La autofrenda de Capriles

Roberto Giusti

Roberto Guisti

ROBERTO GIUSTI
rgiusti@eluniversal.com 

 

Si había un momento clave para modificar la estrategia del candidato, ese era el de su postulación oficial como aspirante presidencial.

Se trataba de su primer encuentro con las multitudes, el país estaba pendiente de la marcha por Caracas y protagonista indiscutible de la jornada, su discurso podía ser el inicio de un giro radical, ya en la parte final y decisiva de su campaña electoral.

No lo hizo. Brevísimo y conciso, reiteró su consecuencia con el discurso central de unión y amplitud.

Capriles Radonski desechó el atajo que emprenden los candidatos perdedores, cuando las cosas no les están saliendo bien y se ven obligados a reconsiderar la situación, asumir un nuevo enfoque y desarrollarlo contra el tiempo para enderezar las cargas (recordar el giro violento del actual presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, en los últimos meses de campaña) y voltear la tortilla.

¿Indica eso que el candidato está ganando? ¿O entendemos que si bien continúa en desventaja, la tendencia es a subir de manera tan consistente como para seguir operando con los mismos instrumentos? ¿O está perdiendo y su comando se empeña en lo que podría considerarse como un doble error: el de equivocar la estrategia uno y el de persistir en ella el otro? No lo sabemos. Pero sospechamos que los dos primeros escenarios son más factibles, y por sentido común descartamos el tercero.

A menos que se haya desechado cualquier traza de pragmatismo, y antes que priorizar la sintonía con lo que quiere la mayoría, se privilegie por cuestión de principios, el tema de la paz que, en otros términos, significa combate a la violencia.

El candidato de la Unidad, Henrique Capriles Radonski, es consecuente con su argumento inicial y planteó disyuntivas que desafían la dicotomía tradicional entre izquierda y derecha: la cosa es entre dos opciones de vida: Paz y progreso o estancamiento y violencia.

Y allí aparece el mensaje sugerido y no tan sugerido: “lograré la paz a toda costa. Pero el único capaz de hacerlo soy yo. También seré el Presidente de los rojos”. Todos “son mi vida”.

Capriles se entrega a “todos” en una auto-ofrenda y en un compromiso sin límites que trasciende lo político, para entrar en el terreno que separa lo místico de lo emocional. Aunque, al final, de lo que se trata es de votos.

 

 

 

 

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