Chávez y el efecto sombra

RICARDO GIL OTAIZA
rigilo99@hotmail.com
@GilOtaiza

 

Los avances en la psicología nos ayudan de algún modo a entender la dinámica de los procesos sociales. Desde hace algunos años se ha venido estudiando con detenimiento (en importantes universidades de los países desarrollados) el lado oscuro de los seres humanos: esa “penumbra” que anida en nuestra personalidad y que de pronto irrumpe para hacernos perder el control, cometer desmanes, o sencillamente impedirnos alcanzar los objetivos que nos hemos propuesto. Los especialistas denominan este fenómeno (tan viejo como la humanidad) Efecto sombra, y sus implicaciones pueden ser dramáticas en nuestra vida personal, familiar y social, e incidir de manera drástica el devenir de todo un colectivo.

Los seres humanos solemos ser haz y envés de una misma moneda, y pocas veces nos percatamos de tal ambivalencia que horada nuestra personalidad. Ahora bien, un líder de masas, que tiene en sus manos la capacidad (o el don) de influir de manera precisa y determinante sobre muchas personas, puede desde su “sombra” ser un factor determinante para que sus seguidores se extravíen tomando caminos equivocados, hasta llevarlos al ostracismo. Gobernantes que llevan a sus países a la guerra, líderes que incitan al odio, de alguna manera están dando rienda suelta a su “sombra”, y los efectos inmediatos (y ni decir a posteriori) podrían ser devastadores y de inimaginables consecuencias.

Cuando vemos a un líder como Hugo Chávez, quien de manera constante azuza a las masas con términos y expresiones pedestres y descalifica a los otros (es decir, a quienes no comulgan con su supuesta ideología) con expresiones insultantes y negadoras de su condición de seres humanos, está mostrando sin reservas su lado oscuro, su “sombra”, y esto se revierte en la vida del país por la vía de una elevada tensión social, división de clases, odio atávicos y raciales, desconcierto, agresión, violencia callejera, delincuencia, y otros inmensos problemas de denso tramado que no estamos en capacidad de predecir y, mucho menos evitar, si no tomamos conciencia. Y si a todo esto sumamos el “efecto sombra” generado desde similares posturas por parte de sus ministros, acólitos, seguidores y adulantes, pues la resultante es inconmensurable, tremendamente dañina para la nación, que vive día a día, hora a hora con la espada de Damocles en el cuello a la espera de detonantes y detonaciones.

 

En lo particular y personal de cada ciudadano, todos estos efectos catalizados desde la sombra de sus líderes y gobernantes, conllevan necesariamente un impacto que en lo inmediato estimula en cada uno la emersión de su propia sombra, y sus nefastas consecuencias. Familias rotas o divididas, hermanos enfrentados por razones políticas o ideológicas, estrés, improductividad, bloqueo psicológico e intelectual, depresión, angustia, miedo al futuro, impotencia, fracaso escolar, deserción laboral, y consumo de drogas entre otros.

 

Se pone en marcha, como se puede deducir con facilidad, todo un círculo vicioso que solo podrá romperse desde una acción efectiva y profunda en el hogar, en la escuela, a través de los medios, en las empresas, en las ONG, en los colegios profesionales, en las universidades, en las iglesias. Y, sobre todo, se hace perentoria la acción de nuevos líderes: proactivos, deslastrados de viejos y manidos vicios, con nuevas ideas y acciones, que se reconozcan como seres humanos proclives al error y a la acción de sus propias sombras, pero que estén dispuestos a reconocerse como “partes y todo” de una misma amalgama social, con mensajes positivos, alentadores, estimuladores de lo bueno que llevamos dentro. Solo la luz del pensamiento    y de lo más hondo del alma humana podrá vencer la sombra que llevamos dentro, y así neutralizar sus explosivos efectos en nuestras vidas.

 

 

 

 
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