LA CAMPAÑA DE CAPRILES

Andrés Cañizales

ANDRES CAÑIZALEZ

 

El contundente triunfo de Capriles el 12 de febrero fue también una clara señal del electorado opositor: no queremos otro gallito de pelea que se parezca a Chávez

 

Hace algún tiempo me soltaron la siguiente frase: ningún venezolano está conforme con el manager de su equipo y, es más, en realidad cree que podría hacerlo mejor en tal posición. En las últimas semanas han surgido los más disímiles comentarios acerca de la efectividad de la campaña electoral del aspirante de la alternativa democrática, Henrique Capriles Radonski. Si apartamos la guerra sucia del Gobierno y nos quedamos con los puntos de vista de quienes sí apoyan a Capriles, en el fondo parece repetirse la máxima que se aplica en los casos del beisbol, todos los que comentan, critican o cuestionan la campaña de Capriles Radonski se creen con mejor conocimiento o experiencia u olfato político que quienes la están dirigiendo realmente. Podríamos decir que todo venezolano, además de ser un manager de beisbol en potencia, también se asume como jefe de una campaña electoral.

 

Cuando se dictan cursos de comunicación política, un aspecto básico está relacionado con a quién va dirigida una campaña electoral. Una fórmula sencilla resume el desafío de una campaña en estos ítems: a) generar incertidumbre en los contrarios; b) ganarse a los indecisos, y c) mantener las adhesiones de la base que me apoya. Cualquier manual de comunicación política y campañas electorales, con diferentes matices, termina concluyendo esto.

 

Desde mi punto de vista, una vez que Capriles Radonski obtuvo un voto mayoritario, en realidad deberíamos decir arrollador, en las filas opositoras en las primarias del 12 de febrero, su principal desafío estaba orientado a ganarse a los indecisos y a ser un rostro visible y una figura cercana entre el electorado. Esa enorme franja de indecisos o de venezolanos que puntualmente han votado por Chávez, sin ser parte de la base dura del chavismo, son los que en realidad decidirán la votación el día 7 de octubre de 2012.

 

Entonces, esa franja de votantes es el público meta del mensaje de Capriles, a quienes el candidato debe hablar en este momento, con el fin de poder revertir las tendencias de opinión pública. Sobre este punto conviene recalcar que las encuestas más serias del país dan un margen de entre 6 y 10 puntos a favor de Chávez, un aspecto que es factible revertir dado el enorme número de venezolanos que al ser consultados por las encuestadoras se definen como indecisos. Por otro lado, la estrategia de Capriles de salir a recorrer el país casa por casa lo coloca en un escenario donde su adversario no puede competir en este momento, y por tanto eso le otorga la posibilidad de brindar un mensaje único.

 

Decir en este momento que la estrategia del casa por casa de Capriles ha fallado es un tremendo error, puesto que los efectos reales de esta estrategia –que en mi opinión es correcta– sólo podrán verse en el mes de julio, cuando los sondeos recojan el impacto entre la gente de tal acción.

 

Otro error es pretender que Capriles Radonski sea lo que no es. Es decir, muchas voces se exaltan y piden que el abanderado de la alternativa democrática salte al ring para responder a las provocaciones del chavismo, en los mismos términos. El contundente triunfo de Capriles el 12 de febrero fue también una clara señal del electorado opositor: no queremos otro gallito de pelea que se parezca a Chávez. Por razones que las sabiondas encuestas no han podido explicar, la masa opositora convencida optó claramente por un discurso moderado, pese a que en la lista de opciones tenía tres posibilidades que ofrecían radicalismo con distintos matices (María Corina Machado, Pablo Medina y Diego Arria).

 

Si Capriles y su equipo de campaña leyeron correctamente los resultados del 12 de febrero, entonces su campaña no puede ahora apostar por la confrontación y la polarización con el chavismo, escenario que –por cierto– le daría muchas más posibilidades a Chávez de triunfar. Si sólo nos guiamos por la intensidad con que la campaña de Capriles es analizada, cuestionada o descuartizada en los programas de Venezolana de Televisión (VTV), entonces podría decirse que va por buen camino.

 

@ELNACIONAL


 

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