El ABC de Herman “Chiquitín” Ettedgui – Atleta y periodista deportivo

“Chiquitín” Ettedgu

 

Manuel Felipe Sierra

 

El año pasado conversamos largamente con “Chiquitín” Ettedgui, la verdadera memoria del deporte venezolano. Habíamos coincidido en la redacción del “Diario de Caracas”, donde mantuvo durante meses un excelente suplemento; y luego en Venezolana de Televisión, donde dirigió la sección de deportes. Su muerte esta semana enluta a la gran familia deportiva nacional. De la larga entrevista se extraen algunos párrafos en forma exclusiva para los lectores de ABC de la Semana.

 

-¿Por qué el apodo de “Chiquitín” 

-Por el tamaño. Yo tengo una fotografía de cuando estudiaba segundo grado en el Colegio La Salle. Ahí se ve porqué me llamaban “Chiquitín”. Porque el más pequeño del curso me llevaba una cabeza a mí. Nunca nos dejaban salir solos, siempre venía un hermano con nosotros hasta la Plaza Bolívar y yo era el que encabezaba la fila. En el colegio siempre el más chiquito era yo. Afortunadamente, el deporte me hizo crecer y evolucionar. Si no, hubiera sido un enanito.

 

-¿Cuál era el deporte predominante en aquella época, el que llamaba más la atención de ustedes?

-El béisbol, siempre fue el béisbol. Aun cuando era más fácil jugar el fútbol porque se jugaba en el propio colegio y además el béisbol era más difícil porque debías tener los elementos para jugar: guantes, bate, pelota. Y una pelota se perdía muy fácilmente, mientras que con una de fútbol tú estabas dándole patadas horas y horas.

  

– ¿Cuándo comenzaste a ver béisbol?

– Yo comencé a ver béisbol a la edad de diez años, cuando se efectuó el primer campeonato de béisbol de Venezuela. Anteriormente había aquí equipos como Los Samanes, el Girardot, el San Bernardino, el Vargas, el Royal… que jugaban campeonatos internos y el que ganaba un juego podía ser campeón.

 

– Pero el salto se da con el béisbol organizado en el año 46 cuando ya es la liga profesional.

– Sí, pero para mí se mantiene la misma calidad de las competencias anteriores. El béisbol en el país era de mucha calidad, fíjate por ejemplo, los negros no podían jugar en las Grandes Ligas; en cambio, podían jugar aquí. Y aquí vimos una constelación: Talúa Dandrich, Dave Nukon, Jean Errol Jetel, Leonard, primera base, Roy Companella, incluso vino un equipo de negros con Jackie Robinson de shortstop, que fue el primer negro que jugó en las Grandes Ligas, que rompió la barrera racial.

 

“Batí el récord de los 100 metros planos en el atletismo venezolano”

 

– Pero antes se había producido la gran hazaña de Venezuela en la Serie Mundial en Cuba.

– Sin duda, el béisbol cambia de aspecto en 1941, porque en ese momento el fútbol era el deporte preferido. Cambia con la Serie Mundial de La Habana, que la gana Venezuela. Yo estaba en La Habana, ejerciendo mi profesión de criptógrafo cuando Abelardo Raidi me dijo que tratara de inscribir a Venezuela en el campeonato mundial. Voy a la Dirección de Deportes de Cuba y hablo con el coronel Jaime Mariné y le digo que estamos interesados en participar. Me dijo: “Venezuela está invitada; usted puede traer todos los peloteros que quiera; puede formar la selección más formidable, porque Cuba es invencible”. Fuimos a ese campeonato y Abelardo, que tenía un ojo de garza, observó que los campeonatos se decidían por el pitcheo. Pero no fue tarea fácil el viaje. Fuimos  juntando centavitos, haciendo rifas, y otras gestiones para poder enviar al equipo, en el cual ningún jugador cobró por ir a jugar allá. Tuvimos que conseguirle a unos 300 bolívares para que le dejaran a su familia por un mes. Y como se sabe, el equipo fue con nueve pitchers y con Daniel Canónico, que era la estrella del club y ganamos no solamente la Serie, sino que le ganamos dos juegos a Cuba, con una sola derrota en total.

