevalecer la poderosísima sensación que daría una sola tarjeta en la que se pueda concentrar todo el simbolismo de la campaña. Ya habrá tiempo luego de disputar ventajas.

 

MIRAR SIN PERDERSE

Toda campaña electoral se concentra en… las elecciones. En un país regido por el autoritarismo y con la particular situación que padece Chávez hay que dar una mirada a los escenarios alternativos. No es de dudar que el candidato, su gente de confianza y sus asesores lo hagan, pero a una sociedad no se le moviliza de un día para otro en la eventualidad de que las amenazas que se susurran se vuelvan verosímiles. Decir que nada nos desvía del objetivo electoral es parte del asunto, pero ¿qué tal si son los sectores desesperados del chavismo los que se desvían? ¿Qué pasa si el ventajismo electoral se convierte en fraude? ¿Qué pasa si la septicemia del Estado provoca que los denunciados se rebelen?

Prepararse para las elecciones es forzar elecciones libres y limpias hasta donde el resuello lo permita. Antes del 12-F era posible anotarse en una variedad de opciones de liderazgo para lograrlo, hoy ésa es responsabilidad principal de Henrique Capriles. El país democrático lo acompañará no sólo con votos sino con pasión si él se convierte en líder.

 


 
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