LOS DOS SABIOS

La pequeña política
ESPANTAPÁJAROS
avizor.uno@gmail.com     

 


“Lo que por estar yo siempre en el mismo sitio, no veo y otros ven, lo trato de compensar penando en lo que otros, por andar de rama en rama, quizás no alcanzan a pensar.”
Escrito para gente inteligente

La política es más difícil que la física, dijo alguna vez Einstein, y tengo un amigo que me visita con frecuencia, aunque caminar no le gusta, y llega hasta aquí siempre pálido y boqueando. Pero en fin, amistad es amistad y cumplidor que es de sus afectos, con frecuencia me viene a visitar.

A mi amigo lo mientan el pájaro SABIO, así, con mayúscula, y le gusta citar a Einstein a saciedad. A decir verdad, ambos tienen razón. Einstein en decirlo y el SABIO en repetirlo. Pero tal parece que esa gran verdad, porque yo también la comparto, no lo logran entender muchos de los opinadores, cuyas cuartillas me llegan hasta aquí en el descampado, y que yo aprovecho la hora del burro, cuando ni los reptiles se mueven, para digerirlos, sin que me echen a perder la digestión.


Los números que indigestan

También tienden a indigestarme algunas encuestadoras, no ellas, sino sus dueños o voceros que se dedican no a medir la opinión sino a FORMAR opinión de acuerdo a su real conveniencia o interés. Es una de las enfermedades más graves que ha traído consigo Águila Uno. De tanto hacer trampas Águila Uno con sus maquinitas, salieron encuestadoras que le agregan el tanto por ciento que estiman se aumentarán los candidatos de Águila Uno y así quedan como unos verdaderos magos, la pegan… luego les pagan súper bien por haber acertado.

Hay incluso encuestadoras que no hacen encuesta alguna. O sea que tienen números sin necesidad de quemarse las pestañas bajo el sol, yendo de casa en casa a recoger opiniones. Si Ud. sabe algo de encuestas, esto es lo que me han recomendado. Pídale después que le entreguen los números que le hagan un análisis cruzado o un análisis de clúster, así me explicó un matemático que suele pasa por aquí, y verá que no son capaces de parir ni una lombriz. Pídaselas y verá. Se esconden, no responden llamadas, desaparecen del mapa y todo con tal de no dar la respuesta que se les exige simplemente porque como diablo van a combinar variables que nunca midieron o se imaginaron que se las podían requerir.

Este humilde Espantapájaros ha sabido incluso encuestadoras que se dedican no a encuestas porque con los números de otros, unos puntos más, unos puntos menos, sus números se acercan a la verdad, sino a filmar lo que llaman focus groups, o sea discusiones con personas preseleccionadas, y con lo que estas personas dicen van fabricando una historia fascinante que termina por convencer a un gentío.

Pues bien, de esa fauna de encuestadores, algunos con su famita y otros desconocidos, se ha valido la gente de Águila Uno para demostrar que la mejor campaña del mundo se puede hacer mostrando números que no son pero que lucen bonitos, y de resto reposando en La Habana, porque de que está enfermo y es grave la enfermedad, eso no se lo pueden negar a este Espantapájaros con sus poderes especiales y ahora, armado del arsenal de equipos que por una razón u otra, pero siempre con generosidad, me han hecho llegar los lectores de mi columna.


La comparsa de opinadores

Pero la más interesante de todo es la campaña que le hace el coro partidista a los números de las encuestas que ellos mismos fabrican y la forma como esas mismas encuestas y esas mismas campañitas, van sumando a opinadores que, diciéndose de Oposición derivan, algunos para “negociar”, otros porque no se les termina de pasar el guayabo de haber perdido en las primarias, pese a que la estrategia de su candidato o candidata era mejor, y aun terceros que caen en la tentación de terciar, si son terceros tienen que terciar, lógico. Terminan por terciar en un debate sin sentido sobre lo que el candidato opositor debe hacer o debió hacer.  Porque a Águila Uno y su estrategia no lo tocan ni con el pétalo de una rosa.

Lo que más me llama la atención desde aquí en el descampado es analizar la campaña de Águila Uno en sus tres facetas más importantes. La primera consiste en decir que a Halcón Uno lo van a retirar y poner otro porque no da la talla. Hasta al Gallo lo han querido meter de eventual sustituto. Lo segundo que dicen es que no tiene capacidad para liderizar al país. Lo tercero son las encuestas “montadas” de las que ya hablamos para demostrar que todo lo anterior es verdad. Si es mal candidato y no es líder, ¿Cómo le va a ganar a Águila Uno? Y el coro de opinadores lo acompaña.

Por supuesto que hay acciones colaterales en la campana de Águila Uno. Cuando se destapa una cañería adicional, toman una manguera y empiezan a regar la excreta a los demás para que todo el mundo tenga el mismo olorcito. Otra, asustar. Meter miedo. Otra, cuando Águila Uno se medio se recupera luego de dos semanas de reposo, se lo traen cargado de esteroides por dos horas para que despotrique contra Halcón Uno y descargue su capacidad histriónica, que esa no la ha perdido, para que ese público que lo adora como un líder “religioso” (tronco de cuento), sienta que está fino, y que ahora es que le queda vida hasta el 2031.  Y entre el olorcito de la cloaca que se riega, el amedrentamiento y los esteroides, ponen real, mucho real a rodar para que la gente sienta ese “fervor religioso hacia el líder” del que habla un famoso encuestólogo de los que hemos hablado.

Con razón dijo Einstein y lo recuerda a cada rato el pájaro SABIO que la política es más difícil que la física. Y es facilito comprender las razones. Uno, porque en la física no hay emociones. Dos, por que las fuerzas del universo no mienten. Tercero, porque en los espacios siderales no hay maquinitas que cuenten a la velocidad de la luz.

Entre tanto, el Halcón ni se inmuta. Pero pilas, pajarracos, ¡pilas!

 
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