EL FUTURO NOS PERTENECE

Luis Ugalde


LUIS UGALDE
lugalde@ucab.edu.ve    

 

En mis visitas al Berlín comunista, hace 45 años, me llamaban la atención unos inmensos letreros que coronaban los edificios oficiales: Die Zukunft Gehört Uns o “El futuro nos pertenece”, que prometía el régimen policial a la deprimida población que vivía en esas calles muertas, de casas carcomidas por la guerra, la pobreza y el miedo. Esfuerzo y propaganda del régimen soviético que pregonaba que el presente es duro y con muchas carencias pero, gracias a la científica conducción del partido, pronto amanecerá una radiante mañana sin ocaso ni privaciones.

 

Checkpoint Charlie

Este año, con la ciudad transformada, tuve la oportunidad de caminar otra vez por las calles que estuvieron divididas por el muro, por las alambradas y por los soldados soviéticos que cuidaban el paraíso prometido. Visité Checkpoint Charlie, lugar de cruce del muro de la zona americana a la soviética donde, en 1967, luego de media hora de interrogatorio comunista en un cuarto cerrado, no me dejaron pasar El nuevo catecismo bíblico alemán, que llevaba de regalo a un jesuita que atendía espiritualmente a los enfermos de un hospital. Naturalmente, no podían permitir la entrada de malignas semillas del “opio del pueblo”.

 

Recientemente el escritor cubano Leonardo Padura en la extraordinaria novela El Hombre que Amaba a los Perros desentraña la criminal y obsesiva persecución estalinista a Trostky hasta su asesinato en México, y deja al descubierto la “perversión de la utopía” socialista en represión y asesinatos. En la novela, Jaime es el comunista cubano (Padura lo define: “Como metáfora de una generación y como prosaico resultado de una derrota histórica”), que nos relata las peripecias del comunista catalán Ramón Mercader a las órdenes de Stalin hasta asesinar a Trotsky en 1940 y hasta su muerte en 1978.

 

León Trotsky. Revolucionario, escritor, teórico lúcido, figura señera del movimiento socialista y jefe del Ejército Rojo en sus inicios; Trotsky se apartó de la revolución bolchevique por represalias del flanco estalinista que buscaba quedarse con el control total del partido y de la nación.

El autor reflexiona y escribe en Cuba una década después de la caída del muro y ya con las ilusiones convertidas en amargas cenizas: “Quise utilizar la historia del asesinato de Trosky para reflexionar sobre la perversión de la gran utopía del siglo XX, ese proceso en el que muchos invirtieron sus esperanzas y tantos hemos perdido sueños, años y hasta sangre y vida”. Jaime vivió todo esto encerrado en una ceguera de militante fanático comunista hasta el derrumbe de la inmensa cárcel física y mental: “Supe entonces que (…) éramos la generación de los crédulos, la de los que románticamente aceptamos y justificamos todo con la vista puesta en el futuro, la de los que cortaron caña convencidos de que debíamos cortarla ( y, por supuesto, sin cobrar por aquel trabajo infame); la de los que fueron a la guerra en los confines del mundo porque así lo reclamaba el internacionalismo proletario, y allá nos fuimos sin esperar otra recompensa que la gratitud de la Humanidad y de la Historia; la generación que sufrió y resistió los embates de la intransigencia sexual, religiosa, ideológica, cultural (…) habíamos vivido bajo el lema, tantas veces repetido en matutinos escolares, de que el futuro de la humanidad pertenecía por completo al socialismo (…). Nada habíamos sabido de las represiones y genocidios de los pueblos, etnias, partidos políticos enteros de las persecuciones mortales de inconformes y religiosos…”.

 

Pero hoy está a la vista ese pasado y el presente, y es obvio que el futuro no pertenece ni al comunismo soviético, ni al chino, ni al cubano, todos muertos o en etapa terminal, y mucho menos al falso “socialismo del siglo XXI”, que ni es socialismo, ni es del siglo XXI, sino un desbocado personalismo militarista, un desastre económico, social, político y moral ahogado en petrodólares. El futuro de Venezuela pertenece a la esperanza y a la dignidad humana de millones de venezolanos que no nos resignamos, y de verdad necesitamos y creemos en una sociedad de libertad, justicia y oportunidades para todos y con la pobreza superada. El futuro nos pertenece a los demócratas solidarios si asumimos nuestra responsabilidad creativa para lograrlo. Crear esa democracia solidaria, no simplemente entregarnos a la dinámica mundial de la economía capitalista con sus ventajas y lacras, es un reto inmenso que exige movilización total. Esto es lo que nos jugaremos en octubre y no una simple elección con un torneo de promesas.

 


 

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Un Comentario;

  1. miriam sanchez said:

    Totalmente de acuerdo en lo que escribe,y gracias a todo lo malo que hemos pasado ,podremos disfrutar de una Venezuela mas solidaria ,con esperanzas,que ya la habíamos perdido ,pero tenemos todos que hacer un esfuerzo porque a este país lo van a dejar en la bancarrota ,ya están vendiendo hasta las reservas de oro, pero también creo en la justicia divina y el tiempo esperado ya llegara el 7 de Octubre,cuando este pueblo salga victorioso a votar por Henrique Capriles

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