UNA FRAGIL AMISTAD

MANUEL FELIPE SIERRA – 

Álvaro Uribe durante su gobierno fue el principal objetivo de los ataques de Hugo Chávez. El gobernante colombiano iniciaba una recia ofensiva militar contra la FARC, mientras que para Chávez, en su proyecto de exportar la revolución a Suramérica, era indispensable la aproximación con el grupo guerrillero.

Ya la historia es conocida. Chávez consideró a la FARC como un movimiento revolucionario y no como brazo armado del narcotráfico al punto que sus vinculaciones con éstas sometieron las relaciones diplomáticas entre los dos países a graves desencuentros y rupturas. Amenazas de aviones sukhoi sobre Bogotá, homenaje público en Venezuela al jefe guerrillero “Tirofijo”, comprobada acogida venezolana a los jefes del grupo armado se sucedieron en cadena. La situación tuvo un punto culminante en 2010, poco antes de la Toma de Posesión de Juan Manuel Santos, con la denuncia formulada por el gobierno de Uribe ante el Consejo Permanente de la OEA, consignando pruebas de la existencia de campos guerrilleros en territorio venezolano.

La elección de Juan Manuel Santos hacía suponer que las discrepancias existentes serían heredadas por el nuevo mandatario. Era lógico: Santos como ministro de la Defensa  había sido el brazo ejecutor de la política “dura” contra la insurrección.

¿Qué ocurrió para que se congelara la denuncia ante la OEA, se restablecieran relaciones diplomáticas entre los dos países y Chávez honrara una deuda de 900 millones de dólares con los exportadores colombianos? La mano tendida de Santos le permitió a Chávez sortear una grave contingencia ante la comunidad internacional mientras que a Santos le ofreció la posibilidad de atender las demandas del empresariado colombiano y de paso diferenciarse de la gestión de Uribe.

Santos decidió actuar con tanta discreción frente al mandatario venezolano que llamó a su homologo su “nuevo mejor amigo” y advirtió al continente que sólo Chávez garantizaba “paz en la región”. La posterior entrega de Walid Makled a Venezuela marcó la ruptura entre Santos y Uribe, quien encontró en la nueva relación Santos-Chávez un pretexto para acentuar la línea de oposición a su antiguo colaborador.

Así como en su momento Chávez usó a Uribe para ganar puntos internamente, ahora es Uribe quien utiliza a Chávez en Colombia para acentuar la debilidad de Santos frente a la guerrilla.

¿Era posible acaso ocultar por mucho tiempo el nexo de Caracas con una organización condenada en el escenario internacional?

La semana pasada el atentado contra el ex ministro Londoño en Bogotá fue interpretado por Uribe como el comienzo de una nueva ola de la subversión guerrillera. Pocos días después, integrantes de las FARC darían muerte a 12 militares colombianos. Los ejércitos de ambos países se movilizan.

¿Por cuánto tiempo más podrán Santos y Chávez mantener una relación sustentada en movedizas conveniencias políticas? 

 

Artículos relacionados

Un Comentario;

  1. azael valero said:

    Muy difícil mantener una relación sustentada de tal manera, por cuanto sencilla y llanamente estos grupos son “enemigos internos” de un país democrático. Desde el 17 de Febrero del año 1984 surgió la intención oficial de los dos Ministerios de Defensa (Colombia y Venezuela) en el sentido de estrechar las relaciones entre las Fuerzas Armadas de Colombia y Venezuela, a fin de combatir el narcotráfico, la subversión, el secuestro de personas y otros delitos fronterizos. El día 13 de Diciembre del año 1978, se firmó en Bogotá una Directiva sobre el “Convenio entre Colombia y Venezuela para, entre algunas metas, “mantener e incrementar las relaciones de coordinación y apoyo mutuo de las unidades militares de Venzuela y Colombia a ambos lados de la línea fronteriza, a fines de poner freno a las actividades subversivas que ocurrieran en el área. Luego salieron “algunos intelectuales e ideólogos intrigantes” hablando de soberanía; y fue cuando estuvo de moda aquello de “persecución en caliente”. No olvidemos que somos países hermanos y todas estas actividades se pudieran realizar; pero el problema son los grupos polìticos de turno quienes son los que utilizan tanto a los guerrilleros como a los militares. Si quienes deciden en estos grupos son demócratas, decidirán para hacer el bien.

Los Comentarios han sido cerrados.

Top