IRIS EN LA PLANTA

MARCOS CARRILLO
mrcarrillop@gmail.com
@carrillomarcos

La ministra Iris Varela fue nombrada hace menos de un año por el convaleciente presidente como ministra para el sistema penitenciario. Nunca se esgrimió un argumento sobre su experticia o trayectoria en el área, simplemente fue otra orden producto de la inspiración. Este desvarío se ha transformado en un paradigma de las consecuencias que traen las decisiones caprichosas y las divagaciones extremistas. 

Estrenándose en el cargo la señora diseñó su “política” carcelaria en torno a tres raíces: Soltar el 40% de los presos, destituir al juez que se le atravesara y prohibir la privación de libertad a cualquiera que fuera capturado cometiendo un delito. Estas propuestas son tan absolutamente trastornadas que es difícil creer que alguien -mucho menos un ministro supuestamente especialista en el área- haya podido pensar jamás en plantearlas en serio. Pero sí, así lo declaró la ministra en su oportunidad (tenemos memoria corta).

Dada la increíble estulticia de esta trinidad, y los resultados obtenidos hasta ahora, no provocaría ni comentarla. No obstante,  es importante glosar estas curiosas medidas  porque son el vivo ejemplo del pensamiento radical -irracional-  que se alberga en el extremismo que ocupa el poder actualmente.

En un petulante solipsismo, propio de quien cree poseer el cáliz de la verdad, Iris asumió que esas ideas -disculpen, por favor, el término exagerado-, de por sí serían una realidad efectiva, eficiente e invulnerable. La historia la ha condenado y los hechos de La Planta han demostrado el despropósito y el concluyente fracaso de sus “políticas”.

Lo realmente decadente es que es esta una conducta reiterada en todo el gabinete. Ante la inflación producen una ley de control de precios, como si su sola existencia abaratará el costo de la vida e hiciera aparecer los productos; para la carencia de vivienda, decretan una misión que no construye casas, pero las promociona en TV; ante el problema carcelario la inefable Iris se soltó con su solución de tres raíces. Ahí quedaron los vidrios.

La fórmula Varela demuestra una superlativa ignorancia no sólo del tema carcelario sino de la sociedad en general.  Es un voluntarismo inservible e infantil. La señora cree que los unicornios existen porque los puede imaginar. A eso se reducen sus impertinentes remedios. Es una especie palurda del “cogito ergo suum” en el que el “pienso, luego existo” es sustituido por un ridículo “lo pienso, ya se hizo” en el que el análisis de las complejidades, de las causas, efectos y contexto de las situaciones no tiene cabida, pues las ocurrencias de sus desvelos pueden más que los razonamientos de especialistas.

Luego de una fuga masiva, de no saber con certeza cuántos presos hay ni mucho menos cuántos había, de varios heridos y muertos dentro y fuera del penal de La Planta, de vejaciones a familiares y periodistas, de una estruendosa derrota del gobierno ante los pranes, se ven los verdaderos resultados de la improvisación, la ignorancia y la arrogancia.

La ministra, como sus colegas, está signada por un utopismo pueril y un voluntarismo ignorante, ingredientes que al unirse sólo dan un resultado: el fracaso.

 

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