PAS DE FAUX

Américo Martin

Américo Martín
@AmericoMartin
amermart@yahoo.com    

I

Parte de la leyenda que mancha el noble oficio de la política proviene de esa forma de ser de muchos líderes que, con harta frecuencia, se comunican en estilo indirecto. Sus declaraciones no siempre deben tomarse en serio al punto que más se obtiene descubriendo el sentido escondido en sus palabras antes que el literal, el gestual por sobre el oral o el escrito.

No debe creerse que estas maneras sibilinas sean necesariamente injustificadas. En el manejo de la atención de las personas a las que debe transmitirse un mensaje, hay que partir de la enorme variedad de criterios y emociones que puede haber en ellas. Por eso, cuidar la expresión para salvar el mensaje es un arte de la comunicación cuya pertinencia debe aceptarse. A muchos, con razón, no les gusta. A otros, por ganas de debilitar al rival, tampoco.  Y por supuesto también debe reconocerse que por semejantes carriles puede deslizarse la manipulación de las emociones con fines más bien bastardos.

Disculpen mis pacientes lectores, pero como observarán de seguidas estas abstractas incursiones en los estilos de hacer política resultan indispensables para entender a los aspirantes a la sucesión que revolotean en el cielo del PSUV. Cuando dicen no es el mejor momento para leerlos. Es lo que ocurre con las procesiones que van por dentro, fenómeno que está tocando muy de cerca al partido del Timonel barinés.

 

II

Cuál sea la gravedad del mal que afecta al presidente, es asunto que éste no tiene interés en aclarar por muy obligado que esté a informarle al país todo lo que amenace la marcha de la gestión gubernamental. Pues bien, no debe proveerse lo que el interesado guarda bajo siete llaves.  No quiere despejar la incertidumbre, así esté anarquizando a su propio partido. Y por eso ha pedido de mil maneras que nadie se haga eco de rumores ni contemple escenarios distintos a los relacionados con Capriles y Chávez, la paz y la violencia, el progreso y el retroceso, la unión y la exclusión, el diálogo y la ruptura, el encuentro y el desencuentro.

Afortunadamente esa orientación prevalece en el  Comando Venezuela, por mucho ruido y diversionismo que emanen de la procacidad del presidente y su irrisorio empeño de convencer a una oposición probadamente unida de que está desunida. O, a pesar de estar en la calle tocando y hablando con la gente, que el pueblo la rechaza. Pretenden estos ilusos que la mayoría del país está hipotecada al estratosférico e inalcanzable presidente. Hay masoquismo, claro, pero por Dios, no tanto.

Más de tres millones de valientes, cuya proyección mínima o “lecho de rocas” es seis millones, eligieron su candidato y sin embargo, según fabulan Schemel y Jesse, se desvanecieron en el aire, no obstante haber afrontado riesgos demoníacos en las Primarias del 12 de febrero.

En el fondo de tantas acrobacias mediáticas subyace el verdadero drama del gobierno. Cuando creíamos que el presidente había superado sus males, los movimientos de los barones aspirantes a la sucesión y ciertas nerviosas advertencias suyas nos dicen sin decirnos que algo no resuelto se agita en el caldo.

 

III

            Como indico antes, no se trata de expresiones directas sino indirectas; algo oculto y sin embargo no del todo; equívocos reveladores, imprudencias rápidamente desmentidas, pasos en falso, posiciones adelantadas que suscitan alarmas. Sensación de derrota, seguida de proyecciones dirigidas a atribuir a la unidad democrática y su candidato los problemas que oscurecen las posibilidades del  suyo. Decir, por ejemplo, que la alternativa democrática estudia cambiar el candidato que eligió en forma impecable, no es más que velar el hecho de que el único que puede ser cambiado es el presidente, si hemos de guiarnos por los pasos en falso que menudean en las alturas del gobierno. Decir que mientras más se ausenta del país más crece su popularidad no sólo es risible sino que es una afrenta contra el propio caudillo. ¿De manera que la gente lo quiere más cuando no está en Venezuela? El pueblo de este país tiene mucho sentido de humor, pero hombre, no será para tanto.

            Los antiguos bolcheviques rusos, acostumbrados a comunicarse en forma sugerida para evitar la cacería de la la Okhrana zarista, decían hablar a la manera de Esopo, el fabulista griego. A un relato corto relacionado con animales humanizados, seguía una moraleja al alcance de la gente inteligente. Con fábulas, apólogos y moralejas se entendían. Los bolcheviques decían hablar “esópicamente”.

            Sin ser bolcheviques, ni huir de la Okhrana, los barones de la sucesión chavista discurren también como Esopo. ¿A qué le huyen? A la cólera del jefe del proceso que padecemos. Es sacrílego suponer que alguien distinto al caudillo pueda ocupar su solio. Pero debe haber mucha presión para que el gobernador Castro Soteldo se atreva a reflexionar sobre ausencia o severo menoscabo del presidente. Fue desmentido pero no rechazado. Para mitigar el efecto, el Timonel hubo de  levantarse, mostrar el rostro sonreído y desaparecer.

            Compiten Diosdado, Maduro y Adán. Algunos creen ver en José Vicente un outsider pero no parece haber ambiente para “terceros componedores”  En ese mundo de sombras y espejos apareció el afiche de Diosdado.  Pas de faux, posición adelantada, según Adán y Castro Soteldo. ¿Quién es el autor? La oposición, claro, pretexto que ya sin convicción usan para ocultar sus miserias endógenas. Otros mencionan a Maduro y no falta quien hable de globos de ensayo. Y el presidente ¿qué dice? Tan esópico como los demás, se limitó a criticar genéricamente el “protagonismo” y el “personalismo”  

El diablo, viejo zorro, confunde a quienes quiere perder

 

 

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