RÉQUIEM PARA UNA ECONOMÍA SOCIALISTA

MIGUEL ÁNGEL SANTOS –

 Desde el año pasado se empezó a aceptar lo único que le queda ya al Gobierno: una macro-devaluación.

No se trata tanto de que Giordani se haya horrorizado de repente por los intereses que le exigen a la deuda venezolana en los mercados internacionales. Después de todo, ya llevamos seis años emitiendo deuda a esas tasas, seis años de bonanza petrolera en los que la deuda externa se cuadruplicó. Tiene que ver más bien con el hecho de que el Gobierno llega al año 2012 en el límite de las posibilidades de una economía que ellos siguen tratando de acuñar como socialista. En realidad, lo sabemos ya desde hace tiempo, tiene que ver más con la versión más aberrante del capitalismo rentístico de Estado descrita en los libritos de Bernard Mömmer y Asdrúbal Baptista.

Desde 1998, la producción por habitante ha crecido un 0,8% anual. Es el desempeño más pobre de toda América Latina, en trece años en los cuales todos los países han aprovechado el boom de precios en sus commodities para crecer aceleradamente. De 2006 a 2011 … el consumo por persona ha crecido 48%, a razón de 3% anual. Sí, hay que denunciar el consumismo. Ser rico es malo y consumir también… pero nadie gana elecciones sin consumo. Por esa razón, han invertido la renta petrolera para promover un boom de importaciones que guarda pocas semejanzas con el socialismo.

Pero la estratagema no da para tanto. Venezuela tiene ya casi cuarenta años con la misma producción petrolera, la caída en el número de barriles por habitante supera el 70%. No da para consumir en esa magnitud, mucho menos para financiar la petrodiplomacia chavecista. La deuda externa se aproxima a 100% del PIB y por ninguna parte surge una nueva fuente de ingresos para hacerle frente. Es natural, nos endeudaron para consumir, no para invertir. El petróleo, esos mismos barriles exprimidos a la potencia “ene”, la vela puesta a los mercados internacionales y al capitalismo, ya no son suficientes.

Así, desde finales del año pasado se empezó a aceptar (no digo plantear, porque no tienen opción) lo único que le queda ya al Gobierno: una macro-devaluación.

Ese es el juego: arrastrar el modelo hasta las elecciones y llevarlo a sus últimas consecuencias. Mientras tanto, se preparan para dilapidar el capital político que resultaría de una hipotética victoria en un macroajuste cambiario en 2013. Y si no hay victoria, denunciar, claro, cualquier sospecha de devaluación.

 

* Esta semana con sumo gusto cedemos nuestro espacio editorial a una columna de especial interés y calidad.  Por razones de espacio y para a la vez facilitar su lectura, hemos editado los aspectos más técnicos de su contenido.

@miguelsantos12

www.miguelangelsantos.blogspot.com

 

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