Entre la vida y la muerte

Sammy Eppel

SAMMY EPPEL
sammyeppel@gmail.com

 

 

El reparto de armas fue monumental, bandas, colectivos, milicias, guerrilla, presos…

 

El obviamente indetenible ciclo de la violencia criminal se ha convertido en la marca de fábrica de la revolución chavista. Es solo cuestión de tiempo para que la aplastante estadística delictual toque a la puerta de cada uno de los ciudadanos de la patria de Bolívar. Esa fue una de las estrategias copiadas a los cubanos; incentivar el delito para rebajar la calidad de vida del ciudadano, con el propósito de acelerar su salida del país, quedarse con los que no tienen problema en ser esclavos o no se pueden ir, luego desarmar a las mafias y todo el mundo feliz.

El reparto de armamento fue monumental, bandas, colectivos, milicias, paramilitares, guerrilla, presos y narcotráfico, lograron obtener armamento muchas veces superior al de las fuerzas del orden, donde muchos de sus elementos también se convirtieron en delincuentes, pues al fin y al cabo, robar es un acto revolucionario. Todo esto aunado a un sistema de justicia putrefacta y politizada que garantiza impunidad.

El problema con esto es que los venezolanos optaron por quedarse, cosa que no estaba en los planes, y ahora son víctimas de esta carnicería humana en que se ha convertido la vida en nuestra querida y sufrida Venezuela. Las cárceles son un ejemplo diabólico, ¿cómo es que los presos están armados? ¿Cómo es que ante denuncias públicas contra altos funcionarios civiles y militares, el propio Presidente los felicita y ordena un acto de desagravio en la AN? ¿Es que el mundo está al revés? ¿Es que aquí el crimen si paga? Esto nos lleva a la conclusión que “Patria, Socialismo o Muerte” no fue solo un lema político, fue una orden.

Increíblemente, el 7 de octubre los venezolanos debemos escoger entre la vida y la muerte, entre democracia o mafia, entre libertad o esclavitud. ¡Será!

 

 

 

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