EL FUTURO SE INVENTA

VICENTE DIAZ – 

 

Si se hubiese hecho una encuesta preguntando sobre necesidades y aspiraciones a los ciudadanos de sus respectivas épocas, para determinar hacia dónde enfocar talento y esfuerzo, los resultados habrían indicado cosas muy diferentes de lo que poco tiempo después surgirían como necesidades primarias.

Si se hubiese guiado por una encuesta, Edison no hubiese inventado el bombillo, ni Steve Job el Ipod, ni los hermanos Wright la aviación. Tampoco se hubiese inventado el automóvil, la fibra óptica o la agricultura.

Las innovaciones no responden a necesidades, las crean. Los innovadores no andan preguntándose lo que la gente quiere, se atreven. Las necesidades y aspiraciones están condicionadas por lo que ya existe. Los soñadores son los que cambian el mundo al generar nuevas aspiraciones y necesidades. Cien años atrás nadie hubiese incluido un televisor en su lista de compras, hoy el mundo no funciona sin ellos.

 

 

El esfuerzo y el talento colectivo hacen a las naciones grandes y mejores. Pero son los soñadores los que disparan las rupturas de paradigmas, la “forma de pensar” de una época. Picasso no consultó, se atrevió. A Gaudí dejaron de pagarle obras porque eran muy feas, hoy son íconos de Barcelona.

Ni en sus sueños más peregrinos las sufragistas europeas pudieron imaginar que unas cuantas décadas después varias mujeres dirigirían una muy significativa parte de la política mundial.

Y es que en la tecnología, las artes, el deporte y la política el principio siempre es el mismo: las ideas nuevas siempre son minoría… al principio.

Porque la gente resiste el cambio, prefiere seguridades. Hasta que lo nuevo despunta, y, si es bueno, se riega como la pólvora saltando de boca en boca y de mente en mente, conquista corazones, potencia aspiraciones. Crea nuevas realidades. Los cambios de paradigmas se difunden e instalan tan rápida y silenciosamente que sorprenden a los apoltronados regodeados en certidumbres.

Porque las encuestas, poderosas herramientas de investigación social, aun las más científicamente diseñadas, ejecutadas y tabuladas, tienen los límites que les impone su naturaleza: siempre hablan del pasado. Ninguna puede decir nada sobre el futuro.

Porque el futuro siempre es creación. Es la creación del diálogo complejo entre soñadores que se atreven y comunidades que, inspiradas, negocian incertidumbre por esperanza.

Hacer Política, con P mayúscula es usar las encuestas como referencia, nunca sustitutiva de la visión de lo que se quiere construir. El dirigente sondea la realidad, el líder la recrea inspirando otra manera de pensar.

Los propios encuestadores lo dicen: las encuestas pueden servir para todo menos para predecir el futuro.

El futuro se inventa. Hay quienes andan en eso. 

@vicenteDz

 

* Como en ocasiones anteriores, esta semana cedemos nuestro espacio editorial a una columna de especial interés.  Por razones de espacio, sin alterar su esencia, hemos debido editar su contenido.

 
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