LA GRAN COALICION

Antonio Cova Maduro

ANTONIO COVA MADURO
antave38@yahoo.com

 

La Gran Coalición luce hoy tan invencible como la de Roosevelt en su tiempo

 

En tiempos como los que vivimos, nada más cierto que aquel dicho de que “una sola golondrina no hace verano”. No, se necesitan muchas golondrinas. Más aún, se requiere que esas golondrinas estén, de algún modo, organizadas, o, que actúen como si lo estuvieran. En efecto, son tan vastos y abrumadores los asuntos que hoy día enfrentamos, que sólo juntos podríamos tener posibilidad de salir airosos de las grandes tareas que ellos nos imponen.

 

Dado que el orden político no es otra cosa que el ámbito donde los humanos ensayan la convivencia, lograr “coaligarnos” es la única manera de enfrentar con alguna posibilidad de éxito las tareas que a todos nos impone una vida política saludable.

 

Tocó a la democracia de mayor edad en el mundo de hoy: la norteamericana, hacernos ver este asunto de manera meridiana, como todos sabemos, en ese vasto territorio -más que un país, Estados Unidos es en realidad, un continente- habitan al presente más de 300 millones de personas que, desde que eran menos han mostrado unos rasgos de igualdad que siempre han asombrado a quienes les visitan. Tocqueville, el más conspicuo entre muchos, ya en 1835 advirtió su asombrosa “igualdad de condiciones”.

 

Pero Estados Unidos es también un mundo que abriga a una gran diversidad: una persistente minoría negra arropada por una mayoría blanca que, sin embargo, tiene múltiples orígenes, hoy deben hacer sitio para una creciente población latinoamericana. Variados grupos cristianos originarios, que conviven con una fuerte presencia judía, mayor que en cualquier otro país occidental, debe aceptar hoy a un creciente número de musulmanes.

 

Como si estos elementos no bastasen, la agitada historia norteamericana, ya desde sus inicios tuvo que ir dando cabida a grupos muy diversos. Así, hubo de aceptar a los esclavos liberados por la Guerra Civil, para luego aceptar la inmensa masa migratoria proveniente de la convulsa Europa del siglo XIX: desde judíos ashkenazi hasta católicos irlandeses, italianos y polacos. Hoy repite el mismo esquema con asiáticos de la costa del Pacífico hasta el alud que desde Latinoamérica no cesa de recibir.

 

Como podríamos imaginar, garantizar a todos su plena incorporación ciudadana ha supuesto agotadores esfuerzos a Estados Unidos. Uno de los más exitosos fue el que sus analistas políticos llamaron la “Gran Coalición”, la más emblemática de las cuales fue la que construyó Franklin D. Roosevelt en las décadas de los 30 y 40 del pasado siglo.

 

Roosevelt logró que su partido -el Demócrata- coaligara en un solo frente a obreros, granjeros, académicos y jóvenes, con los recién llegados judíos y católicos. Todos ellos unidos para llevar adelante lo que se llamó el New Deal, joya invalorable del Partido Demócrata.

 

A partir de entonces, la idea de una “gran coalición” se ha referido siempre a la alianza de diversos grupos para conquistar y mantener el poder. En América Latina hubo algunas parecidas, como la liderada por el PRI en México y la que entre nosotros protagonizó Acción Democrática, con logros singulares. Que ya luzcan agotadas no les quita en absoluto el papel que tuvieron en su tiempo.

 

Hoy quiero, empero, referirme a otro tipo de coalición. No el que garantiza a un grupo político la conservación del poder, sino la “coalición” que aseguraría su derrumbe. Ojo, no me refiero a cosas como la inflación, la inseguridad y otros males que, cuando se juntan, hacen muy difícil que un gobierno sobreviva. No, me refiero a actores de carne y hueso, gente concreta para quienes el grupo que controla el poder ha llegado a convertirse en una gran amenaza.

 

Es esa coalición la que lenta, pero seguramente, se ha venido estructurando en los últimos diez años en Venezuela. Los expropiados junto a los trabajadores de Ciudad Guayana, con los parientes de los miles de víctimas mortales, junto a profesores y estudiantes de nuestras grandes universidades, al lado de médicos “baipaseados” por los cubanos, y no faltaba más, los incomprables oficiales de nuestras Fuerzas Armadas, tan arrinconados y humillados, son hoy la fuerza invencible que podrá derrotar al chavismo, ése que ya no tiene cómo realizar las hazañas electorales de las que hizo gala hasta hace poco.

 

Esta Gran Coalición luce hoy tan invencible como la de Roosevelt en su tiempo. 

 

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