 

– Esa fue una verdadera fiesta nacional, una apoteosis.

– La victoria revolucionó a Venezuela de tal manera que el Presidente de la República, Isaías Medina Angarita, quien a pesar de ser andino le gustaba mucho el béisbol, suspendió una sesión de Gabinete. Le dijo a los ministros: “Ustedes casi todos son andinos, pero yo soy pelotero y esta sesión no va porque voy a oír el juego de pelota”. Caracas, que tendría unos trescientos mil habitantes para esa época, se desbordó y por lo menos cien mil se encontraban en La Guaira para recibir a los muchachos que venían en barco. Los viajes se hicieron ida y vuelta en barco. Nos fuimos en el vapor “Cuba” y regresamos en la motonave “Cuba”, que nos la dio el gobierno cubano para que nos trajera porque no había ruta por la guerra. El béisbol en Venezuela se divide en antes y después de 1941.

 

– También jugaste fútbol.

– Sí, yo estudié en La Salle pero nunca jugué fútbol ahí. Jugué pelota porque era mi pasión. Pero sí jugué fútbol desde muy niño en un club llamado Unión Sport Club, que fue una bendición de los señores Benzo y Alfonzo Rivas y Compañía, que eran dueños de la Maizina Americana y protectores del Unión y le cedieron el estadio de San Agustín del Sur. El fútbol para mí es muy importante, empecé a jugar cuando tenía diez años de edad y me retiré a los 79. Es decir, pasé 69 años jugando fútbol, aunque fuese un partido semanal, y terminé jugando con mis nietos y bisnietos.

 

– Pero además tienes un récord en el atletismo.

– A mí me llamaban “el hijo de la tierra” porque yo era muy delgadito, era corredor de cien metros, velocista, hacía los cien metros en diez y fracción. Fui el primer hombre en Venezuela y perdóname la inmodestia, que bajó de 11 segundos en la historia del atletismo venezolano. El récord lo tenía un hombre de la radio, Marcos Hernández Solís, campeón de los primeros juegos deportivos atléticos en Venezuela en 1934, y él había hecho 11. La primera vez que yo corro los cien metros hago 11 segundos y en el periódico La Esfera, el veterano periodista Juan Antillano Galavino puso una nota: “Chiquitín Ettedgui batió el récord nacional de los cien  metros, hizo 11”. 

 

El “viernes negro” y el boxeo

 

– Háblanos ahora del boxeo.

– Lamentablemente el boxeo se acabó en Venezuela no para los boxeadores sino para el público y curiosamente, hemos tenido más campeones mundiales cuando no hay boxeo. Nuestro campeonato mundial se inicia con el gran “Morocho” Hernández, pero el boxeo nace en Venezuela con todo su arraigo, con toda su fe y todo su entusiasmo en los años 20 hacia arriba y se desarrolla mucho en los años 30. Tuvimos grandes fajadores, encabezados por Simón Chávez, “El Pollo de la Palmita”, Enrique Chaffardet, “El Indio de Irapa” y Armando Vega, un gran pegador de la parroquia San Juan. Pero la rivalidad entre Chaffardet y Chávez conmovía a las masas. Aquí había boxeo los sábados y domingos todas las semanas. Desde el llamado “viernes negro”, en 1983, prácticamente se acabó el boxeo, es decir los programas de boxeo dentro de Venezuela, aunque los mismos muchachos lo siguen practicando. Ahora hay peleas, pero va poca gente, aunque los boxeadores mantienen su calidad. Desde los años 30 se inicia una buena época con peleadores como Chaffardet, Almeida, Oscar Calles, Ramoncito Arias, Benigno Iglesias y Betulio González. La lista de campeones mundiales pasa de treinta. Hemos tenido para dar y regalar sobre todo coraje y buenos entrenadores, que era lo que no tenía el fútbol aunque ahora si lo tiene. En el béisbol siempre ha habido grandes managers y grandes jugadores.

