Jordi Alba, intenso en todas sus acciones

El reciclado lateral del Valencia ha ocupado con naturalidad un puesto que parecía maldito en la selección española

CAYETANO ROS

 

Jordi Alba durante un entrenamiento en Schruns

En el acto de despedida de Unai Emery, cuando el Valencia le otorgó la insignia de oro y brillantes hace un par de semanas, solo tres jugadores acompañaron al que había sido su entrenador en las últimas cuatro temporadas. Uno de ellos era Jordi Alba (L’Hospitalet de Llobregat, Barcelona; 1989), en muestra de agradecimiento por haberle convertido en el futbolista que ahora es: un lateral izquierdo de ida y vuelta, potente en la carrera, versátil para jugar también como volante y, sobre todo, intenso en todas sus acciones. Desahoga mucho a su equipo no solo por su velocidad punta, sino también por la alta frecuencia de sus sprints.

Alba ha entrado con tanta naturalidad en la selección de Vicente del Bosque que da la impresión de llevar en ella mucho tiempo cuando, en realidad, apenas ha sido tres veces internacional y debutó el pasado 11 de octubre ante Escocia en Alicante precisamente en un partido de la fase clasificatoria para la Eurocopa de Ucrania y Polonia. Al ser reclamado en esa primera ocasión, reaccionó con entusiasmo y mucha confianza: “Del Bosque no se ha equivocado al convocarme”.

España se había quedado sin laterales izquierdos después del Mundial de Sudáfrica 2010 y la marcha de Capdevila al Benfica, en el que ha estado condenado a la grada casi toda la campaña. Del Bosque comenzó a rastrear posibles sustitutos. El mejor colocado, Monreal, no acabó de convencerle a pesar de su rutilante fichaje por el Málaga. También siguió a dos de los emigrantes españoles en esa demarcación: José Enrique, en el Liverpool, y José Ángel en el Roma. Pero la prueba de Alba ante Escocia resultó satisfactoria para el seleccionador. Mantuvo la firmeza defensiva a la vez que alcanzó la línea de fondo en los ataques requeridos por un combinado tan ofensivo como el español.

Ya es significativo que los dos laterales presumiblemente titulares en la Eurocopa, Juanfran y Alba, sean extremos reciclados a labores defensivas. En el caso del catalán tuvo mucho que ver que, tras ascender al Valencia procedente del filial, se encontrara en el primer equipo con Silva y Mata en esa posición. En calidad técnica no podía competir con ellos. Así que Emery le retrasó a la zaga para dar descansos a Mathieu. Al principio, le costó aprender los conceptos defensivos, pero, cuando lo hizo, acabó siendo superior al francés e intercambió constantemente con él las posiciones por el flanco izquierdo.

Criado en su cantera, el Barcelona le descartó por su escasa estatura: ahora mide 1,72 metros. Le fichó entonces el Cornellà y, ya con 18 años, le contrató el Valencia, que pagó por él 6.000 euros. En el filial destacó como un extremo rapidísimo, pero algo atropellado, hasta que, tras un año cedido al Nàstic de Tarragona, regresó con un punto de madurez. Emery se encargó de cocerlo y, ahora, a los 23, es uno de los jugadores más cotizados del mercado. Pese a haber estado negociando en los últimos meses, el Valencia no ha conseguido aún renovar su contrato, que termina en junio de 2013.

Con la Eurocopa de por medio, Alba tiene toda la banda izquierda para él y el futuro está en sus manos.

El País

 
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