CURIOSA CAMPAÑA

Américo Martin

Américo Martín
@AmericoMartin 
amermart@yahoo.com 

I

 

            No diré, no puedo decir que no haya campaña, sólo que las dos corrientes principales y únicas que se enfrentarán el 7 de octubre coexisten pero no en el mismo lugar. Más abajo explico esa curiosa paradoja.

Hipólito Mejías y Danilo Medina se batieron en un campo de batalla previsible: confrontaron dos aspiraciones: la que postuló la continuación de la obra de Leonel Fernández (PLD) y la que postuló el retorno del PRD, la socialdemocracia fundada en República Dominicana por el “negro” Peña Gómez. ¡Epa! rectifico para que Aristóbulo no se ofenda: el “afro descendiente” Peña Gómez. En punto a ideologías fue la pugna clásica entre el “liberalismo” de Medina y el “socialismo” de Mejías. Ya nunca se sabrá si a la economía abierta ensayada por Leonel le hubiera opuesto don Hipólito un populismo renovado.

 

 

En México el debate gira alrededor del retorno del PRI o la permanencia del PAN, socialdemócrata el primero, demócrata cristiano el segundo. La izquierda vagamente socialista del PRD, con López Obrador al frente, ha perdido terreno, más por el candidato que por el partido

¿Y en Venezuela qué hay? Si hemos de creerle al presidente, la disyuntiva es simple: socialismo o capitalismo. Fórmula apropiada para no tener que poner en el asador su embarazosa gestión. La putrefacción de la justicia, más visible por las confesiones de los ex magistrados, la destrucción  de fuerzas productivas industriales y agrícolas, la conversión de Venezuela en economía de puertos exportadora de petróleo y empleos, la aniquilación de las empresas básicas en Guayana y de servicios en el país, la decadencia de PDVSA, la violación de derechos humanos, la desoladora suerte de 280 mil cooperativas creadas -80% muertas- a un costo inimaginable, los fundos zamoranos, la cogestión y demás ensayos que fenecieron sin dolientes y sin rendir cuentas. Todo sería soslayado en un debate abstracto sobre sistemas sociales. Los fracasos serían ensayos de aproximación o sacrificios inevitables para que el demiurgo del poder nos lleve a la felicidad de una sociedad superior de Hombres Nuevos como Makled.

El caso es que si no tienen que responder por sus disparates cotidianos ¿cuál sería la materia a debatir en las elecciones?

 

II

 

Son dos campañas que no se encuentran. Una en el éter, deliberadamente desvinculada de la realidad que lo abochorna; la otra se centra en ella y ofrece alternativas. Por ejemplo: mientras Capriles presenta un programa de inversiones y reformas del horrendo sistema penitenciario, el presidente no toca el tema ni asume la responsabilidad de haber agravado la espantosa tragedia. Para él todo es la amenaza imperial contra el socialismo que supuestamente construye y del que nada nos dice. Ni siquiera parece dispuesto a que investiguemos lo que hay en esa inminente invasión que espera desde hace un puño de años. Hemos de creer en su sagrada palabra. Si dice que Obama alista marines para sembrarlos en la costa venezolana con la complicidad de Capriles, pues nada, así será.

No sé si es éste el único gobierno que no dialoga con la disidencia ni siquiera en temas inevitablemente comunes como el de la inseguridad; lo que sí sé es que no sólo lo desdeña, sino que subraya con cándida franqueza la imposibilidad del diálogo. ¿Y por qué, señor? Porque en la lucha de clases no hay intercambio posible. Hacerlo es una fraternización traidora.

En términos estrictamente electorales semejante desplante favorece a la Unidad Democrática. El gobierno la deja hablar y proponer sin contradecirla. Mientras Capriles y sus seguidores recorren el país palmo a palmo, tocan a la gente, la escuchan y le responden, el presidente y su elenco se envuelven en el mutismo.

Tratemos de entenderlos. Han confiado en su descomunal predominio de medios, dinero e instrumentos de poder. La voz del presidente, prudentemente editada, no nos deja tranquilos. La voz, he dicho, no la presencia personal, en contraste con un rival que no descansa

 

III

 

El problema del oficialismo es la enfermedad del presidente o la incertidumbre que reina sobre su estado de salud. No sin maestría han convertido el menoscabo en arma de combate forzando así el repunte de un candidato que no se sabe si podrá ejercer el cargo. ¿Por cuánto tiempo puede usarse esa suprema idea-fuerza? No creo que por mucho más, aparte de que el estado de expectativa mantiene al PSUV en el Limbo. No se mueve, no se atreve a hacerlo. No muestra claramente al candidato que sustituiría a la deidad única de aquel monoteísmo laico. A su vez el presidente no da el paso porque no confía. Considera sacrílego que se sienten en su solio inmaculado. Mientras viva, será de ver con qué ojos miraría al nuevo líder. Los sucesores pujan soterradamente tratando de no dar un paso en falso con la esperanza de que el gran timonel los favorezca con su decisión. ¿Tendrá fuerza para tomarla antes de retirarse del escenario?

El resultado es el estancamiento. El tiempo corre, los rivales también. ¿Qué hacer para frenarlos hasta que el problema de fondo se resuelva? No parece vislumbrarse medio mejor que el insulto, el ventajismo, la intriga? Y en eso están.

Sembrar la desconfianza en el adversario pasa a ser esencial, desmoralizarlo con encuestas que resulten abrumadoras al punto de minarles la voluntad de lucha. Pero por supuesto, el otro también juega y no ha tardado en descubrir el sórdido trasfondo de tanta truculencia. Saber y no inmutarse es la clave ¿Podrá lograrlo?

That´s the question.

 

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