Sin predicador no hay “endoso”

Argelia Rios

ARGELIA RÍOS
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¿Podrá Chávez encabezar una campaña para endosarle su liderazgo a un eventual sustituto?

La incógnita está más que justificada. ¿Cómo puede el presidente Chávez insistir en su reelección cuando no está siquiera en condiciones para culminar las faenas de su actual período? La única respuesta posible trastorna la tranquilidad de la nomenclatura revolucionaria, que ve pasar el tiempo en medio de un creciente suspenso. Nadie sabe con propiedad cuál será el momento justo en el que los electores comenzarán a formularse la pregunta, aunque todos en “el proceso” advierten que, en ese justo instante, los vientos comenzarán a soplar en otra dirección.

Probablemente nos estamos aproximando a ese punto en el que la revolución abandonará su zona de confort. Por más que el acto de votación sea mercadeado como un favor envuelto en los celofanes de “la última voluntad” del comandante, nadie podría apostar a que el país sufragará sin chistar por una figura probadamente ausente. Cuando la escena sea dominada por esa grave interrogante, otras nuevas harán su aparición. Por ejemplo: ¿podrá de verdad Chávez encabezar una campaña para endosarle su liderazgo a un eventual sustituto, si no ha podido hacer campaña a favor de su propia candidatura? ¿Le será posible actuar como el “tutor” de su sucesor, si ese tutelaje le exigirá también un intenso trabajo de pedagogía?

Es obvio que la propaganda jugará a llenar los vacíos que el tratamiento de Chávez origina. Sin embargo, cuesta creer que “el traspaso” será óptimo sin la persistente prédica del máximo apóstol bolivariano. La experiencia de estos años es la clave para describir el inconveniente: los cheques en blanco que los ciudadanos le rubricaron al Presidente en el transcurso de estos trece años, fueron el producto de un enorme y exigente esfuerzo oratorio, al que el Presidente no puede apelar en esta hora menguada… Los actos de gobierno más riesgosos del Jefe del Estado siempre estuvieron acompañados de incansables peroratas que buscaban el reforzamiento de sus apoyos.

Con Chávez o sin Chávez en la contienda, la campaña echará de menos la presencia del gran comunicador, que hoy está impedido de comunicar… Lo del Consejo de Estado nos ofrece una perspectiva del drama: el Presidente es consciente de que sus cada vez más repetidas y prolongadas ausencias ya están causando intriga en la opinión pública. También sabe que sus apariciones son ahora más cortas y que las percepciones acerca de su enfermedad van camino hacia una importante variación. La incredulidad de muchos ciudadanos que todavía lo suponen sano ya ha comenzado a ceder: una amenaza que sin duda limitará el radio electoral del comandante, a quien el respaldo del PSUV le será insuficiente para alcanzar una reelección que, más y más, se hace descabellada.

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