LA REVOLUCION SOCIALISTA: ¡QUE MANGUANGUA!

THAELMAN URGELLES
 @Turgelles

 

Proclamar una revolución es la mejor coartada para acometer cualquier clase de atrocidad o inconsecuencia moral, tanto mejor si usted la apellida de socialista. Si usted procura el poder y por alguna vía lo obtiene, declare usted que su proyecto es una revolución socialista y desde ese momento no tendrá que hacer un gobierno, porque a las revoluciones no se les exige que gobiernen sino que transformen. Así, no tendrá usted que sujetarse a los plazos de duración que normalmente se exigen a los “gobiernos a secas”; de tal modo, si usted intenta prolongar su mandato sin declarar un revolución usted será un dictador, pero si usted anuncia la construcción del socialismo no lo será, pues ello exige una transición permanente que requiere la permanencia del líder por el tiempo que sea necesario.

 

A partir de esa coartada inicial se desgrana una cascada infinita de excusas que van edificando un indestructible muro de acciones y omisiones. Así, si usted es un revolucionario de buena fe, descubre en su entorno laboral un hecho de corrupción y lo denuncia ante su jefe inmediato, este le dirá: “Eso es muy grave camarada, pero si lo hacemos público perjudicaremos a la revolución, cuando culmine esta etapa de transición tomaremos cartas en el asunto…” Pero la transición hacia el socialismo nunca termina: en la URSS pasaron 84 años y jamás terminó, en Cuba llevan 51 años y nada que llega el ansiado “comunismo libertario”.

 

Entonces todo error u omisión, toda inconsecuencia, incluso todo crimen o canallada quedan encubiertos y justificados por la urgencia revolucionaria. Si usted es un presidente común y corriente, todo acto represivo o de seguridad de sus policías será un crimen contra el pueblo en lucha, pero si usted es un presidente revolucionario su represión será justicia popular contra la contrarevolución. Los golpes de Estado lo son cuando no se asumen revolucionarios y socialistas, los que así se declaran son llamadas rebeliones populares. Usted puede apoyar los peores crímenes contra los pueblos si quien los comete es enemigo del imperialismo, tal como el monstruo de Siria, quien declara -con el aplauso de Chávez- que cuando él masacra poblaciones enteras está actuando como un médico “que amputa órganos para salvar una vida”.

 

Es más, si por negociaciones u omisiones la Nación pierde o ve lesionado su patrrimonio territorial, estaremos en presencia de una traición a la patria. Salvo que lo haga la revolución, en cuyo caso se tratará de un acto de solidaridad soberana entre los pueblos. En fin, el hambre y las necesidades que pasen los habitantes nunca será la misma si se produce por ineficiencia de gobiernos normales, de derecha o centro, que si son producidas por las mismas razones de una revolución de izquierda. En este último caso serán el sacrificio necesario del proletariado para la construcción de la sociedad y el hombre nuevo.

 

¡Qué manguangua esto de ser revolucionario! Bajo estos postulados de impostura e hipocresía, ¿qué pueden esperar los pueblos de las revoluciones socialistas?

 

 

 

 

 

 

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