MANIQUEÍSMO

Américo Martin


Américo Martín
@AmericoMartin
amermart@yahoo.com 

 

Nubes de humo verde turbio atravesaron la oscuridad

Alexander Pushkin

I

            ¿De dónde viene lo que con extrema indulgencia llamaré “teoría chavista”?

            No teman mis pacientes lectores, no me perderé en abstrusas disquisiciones que hoy no interesan sino a los arqueólogos de la Filosofía. Voy sólo a despejar el origen de lo que hay detrás de tanta contumacia “bolivariana” contra el diálogo, que como todos saben es un mecanismo utilizado hasta por los rivales más duramente enfrentados; siempre, por supuesto, que tengan dos dedos de frente.

Con decir que en sus momentos de más encendido enfrentamiento, la China de Mao y EEUU mantuvieron  relaciones extraoficiales para evitar un chispazo terminal alrededor de Taiwan. Y en plena guerra de Vietnam, Kissinger negociaba la paz con Le Duc Tho. ¿Qué decir de Castro y EEUU? Pues que militares de ambas partes, a un lado y el otro de la base de Guantánamo, mantienen diálogos informales. Podían incluso hablarse duro, pero negociaban aspectos de mutuo interés con el objeto de evitar el estallido de una guerra o contener su metástasis.

Nadie esperaba que Mao o Pham Van Dong se convencieran de la ventaja de la democracia de libre mercado; o que Kennedy, Johnson, Nixon y Clinton descubrieran el secreto tesoro del marxismo-leninismo. Buscaban seguramente fórmulas para ahorrar sangre y civilizar contiendas, o tal vez para dar con la vía hacia una paz estable, como la que prevalece hoy entre EEUU, Vietnam y China.

Chávez no es así. Su estrategia es la división, la polarización; quiere destruir al se le oponga. ¿Desconoce aquellas experiencias que la Humanidad ha agradecido? No lo sé, pero sospecho que la dinámica de sus pulsiones está en su propia cabeza, en su manera más bien simple o  militarista de concebir la lucha política. Sigamos

 

II

Ha dicho que con los escuálidos no hay diálogo ni acuerdo posibles. Son “el enemigo”; deben ser pulverizados para que reinen la paz y el silencio de los cementerios, premisa de la felicidad sin conflictos, similar a la de los cuarteles. Ese silencio tenso le da rienda suelta a la hidra de los rumores. Si no quiere brindar seguridad al país y aplicar remedios amigables a las afecciones electorales mediante conversaciones constructivas ¿cómo esperar que acepte mansamente un resultado desfavorable?

Alimentando el clima de prevención y miedo, el presidente y sus incondicionales fomentan infructuosamente un posible incremento de la abstención de disidentes tímidos, y eventuales rivalidades en el seno de la Unidad Democrática. Y puesto que no luce fácil usurpar el poder con el viejo método de desconocer la voluntad electoral, dan indicaciones de que concurrirán a las elecciones, pero extremando el ventajismo y usando sin escrúpulos los instrumentos del Poder.

Es obvio que, fuera de Chávez, el PSUV carece de candidatos para abanderar su causa. La debilidad de los que se han mencionado es ostensible.  Por eso creo que así sea llevándolo en angarilla, su partido lo postulará mientras el hombre esté consciente. La tormentosa división de Venezuela, inducida por las turbulencias interiores del presidente y la enfermedad que lo acompaña, aconsejarían un diálogo que Chávez rehúye por considerarlo suicida. ¿Resultado? La tenebrosa aproximación de las sombrías nubes de humo verde turbio, mencionadas en los versos de Pushkin

 

III

Creo ahora poder responder a la pregunta inicial de este artículo. ¿De dónde viene la pueril percepción del conflicto venezolano en términos de buenos contra malos? La pugna entre extremos excluyentes que sólo concluye con la muerte del contrario, suena familiar. ¿Dónde lo hemos oído? Primero que nada en la utopía racionalista de Marx, escrita en el Manifiesto de 1848. ¡165 años ha! Es bien sabido que tal documento ya era tenido como parcialmente superado por su propio autor. Lo cierto es que bajo esa forma primitiva fue enérgicamente domesticada por la realidad, al punto que ni gente como Fidel se atreve hoy a esgrimirla claramente.

El amo del “proceso venezolano” no cambia sin embargo su manía polarizadora. Ignora que sus ideas vienen del fondo del tiempo. De Zaratustra, predicador persa 500 años antes de Cristo. Está en él la nuez de lo que usualmente llamamos maniqueísmo: el Bien y el Mal enfrentados a muerte, como quisiera el presidente Chávez. No tendríamos opción: aceptamos sin reservas la doctrina bolivariana de la suprema felicidad, o nos condenamos al degredo apátrida y pitiyanki.

Digamos en este punto que para el zoroastrismo la victoria del Bien, si bien inevitable, se apreciará más allá de la vida, cuando reencarnen las almas. ¡Caramba!, eso sí enreda el papagayo porque si ciertamente Chávez y Zaratustra coinciden en la manía de la Única Verdad y el Poder Perpetuo, se separan drásticamente en el minuto final. Al venezolano no le va muy bien una parte de la teoría del persa; “reencarnar” en otra vida sería aceptar que perderá sin remedio en ésta y eso sí que no.

Queda pues en cueros el artificio del Bien y el Mal. No puede ser Malo el devoto de la libertad, la pluralidad, la paz y la reconciliación, ni Bueno el cultor de la autocracia, la verdad única, la violencia y la polarización; entre otras cosas porque Capriles tiende la mano e incluye al adversario, mientras que Chávez lo liquida o pretende hacerlo

Llevamos 13 años enyugados al cruel maniqueísmo de la sedicente revolución. Es demasiado. La Venezuela democrática y reunificada le dará una zoroastriana derrota, incluida la doctrina -fallecida 29 siglos atrás- que lo inspira.

 

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