LA PROPAGANDA DEL MILAGRO

Victor Maldonado C.

VICTOR MALDONADO C.
victormaldonadoc@gmail.com
Twitter: @vjmc

 

 

 “No tomarás su nombre en vano”

 

Primero Dios, segundo mi comandante. Así comienza la cuña oficialista en la que aparece un adulto quien fue niño de la calle, y hoy es un taxista de 43 años, beneficiario de un super apartamento. Cargando a su hijito, apunta a un afiche de Chávez disfrazado de militar, y le cuenta a su bebé: “hasta que llegó el Bolívar este y sacó a la familia de abajo”. Todo un milagro, con santo y todo. Porque la representación podrá ser muy conmovedora pero igualmente es falaz. Quiere transmitir el mensaje de que aquí no hay problema alguno, que la movilidad social está garantizada por el socialismo del siglo XXI y que su rapidez y consistencia es el producto de la conducción eficiente y pertinaz del líder del proceso, el otro Bolívar, mano derecha de Dios, el profeta. Lástima que las cifras oficiales desmientan la propaganda oficial.

Comencemos por las viviendas. La realidad es que este gobierno ha acumulado un inmenso pasivo habitacional. Los expertos dicen que la carencia es de aproximadamente 78 viviendas por cada 1000 habitantes, lo que coloca al país como el del más alto déficit per cápita de América Latina. Pero eso no es lo peor. Las iniciativas del tipo “ciudades socialistas” no garantizan un asentamiento urbano apropiado, ni vialidad, ni transporte, ni fuentes de trabajo, ni acceso a la cultura. Y el mismo que ofrece solucionar todo este desastre es el que por más de trece años no ha dado “pie con bola” al respecto. Lo que hay es un juego miserable con las expectativas de la gente, una especie de pirámide de ponzi habitacional, que exacerba las ansiedades populares y coloca a la gente más pobre en la inútil condición de esperar lo imposible.

Sigamos con la pobreza. La propaganda propone que la pobreza es cosa del pasado. Que los milagros existen y que por lo tanto, no importa cuán abajo estés, el comandante puede transformar tus condiciones de vida. También es falso. La realidad es patética: 482.636 familias viven en condición de pobreza extrema, o sea, sus ingresos no les alcanza ni para comer completo. Y la pobreza sigue estancada en indicadores que rondan el 27%. ¿Y saben por qué? Porque el gobierno sostiene una política económica atroz, que provoca inflación, atiza el desempleo, fomenta la informalidad y el rebusque, desatiende criminalmente los sistemas de salud y educación, y mantiene a los más desasistidos con la ignominia de un subsidio que no mata, pero tampoco engorda. Es por lo tanto un milagro excepcional que en estos momentos haya una movilidad social del tipo ocurrido en Brasil que ha sacado a 30 millones de personas de la pobreza y las ha incorporado al proceso productivo. El comandante ese, presto al culto a su personalidad, no garantiza otra cosa que barrios llenos de pobreza e inseguridad.

Sigamos con la inseguridad. El niño de la calle convertido en usufructuario de un apartamento, sería una verdadera excepción. La violencia se ha cebado precisamente en los jóvenes pobres, parte importante de la estadística que suma y suma homicidios, hasta llegar a casi 160 mil muertos que son la herencia más conspicua de este gobierno. El santo comandante no ha querido resolver el problema porque sus alianzas centrales son con la impunidad y los negocios ilícitos que se amparan en el desorden y la barbarie. El taxista miente. Su “Bolívar” no es un liberador. Todo lo contrario, es un tiranuelo que no gusta de las tareas de gobierno. Se ufana en el poder, en su uso, disfrute y disposición.

Pero hablemos de la educación del niño que tiene el taxista en sus brazos. Resulta que esta revolución es el titular de la siguiente estadística: el 47% de los niños en edades comprendidas entre los 3 y los 14 años no están estudiando. Son cerca de 4 millones de niños que nunca van a salir de abajo, pero van a acumular resentimiento social y se pueden prestar a los negocios ilícitos del narco y el sicariato. Hecho en revolución, por ese “auxiliar” de dios, esa reencarnación de Bolívar, que mientras tanto, mantiene chulos del ALBA como si su propia propaganda fuera cierta.

No hablemos de los apagones, de la baja calidad del transporte público y de la cultura oficial del odio. Todos ellos forman parte del mismo paquete de realidades que nos muestran cuan falaz es la propaganda oficial. Aquí no hay gobierno. Aquí hay una inmensa estafa social, gracias a que “este Bolívar” ha expoliado la República Civil para trastornarla en este comunismo.

 

 

 

 

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