EL TEMOR DE JERUSALEN

Manuel Felipe Sierra

Fábula Cotidiana
Manuel Felipe Sierra
manuelfsierra@yahoo.com
Twitter: @manuelfsierra 

 

Es el 28 de mayo en Jerusalén y dentro de dos días se recordarán los 50 años de la ejecución de Adolf Eichmann, condenado a muerte por 15 crímenes contra la humanidad. Dos años antes, en mayo de 1960, el Mossad lo secuestró en una calle del barrio de San Fernando en Buenos Aires, y lo transportó a Israel burlando a la policía argentina. El hecho provocó un gran debate mundial, incluso en el Consejo de Seguridad de la ONU que finalmente, mediante una tímida resolución, exhortó a Israel a indemnizar a Argentina por violación de su soberanía.

El escritor Álvaro Abós en el libro “Eichmann en Argentina” recrea la escena: “La noche del jueves 31 de mayo 1962, Otto Adolf Eichmann, nacido en Solingen, Alemania, de 56 años, subió al patíbulo en la prisión de Ramala, a 15 kilómetros de Jerusalén. Rechazó la capucha negra que quiso colocarle el verdugo y pronunció sus últimas palabras: ‘¡Larga vida a Austria, larga vida a Alemania, larga vida a Argentina, nunca los olvidaré!’. Eran las 11:45 cuando la trampa de la horca se abrió”.

Ahora, a las 10:00 de la mañana varios colegas latinoamericanos comentamos el hecho a las puertas de la Knesset, el parlamento israelí. En unos minutos su vocero Shai Hermesh ofrecerá un panorama de la situación política y los riesgos que se ciernen de nuevo sobre el país. Hermesh es parlamentario del partido Kadima, que recientemente ofreció apoyo al partido Likud para conformar una mayoría legislativa alrededor del primer ministro Benjamin Netanyahu. Es economista, empresario agrícola, estuvo al frente de un kibutz y cuenta con varios años de experiencia política.

Con voz serena  estima que Israel debe alertar el mundo sobre el riesgo para él cada vez más inminente de un ataque nuclear por parte Irán. Pero no sólo la amenaza pesaría sobre los  7.624.600 habitantes del país y las poblaciones vecinas, ya que está claro que el programa de enriquecimiento de uranio de Teherán ha logrado un nivel suficiente para accionar un ataque sobre su nación, por lo que no se explica el empeño en avanzar en un programa que permitiría abarcar a toda Europa. “¿No es esto una amenaza a la paz mundial?” comenta.

Shai Hermesh vocero de Knesset

 “Si el presidente Obama y las potencias europeas no toman en cuenta que no se está ante la posibilidad de un conflicto limitado a la región sino de una ofensiva nuclear de consecuencias impredecibles para el mundo, podríamos estar ante una inmensa catástrofe”. No sólo eso: Los servicios de inteligencia israelíes constatan que desde Irán y Siria se produce el desplazamiento de una cantidad significativa de cohetes para el grupo Hesbolá en Líbano, así como un intenso tráfico de misiles de esos países hacia la Franja de Gaza, refugio de los rebeldes palestinos. Todo ello configuraría una mayor conflictividad en los países vecinos.

  ¿Existe diálogo con Hamas y otros grupos radicales palestinos?, pregunta Clovis Rossi del Folha de Sao Paulo. Para Hermesh ocurrieron varias circunstancias después de la muerte de Menájem Beguín en 1992 quien había firmado el tratado de paz egipcio-israelí en 1978 y que parecía un avance decisivo para solventar el histórico conflicto. Más recientemente el primer ministro Ariel Sharon rescató la propuesta para avanzar en el camino que se consideraba correcto pero justamente en esos días sufrió un accidente cerebrovascular, que lo mantiene desde el 2006 en estado vegetativo en el Sheba Medical Center de Tel Aviv. Su sucesor  Ehud Ólmert,  mantuvo y avanzó en la iniciativa de Sharon pero debió abandonar el cargo por acusaciones de supuestos actos de corrupción que finalmente no fueron ni han sido corroborados. “Todo ello interrumpió el proceso de paz que ahora pudieran reanudarse con nuestro apoyo al primer ministro Netanyahu, pero los voceros palestinos se niegan a conversar”.

 En su análisis Hermesh no subestima la incidencia que en una eventual crisis podrían tener los resultados de las elecciones en Egipto y el desenlace de la ya prolongada crisis en Siria. Así como tampoco los efectos de la llamada “Primavera Árabe” que si bien en un comienzo significó una emergencia de las clases medias y los jóvenes ante regímenes despóticos, los beneficiarios parecieran ser los factores del islamismo radical que mantienen un claro apoyo a la causa palestina y que suelen identificar a Israel con  la diplomacia de los Estados Unidos.

   A ello  no escapa la “ola verde” desatada por La Sharia o “Ley sagrada” desde el Magretb hasta el Medio Oriente la cual estimula la reaparición de movimientos neonazis en Grecia, Austria y otros países europeos, como un elemento adicional de tensión. ¿Cuánto afecta la crisis económica de Europa a Israel?, pregunta Gustavo Sierra de “Clarín” de Buenos Aires. Hermesh aclara: “No nos afecta directamente. Israel tiene 5,2% de crecimiento, 40% es nuestro nivel de exportaciones, alta tecnología, desarrollo de energía solar y una inflación del 1,3%. ¿Por qué escapamos a la crisis? Porque existe una estricta regulación del sistema financiero y la ley 2000 prohíbe a los gobiernos los déficit fiscales. Desde luego, las exportaciones a los países europeos han sido afectadas en buena medida por la crisis económica.”

 

Jerusalén

Hermesh repite que pese a los signos adversos, Israel siempre “está preparado para enfrentar al peor enemigo”, pero que también está dispuesto y hará todos los sacrificios posibles para agotar las negociaciones y evitar lo que seria una guerra sobre cuyo alcance parece que todavía no se tuviera comprensión en la comunidad internacional. “Queremos la paz, no tenemos vecinos ideológicos sino estados con los cuales queremos colaborar y hemos colaborado siempre en términos de equidad”. La curiosidad periodística parece satisfecha. Hermesh se levanta, saluda a los presentes y ante de despedirse me pregunta: “¿Dígame usted cómo periodista venezolano, Chávez gana de nuevo las elecciones? Primero tendría que ganarle a la enfermedad, le contesto. Ja – ja Usted no me contestó la pregunta – todá rabá. “Gracias a usted, señor Hermesh”.

 

 
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