Las estatinas reducen cáncer en trasplantados de corazón

Los tumores son la mayor complicación de estos operados. El medicamento tiene un efecto inmunomodulador aparte de la regulación del colesterol. La duda está en si hay que generalizar su uso

Emilio de Benito

El seguimiento de los 255 pacientes que recibieron un trasplante de corazón en el hospital de la Universidad de Zúrich entre 1985 y 2007 ha arrojado un sorprendente hallazgo: aquellos que tomaban estatinas para bajar sus niveles de colesterol o para evitar aterosclerosis tuvieron un 65% menos complicaciones por cáncer.

El trabajo es una muestra de lo complejo de los procesos biológicos. El cáncer es la principal complicación de los pacientes trasplantados, se cree que porque los inmunosupresores que toman para evitar el rechazo del órgano facilitan que algunos agentes infecciosos progresen, y causen tumores. En concreto, son frecuentes los cánceres de piel, donde muchos, como algunos sarcomas, están relacionados con virus, aunque también se producen de órganos sólidos.

En principio, las estatinas, que son medicamentos destinados a reglar los niveles de lípidos (grasas) no deberían tener una influencia sobre este proceso. Pero entre los efectos secundarios de estos fármacos está el que tienen una actuación sobre la respuesta inmune. El resultado es que quienes los tomaban para evitar que en las zonas de las suturas de los vasos sanguíneos, por ejemplo, se acumulara grasa y formara placas o trombos que los obstruyera, a la vez presentaban una mejor defensa contra algunos patógenos.

Los estudios no coinciden en si esta aplicación puede generalizarse

El efecto se mantiene durante el tiempo, ya que las estatinas –y los inmunosupresores-, normalmente, se toman de por vida. A los ocho años del trasplante, un 34% de quienes no las consumían tuvieron algún tipo de cáncer, frente al 13% de quienes sí las tomaban. A los 10 años, la proporción era de 39% frente a 18%. A los 12, de 42% frente a 22%. “Debemos concluir que el tratamiento con estatinas debe mantenerse de por vida en las personas trasplantadas”, ha dicho el director del estudio, el Frank Enseleit, de la universidad suiza, que ha presentado el hallazgo en el Congreso sobre Fallo Cardiaco que se está celebrando en Belgrado (Serbia).

El estudio deja preguntas sin resolver. En principio, la conclusión no debe depender del tipo de trasplante. Pero sería una revolución si el efecto se da también en personas con el sistema inmunitario normal (que no han recibido un trasplante), que pueden combatir mejor los patógenos causantes de tumores. De hecho, ya hay algunos estudios que apuntan en ese sentido, como uno publicado en el New England Journal of Medicine referido a cáncer colorrectal, otro más general en el Journal of Clinical Oncology. El problema es que otros, como uno del Journal of the American Medical Association, lo descarta. Así que no hay, todavía, una conclusión definitiva.

La última munición para este debate la acaba de aportar The Lancet. Un estudio británico llevado a cabo por investigadores de Oxford en que han revisado trabajos en los que han participado 175.000 personas, la conclusión es que debe darse la medicación a toda la población, incluida la sana.

 

 
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