 

– Has sido además durante largos años comentarista en radio, televisión y en los medios impresos. Incluso fundaste y dirigiste revistas hípicas.

– Sí, es verdad, también he estado vinculado al hipismo, cuya tradición se remonta a 1896, cuando el general Crespo inaugura el hipódromo de Sabana Grande, cuando a Sabana Grande se iba en tren. Luego hubo carreras de caballo en Santa Mónica, en Los Rosales y Prado de María. Pero donde comienza realmente el hipismo es en Sabana Grande. Y en aquella época se transportaban con una misma tribuna. Una tribuna de madera que la transportaron en coche hasta el hipódromo de El Paraíso, allí la construyeron igualita y ahí estuvo hasta que se acabó este hipódromo en el año 59, cuando se fundó el Hipódromo La Rinconada.

 

Herman “Chiquitín” Ettedgui con su familia.

-¿Qué recuerdas de aquellos tiempos?

-Recuerdo mucho. Había un caballo que lo llamaban “Pata e’ Palo San Gabriel” porque estiraba y encogía una pierna, así como el caballo “Click”, que fue famosísimo y la pata se le quedaba enganchada. Hubo un señor que se llamó Nicolás de Las Casas, que era futbolista, criador de caballos, hacía de todo y él tenía un caballo llamado “Vanguardia”, que era un caballo criollo, porque aquí el mestizaje se hacía con caballos purasangre y yeguas criollas. Los llamaban “media sangre”. El general Gómez también apoyó bastante al hipismo. De Sabana Grande se pasa al hipódromo de El Paraíso. Se suspenden las carreras en 1928, cuando la revolución de los estudiantes y reaparecen en 1932. Me acuerdo de cuatro ganadores de carreras memorables: “Zumbador”, “Orinoco”, “Aviador” y “Rumba”, esos eran los caballos de esa época. Después viene en la época de los 30 la evolución del hipismo y se funda la Escuela de Jinetes de Venezuela, que para mí es la mejor del mundo. Es una conjunción del jinete panameño, el peruano y el chileno. Aquí vinieron las mejores fustas de Chile. Juan Araya, los hermanos Cruz, Moreira, Bustamante, todos ellos muy bueno y se unieron con los buenos nuestros, como Yumar, Ávila, Chapellín. Chapellín y Ávila fueron verdaderas estrellas.

 

– Luego también hay un episodio importante con la victoria de “Cañonero” en 1971

– Sí, fue la consagración del hipismo venezolano, cuando “Cañonero” gana las dos primeras coronas del hipismo norteamericano. Ese hipismo donde se recuerda  “Íntegro”, “La Bala Rubia”, “Edo”, “La Liebre” y “Repick”, los mejores caballos de carrera importados de Irlanda. Comienza entonces el fomento del hipismo venezolano a base de la cría, porque aquí había mucho dinero y nadie se interesaba en comprar un potro y criarlo, sino que comprabas el caballo de carrera. Desde “Cañonero” empezó a nutrirse el hipismo venezolano con los mejores caballos del mundo, que para nosotros son los argentinos porque el caballo argentino tiene las patas más gruesas. El caballo de carreras pesa entre 400 y 500 kilos y si las patas son muy delgaditas, son frágiles. El argentino tiene patas más gruesas y fuertes y se adaptó rápidamente a nuestro medio. Hoy en día hay una excelente cría de caballos en el país y desde 1975 no se importa un solo caballo, todos son venezolanos y hasta hace poco no daban abasto para dos carreras semanales en el Zulia, dos en Valencia, tres en La Rinconada y también en Guayana y otros hipódromos.

 

– Pero eso ha cambiado en los últimos años, se han tomado una serie de medidas que prácticamente han liquidado el hipismo.

– Sí, es verdad. Pero todo eso pasará, no es posible liquidar la afición ni todos los esfuerzos que se han hecho durante años para tener un hipismo de gran calidad. 

 

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