SÍMBOLO Y ESTANDARTE DE LA REVOLUCIÓN

RUBÉN DE MAYO – 

“Puño, bofetón y palo, allá en la galera tres” es el estribillo de una muy conocida canción de Ismael Miranda, que se queda corta ante la violencia y la muerte en nuestras cárceles.

 

Hace unos meses nos asombramos por la masacre de El Rodeo, que no fue tal para el gobierno de Chávez porque acusaron a un canal de televisión de magnificar la situación, como si más de 20 muertos no fuese de por sí alarmante. Para el Gobierno todo fue una burda exageración. Tanto que ni siquiera se planteó, por la matanza que hubo, que Tarek El Aissami renunciara a su cargo como ministro de Relaciones Interiores y Justicia.

 

 

De “puño, bofetón y palo” tampoco nos enteramos: lo que había en El Rodeo era plomo de alto calibre y explosiones de granadas. Y todos nos preguntábamos: ¿y esos reos de dónde sacarán el armamento de guerra?, mientras en medio del fuego cerrado una destemplada Cilia Flores acusaba a la oposición de fascista (por darle cobertura al suceso sangriento), siguiendo un viejo guión importado del fracasado régimen criminal de la Unión Soviética.

 

La mayoría se enteró, por esos días, que no solamente Chávez manda en Venezuela: había unos sujetos llamados pranes que tenían gobierno autónomo dentro de cada cárcel. Ellos decidían las reglas del juego en un territorio hostil, hace años olvidado por el Estado. El pran tiene vocación de poder; su voz poderosa se escucha en toda la cárcel, los reos también necesitan su líder. Durante los trece años de revolución, el pran terminó de formarse como delincuente consumado; la miseria y la violencia fue la salsa en la cual se cocinó. Entre el populismo de las misiones y las interminables cadenas del Gobierno fue creciendo y desarrollando sus habilidades de Pedro Navaja. No había muchas posibilidades para él en un ambiente de miseria, porque ese siempre será el principal caldo de cultivo de la violencia en nuestras calles: la pobreza extrema.

 

Al pran, hijo y bandera de esta locura violenta de país pobre, lo olvidó la revolución. Él es resistente a las curitas y esparadrapos sociales de las misiones. En su bajo mundo hamponil, el pran le recuerda al Gobierno su enorme fracaso e incapacidad.

 

Pero tal vez lo que más le disgusta al Gobierno del pran es que este le ha disputado a Chávez el poder. El pran gobierna en su feudo como un monarca. Las arbitrariedades las comete él, sin ayuda del Presidente. El pran es un hombre que irrespeta la Constitución, él mismo es el Estado en la prisión; de equilibrio de poderes no sabe, él gobierna de forma autocrática, repartiendo el poder, como mendrugo, entre sus amigotes de armas. ¡Ah! De armamentos conoce mucho también, le encantan; su revolución en la prisión está armada. El es el padrino y padrote de la galera, sin tanto palabrerío y alharaca épica.

 

El pran es el símbolo y estandarte de esta revolución.

 

* Como en ocasiones anteriores, esta semana cedemos nuestro espacio editorial a una columna de especial interés.  Por razones de espacio, sin alterar su esencia, hemos debido editar su contenido.

 

 

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